Capítulo 14 (parte 1)

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Ella se detuvo. Estaba completamente sola y rodeada de árboles por donde mirase. Se sentó en el suelo contra un tronco. Dobló sus piernas y tiró de su cabello con ambas manos mientras trataba de tranquilizarse. Miró sus manos y nuevamente vio sangre. Quiso gritar de horror mientras seguía negándose a creerlo pero no lo hizo. Por más que intentaba olvidarlo no podía. Estaba sola y aún así las imágenes pasaban frente a sus ojos. La sangre, las miradas acusatorias, Jess gritándole que era una mentirosa y una traidora.

Lizz sintió la desesperación invadirla nuevamente. Ella miró a su alrededor y gimió al ver sangre en todas partes. Las hojas de los árboles estaban llenas de sangre y los troncos también como si se tratase de una escena de una película de terror donde un asesino había cumplido con su acto. Había sangre en todas partes. Y ella miró sus manos totalmente manchadas y su ropa, hasta sentía su rostro manchado con sangre. Quiso gritar de horror pero el grito se quedó en su garganta. Sus manos temblaban ligeramente. No, aquello no era posible, ella no era culpable.

Metió una mano dentro del bolsillo de su chaqueta y sacó un pequeño cuchillo que le había robado a Jess días atrás ya que ella no lo usaba. Arremangó su abrigo mientras las lágrimas ardían en sus ojos y luchaba por contenerlas. Miró la blanca piel de su brazo también manchada con sangre y no vaciló al momento de acercar el cuchillo.

Echó su cabeza hacia atrás y miró el oscuro cielo a través de las ramas mientras sentía un cálido líquido correr por su brazo.

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Damon se detuvo un momento para observar su alrededor. Silencio absoluto, eso estaba bien. Continuó caminando tranquilamente sin dejar de estar atento al más mínimo movimiento. Estaba alerta, esperando que la música apareciera en cualquier momento pero no fue así. Se encogió más dentro de su abrigo a pesar de no sentir frío realmente y siguió caminando.

Se detuvo al encontrar a Lizz sentada en el suelo y empapada. Ella lo miró de soslayo y se puso en pie pero se negó a mirarlo al rostro. Él la observó durante un momento. Estaba pálida, y temblando nuevamente, pero sus labios conservaban aún ese tierno color rosa por lo que no había nada por qué preocuparse realmente. Entonces la sangre en el suelo captó su atención y él se deshizo con furia de cualquier pensamiento que surcase su mente.

—¿Qué haces aquí? ¿Tienes idea de lo peligrosa que puede llegar a ser la noche? —Preguntó.

—No tengo a dónde ir —Dijo ella y entonces levantó la vista para mirarlo molesta—. Y no necesito que nadie ande preocupándose por mi estado o cuidando de mí. Puedo yo sola.

—Estás mojada, te enfermarás —Dijo él.

—¿Y qué? —Preguntó ella con furia—. Puedo arreglármelas sola, no necesito de tu ayuda.

—Estás herida —Dijo él y entonces ella se congeló.

Lizz lo miró temiendo que él la hubiera descubierto y se tensó cuando Damon tomó su mano. No, lo último que ella necesitaba ahora era aquello. Pero cualquier temor que hubiera tenido quedó de lado cuando él sopló sobre su mano y vio su puño totalmente raspado. Lizz ladeó ligeramente la cabeza y miró su herida con curiosidad, se había olvidado totalmente de su presencia.

—No es bueno que huyas de ese modo —Dijo él sin levantar la vista e hizo presión con sus dedos sobre la herida—. Es peligroso que andes sola durante la noche. No deberías haberlo hecho. ¿Con qué te hiciste esta herida?

—El hielo me raspó cuando intenté romperlo —Respondió—. Estaba muy duro.

—Lo que hiciste fue arriesgado, y estúpido —Dijo él y entonces soltó su mano—. Pero valiente, y muy noble.

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