Capítulo 3..

603 47 3
                                    

Al fin la luna hizo su aparición..

Creciente y magnánima se postró sobre el oscuro cielo, el día había sido desgastante para el rubio, principalmente en la parte emocional, aun que Sang Do lo tranquilizó bastante, el nerviosismo y tensión proseguían en su cuerpo, en menor proporción, pero allí se encontraban.

Con demasiada hambre Sang Do y él se dirigieron a los comedores, pues se acercaba la hora de cenar.

El lugar en sí, era como el resto de la cárcel; carente de calidez, muerto.

"¡Oh tonto Luhan!... estás en una prisión, ¿Qué más podías esperar?, Aquí muchas personas ya perdieron su fe y esperanza, y cuando un alma esta desprovista de ello son como zombies, muertos en vida."

Bastantes comedores esparcidos por toda la grande extensión, estaba a medio llenar y los reos estaban con su correspondiente raza, Luhan no supo si en aquella prisión predominaba el racismo o simplemente se sentían mas fuertes y protegidos estando con los 'suyos'.

Entraron sigilosamente y se sentaron apartados del resto, la mayoría no los vio, pero los que sí, fueron suficientes para hacérselo saber al resto de los prisioneros, el de ojos amatistas pensó que volvería a sufrir la humillación de la tarde, sin embargo nadie habló, tan sólo le miraron con poco o nada de respeto, algo que Luhan podía manejar, pues con ignorarlos era suficiente. También pensó que Sang Do debía infundir respeto y no pudo evitar preguntarse que habría hecho para ganárselo.

Tratando de romper el hielo peguntó: – ¿Y qué tal la comida? – Él tomó de su bandeja dirigiéndose hacia los platones.

– Al principio te parecerá incomestible pero con el tiempo tu paladar se acostumbrará.. – Respondió Sang Do sonriendo burlándose.

– Supongo que mi estómago también.. – Corroboró haciendo un gracioso puchero, y poniendo atención en su 'cena', no pudo evitar dibujar un gesto de incredulidad al verla.

A los demás les parecería normal y a algún demente que seguramente allí sobraban hasta deliciosa, pero a Luhan no. Al menos no de momento.

En uno de los sartenes había frijoles, éstos se encontraban en un estado poco apetitoso; secos y parecería que los cocinaban días atrás.

En otro se encontraban carnes frías de un color insalubre, y así Luhan seguía pasando de largo uno tras otro.

Al final, se decidió por fruta, verduras al vapor y un cartoncillo de jugo de naranja. Cuando se disponía a retirarse alguien se paró frente a él, impidiéndole el paso.

– ¿Qué pasa, a la princesita no le agrada nuestra comida casera? – Le habló un hombre de pelo a rapa, realmente enorme, tan enorme que Luhan sólo veía su pecho y tenía que levantar la cabeza para observarle a los ojos. No había ni un centímetro en su piel de cuello y brazos en el que no tuviera tatuajes.

– Déjale en paz, Thurman – Intervino Sang Do con voz rígida, el hombre le miró desconcertado.

– No te metas.. abuelo – Contestó haciendo énfasis en la última palabra, y volviendo a ver el par de ojos violeta, continuó. – ¿No te gusta la carne primor? – En claro albur, sonrió cínicamente y sin más se acercó peligrosamente y tomó de las nalgas redondeadas del rubio, horrorizando a éste, y terminó por estrujarlas. No hubo necesidad de apartarlo ya que, inmediatamente, Sang Do le jaló hacia atrás apartándole de él, la fuerza y el temblor desmedido de su cuerpo fueron suficientes para incapacitarlo de sus acciones, y la bandeja con toda su cena fue a dar al suelo.

Gefängnis.. KailuDonde viven las historias. Descúbrelo ahora