Kai había estado en lo cierto; ridículo sería que después de convivir más de diez años en un ambiente de drogas no supiera reconocer un estado físico inducido por ésta. Sin embargo, su mayor preocupación residía en que Luhan consumió una dosis alta y su estado podría tornarse grave.
Si bien, su mortificación había disminuido un poco a raíz que el cirujano dentista de la penitenciaría le agoró buena salud, aún así, no podía apartar sus ojos del desafortunado paciente, pesándole, hasta parpadear.
Minutos atrás, luego de la cobarde huída del médico, Kai se había hecho cargo de la situación. Mediante un tremulante reo mandó llamar a Yixing, el prisionero corrió en su búsqueda, llevando a cuestas una amenaza tan cruel, como pudiese ser cualquiera de muerte.
La lealtad y obediencia de Yixing, sólo comparada con la de un vasallo hacia su Señor, no se hizo esperar, y al recibir noticia, acudió de inmediato a la enfermería.
La imagen que sus rasgados ojos captaron al arribar, le fue, por un momento, imposible de creer. Se quedó bajo el marco de la puerta, contemplando el candor de la romántica escena con sus orbes todavía debatiéndose de la credulidad en semejante acto gallardo.
Kai, con esa pura, y para Yixing, nueva expresión de aflicción plasmada en su siempre rostro imperscrutable, cubría con frazadas el cuerpo de Luhan, acomodando con esmero las almohadas y enseguida, refrescando la sudorosa frente del jovencito con pequeñas compresas.
Pensando que sólo le faltaría por ver perros volando, Yixing se hizo notar y Kai, sin apenarse por haber sido descubierto, le enfrascó en una nueva misión: encontrar un profesional de la salud. Fue así, como largos minutos después, el chino regresó con el odontólogo de la prisión. Y fue así, como el dentista consiguió restablecerlo tras someterle con el adecuado tratamiento.
El moreno exigió saber, sin retóricas y letradas palabras médicas (que sólo entre ellos entendían) el estado de Luhan. El odontólogo se apocó con tremendo vozarrón y explicó concienzudamente cada detalle. Kai calló, prestando atención a cada palabra, hasta a cada suspiro, semejante a un pasante escuchando los sabios consejos de un médico con larga trayectoria.
Según le dio a conocer, Luhan estaba controlado, y al no tratarse de una droga altamente adictiva, estaba seguro, en unas horas sobre pondría sin graves repercusiones.
– ¡No entiendo porqué el médico Wu no se encuentra si ésta misma mañana lo observé aparcar su auto! – Dijo el dentista, quitando el termómetro de la boca de Luhan, viendo que la temperatura había bajado considerablemente.
Yixing, encontrándose sentado en una camilla, ciñó el entrecejo, aún ignorando el espectáculo que las paredes de la enfermería guardaban recelosas. Kai chistó, convirtiendo sus ojos en pozos infernales.
– El médico Wu.. – Repitió con sorna. – Huyó. Corrió como si le hubiese introducido una botella de tequila y la haya roto dentro – Endureció su rostro arcano. – Huyó porque iba a matarlo – Confesó causando extrañeza en Yixing y confusión en el doctor.
– ¡¿Cómo?! – Exclamó el último, entrecortado.
– Hizo bien, porque de lo contrario, si él se hubiera quedado... éste mismo suelo ya estaría bañado con su asquerosa sangre – Reafirmó. – Pero no volverá, si es listo, no lo hará, puesto que aquí, sólo la muerte le espera.
– ¡Espero que esté bromeando! – Dijo el mayor, alborotandose. Kai le ignoró, mitigando su rabia con sólo ver el sosegado rostro de Luhan. – ¿Me escuchó?, ¡no puede lanzar tales amenazas a la ligera! – Amonestó. – Esto pinta mal, muy mal, ¡llamaré a los guardias!
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Gefängnis.. Kailu
Hayran KurguLuhan es un jovencito de apenas 18 años, todo en su vida es relativamente perfecto: estudiante modelo, gentil, adorable y simpático, pero tras una serie de circunstancias desafortunadas, injustamente, cae en prisión por homicidio; la prisión más pel...