El inicio de un... ¿mal final?

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Las pronunciadas ojeras de la rubia eran noticia en todos lados, los rumores corrían rápidamente, existían muchas versiones del porqué de la condición de la británica. Sin embargo, la que más llamaba la atención ese día para las alumnas y maestras era el que cierta atleta indiscreta había soltado sin querer. Diana y Akko estaban saliendo, y hacían lo que cualquier par de enamorados harían a solas. 

Aquel rumor se extendió como papa caliente, llegó hasta los oídos de la mismísima directora. Sin embargo, quien se encargó de llamar personalmente a sus alumnas para aclarar aquella duda no fue nadie mas que la profesora amargada que nadie quería. La profesora Anne Finnelan.

Finnelan: No puedo creer que permitan que rumores como estos circulen por los pasillos. Deberían estar avergonzadas.

Akko y Diana simplemente mantuvieron sus miradas hacia el suelo, completamente calladas.

Finnelan: ¿Puedo saber qué hicieron para que las alumnas crearan un rumor como aquel?- preguntó con enfado, mirando acusativamente a las dos jóvenes. Ninguna le respondió.- Conocen las reglas, sobre todo usted, señorita Cavendish. Esta prohibido tener relaciones amorosas dentro o fuera del instituto, da una mala imagen para la academia que nuestras alumnas anden por ahí mostrando tal comportamiento. Usted debería entenderlo más que nadie, como heredera de su clan, una relación como la que insinúan sus compañeras es inaceptable. ¿Qué clase de imagen quiere dar?

Akko levantó su mirada con enojo al oír aquello, mirando a su profesora con el ceño fruncido.

Akko: ¡¿Cómo se le ocurre decir algo así?!- soltó con molestia, llamando la atención de la rubia que hasta ese momento se había mantenido quieta y en silencio- ¡Usted no tiene derecho a decirle que es lo que debe o no debe hacer!- bramó, encarando la mirada amenazante de su maestra con la misma expresión.

Diana abrió sus labios con sorpresa, dando un vistazo al rostro enfurecido de su profesora, sabiendo que estaba a punto de estallar del enojo.

Diana: Maestra... puedo explicarlo- trató de decir, esperando poder arreglar lo que Atsuko había causado en su arrebato.

Finnelan: Tuve suficiente de ambas. A partir de mañana, estarán en diferentes habitaciones. No quiero peros de nada. Se cambiará sin pretextos, señorita Cavendish.

Akko abrió sus ojos con sorpresa, levantándose de su asiento con molestia.

Akko: ¡Pero...!

Diana: Basta, Akko- ordenó, tomándola de la mano con preocupación- Es suficiente, deja de discutir con la profesora.

Akko: Pero Diana...

Finnelan suspiró con cansancio, observando de reojo el contacto que sus dos alumnas tenían en frente de ella sin ningún pudor. Preguntándose si hacía lo correcto cambiándolas de lugares.

Finnelan: Pueden retirarse señoritas.

Ambas mencionadas miraron a la profesora con detenimiento, asintiendo poco después sin la intención de recibir peor castigo que aquel que se les había impuesto ya. Las dos salieron de la oficina cabizbajas, y caminaron en silencio hacia sus dormitorios, pensando en la lejanía que tendrían desde mañana con nostalgia.

Akko: Esto es injusto.

Diana: No debiste defenderme.

Akko: ¡¿Oíste todo lo que estaba diciendo de ti?! ¡No podía dejar que te insultara de esa forma! ¡Ella no conoce tu situación!- reprochó, mirándola con seriedad.

Diana: Tampoco debías gritarle, Akko- reprendió, dirigiéndole una mirada de reproche- Sabes que no me interesa lo que digan de mí.

Akko: ¡Pero a mí sí! ¡No puedo dejar que hablen mal de ti! ¡Menos si no te conocen!

SOLO A MÍ   [EDITANDO] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora