Lizz se puso en pie apenas escuchó que Damon volvió y él le entregó una pila de ropa seca. La guió en silencio hasta el baño. Ella no se atrevió a mirarlo, se sentía avergonzada por haber llorado de ese modo frente a él. Hubiera deseado no hacerlo, poder mantener un poquito más aquella apariencia de que no le había afectado realmente. Lizz no levantó la vista del suelo hasta que él no se detuvo y le abrió la puerta del baño.
Una vez que ella estuvo sola dejó de contenerse. Miró el reflejo de su rostro en el espejo y supo con horror que este reflejaba a la perfección todo el dolor que sentía. Miró las marcas de las lágrimas, su cabello mojado y enmarañado, su deplorable estado. Quiso romper el espejo de un puñetazo pero se contuvo al saber que no podía hacerlo.
Lentamente ella se desvistió y se metió en la ducha. No era lo mismo que los largos y reconfortantes baños en el departamento de Jess llenos de aceites y sales pero era mejor que nada. Ella se sentó en el suelo y sintió el agua caliente correr por su cuerpo. Las lágrimas nuevamente hicieron acto de presencia y se confundieron con el agua que corría por su rostro. Lloró en silencio durante unos minutos, llegó a rasguñarse los tres cortes en el brazo hasta que vio la sangre correr junto con el agua y se detuvo al saber que Damon no quería que siguiera haciendo aquello.
Se secó luego de terminar de bañarse y se puso la ropa prestada. No dijo nada ni se quejó al ver que esta le quedaba un poco grande. Ni siquiera le importó realmente. Ya no le importaba nada ni nadie, bastante tenía luchando contra su destrozo interno. Limpió el vapor en el espejo del baño para examinar su rostro y ver que este aún seguía en un estado deplorable.
Intentó ocultar su dolor, no parecer tan dolida o frágil pero no pudo. Ella simplemente quería llorar, echarse y llorar hasta que no pudiera más. Se forzó a mantenerse fuerte, era una cazadora y no podía permitirse eso.
Secó su rostro con cuidado y luego su cabello. Se miró unos segundos más al espejo tratando de comprender qué le había sucedido en todo ese tiempo. Ella no era así, la que estaba en el espejo definitivamente no era Lizz. Quiso huir de esa ciudad, correr lejos y nunca más volver. Quiso sentir nuevamente el bosque, el viento en su rostro, la hierba bajo sus pies. Quiso estar nuevamente bajo el cálido sol nadando en el lago o pescando en un río. Quiso tantas cosas que ahora le resultaban totalmente distantes.
Arregló su cabello con sus dedos sin atreverse a utilizar nada que fuera de Damon. Por más que el cepillo estaba ahí frente a ella no lo tocó. Lo miró sorprendida y con curiosidad cuando el brillo de un dorado cabello llamó su atención. Ella se acercó y lo examinó con atención. Definitivamente era el cabello de una mujer.
Salió del baño y se sorprendió al ver que estaba en la habitación de él. Luchó contra su curiosidad y quiso volver a la sala de estar pero cuando se acercó a la puerta que conectaba a ella y escuchó a Damon hablando por teléfono no quiso interrumpir nada. Se apoyó contra la pared y quiso escuchar pero le resultaba imposible. Observó a su alrededor tratando de encontrar algo para conocerlo mejor pero tampoco tuvo resultado alguno.
Había una cama de dos plazas con un oscuro acolchado de plumas y un mueble con cajones frente a ella. Había una pequeña pila de libros en el suelo a un lado de la cama y unas femeninas medias tiradas cerca de ahí. La luz de la ciudad y de la noche se filtraba por una ventana a un lado de la habitación. Arriba del mueble había un lapicero que contenía bolígrafos, un anotador abierto en una página en blanco y varías hojas escritas desparramadas.
Ella se acercó para ver que cada hoja tenía escrito un día diferente pero que la hora no variaba mucho, siempre era por la mañana. Había preguntas. Cada hoja contenía una pregunta diferente y ella quiso leerlas, saber qué significaban. Pero en cuanto se acercó un paso escuchó que Damon había terminado de hablar por teléfono y ella se apresuró a internarse en el baño para que él no supiera que había estado husmeando en su cuarto.
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Cazadora
AdventureLizz y Liam Dunne son miembros de la Sociedad, personas dotadas con diferentes habilidades para ser capaces de mantener la paz entre el mundo humano y el paranormal. Con solo diecisiete años, los mellizos han burlado a la muerte más veces de lo que...
