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Croatoan

Las manos me tiemblan

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Las manos me tiemblan. Intento meter la maldita llave en la cerradura pero no puedo porque mis manos no se estabilizan; aún son el reflejo de mi reciente pelea y lo mucho que esta me ha afectado. Más de lo que alguna vez me lastimó una cacería.

Un intento más. Es lo único que permitiré antes de darme por vencida y esperar a que uno de los Winchester venga y me encuentre afuera en medio de la helada noche. ¡Genial! ¡Se me han caído las llaves por sexta vez!

Ya no puedo más.

— ¿Necesitas ayuda con eso?— Sam ha llegado a salvarme de mi vergonzoso intento de abrir la puerta de la habitación del motel. Solo atino a asentir así que Sam recoge las llaves y abre la puerta con tanta facilidad que escondo mi cara entre mis manos. Escucho una risa suave venir de Sam y quiero tener la habilidad de desaparecer por unos minutos de aquí—. Entra, hace frío.

— Solo había una habitación disponible así que la tomé para los tres— le digo sin bajar las manos, dejándome guiar por Sam y su mano en mi espalda. El aire frío ha desaparecido.

— Dean dice que dormirá en el Impala— bajo mis manos para ver a un triste Sam, con las manos en los bolsillos y una mueca que intenta hacer pasar por una sonrisa que hace el efecto contrario al que desea.

Asiento en tanto tomo el valor que necesito para enfrentar a Dean de una vez por todas, saliendo de la habitación.

— Amber...

— No me detengas Sam. Debo hacerlo.

El Impala está en el mismo lugar dónde Dean lo estacionó. El mayor de los Winchester está recostado en el asiento trasero, con las manos detrás de la cabeza en un intento por hacerlas parecer una almohada.

Abro la puerta del conductor haciendo que Dean se siente de golpe, buscando algo entre su chaqueta. Entro y cierro la puerta.

— No necesitas un arma conmigo— le digo acomodando mis piernas de modo que las dejo estiradas hasta el asiento del copiloto.

— ¿Qué haces?— pregunta con voz ronca, seria, con una chispa de curiosidad en sus ojos.

— Me quedaré a dormir aquí— le contesto como si nada haciendo que frunza el ceño.

— ¿No se supone que hay una habitación allá, esperándote?

— En realidad nos espera a los dos pero si tú no vas, entonces yo tampoco— me acomodo dispuesta a dormir recargada sobre la ventana. Veo de reojo como Dean vuelve a acomodarse como estaba aunque sus ojos los mantiene fijos en el techo del Impala—. Buenas noches.

— ¿Por qué no estás a punto de golpearme, o algo así?

Giro mi rostro hacia el suyo, frente a mí aunque del otro lado del Impala. Levanto mis hombros como si no supiera la respuesta.

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