Cap 18. Lo siento, pero no puedes compararte con esa simple humana.

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POV.  Lena White Jakobsson. 

- Despierta. – Abrí los ojos que aún pesaban, pestañee acostumbrándome a la luz. Miré a mí alrededor. La gente me miraba con un poco de pena y diversión.

Eran lobos, lo sabía porque tenían ese olor característico que no desaparecía desde que entrabas al pueblo, la diferencia era que aquí olía a perro sucio.

Al parecer era una manada, un poco menos moderna, anticuada era la palabra. Frente a mí en un madero comiendo estaba un chico con esos ojos grises característicos, supe que ayudaba al enemigo. Me palpé y estaba amarrada a una silla. Que cobarde.

- ¿Quién es el Alfa? – Pregunte, un chico parecido al que estaba sentado en el madero fue señalado, los mismos ojos solo que este estaba vestido y sus rasgos eran más marcados y duros.

- Yo. – Dijo como si nada.

- ¿Estoy aquí, porque? – Pregunte queriendo saber la respuesta. Negaron.

- No lo sé, dímelo tú. – Dijo obvio. Rodó ¿Se hacía el estúpido o lo era?

- ¿Capturas a gente y ni siquiera sabes porque? - Reí sin gracia. – Esto es una pérdida de tiempo.- Observe a nuestro alrededor y nevaba poco, pero eso quería decir que no estábamos lejos. Luego observe entre los matorrales a quien se escondía, esa perra.

- Te pidieron un favor, ¿Cierto? – Pregunte, este asintió. - ¿Vas a matarme? – De lo único que me arrepentía era de no haberme embarazado antes, me encantan los niños. Y me hubiera gustado verme al espejo, que tal me veía embarazada, ¿Era cierto que se volvían hermosas las embarazadas?

- No mató gente inocente. – Era casi una Ley en la mayoría de las manadas no mataban humanos inocentes. Escuche a Danna bufar. – Oye esas son mis reglas. – Dijo obvio mirándola mal. – Haz tu trabajo y consigue que ese Alfa te marqué, y luego me dejas en paz, ya he arriesgado demasiado mi honor. – Ella asintió y salió corriendo en su forma lobuna, suspire frustrada.

- Al menos desátame. – Pedí tranquila. Todos me miraron divertidos y negaron, observe a los chicos que había golpeado, dos tenían los ojos morados, y otros solamente estaban sucios. Eran betas en su mayoría.

- No gracias. Te mantendrás así hasta que Danna sea marcada por tu Alfa, y entonces no te recibirá y podrás regresar a tu mundo humano. – Suspire ojala fuera tan fácil, pero el Lobo de Dominic, Braun solo me quería a mí y eso de alguna manera me encantaba.

- Bueno entonces desátame. Porque eso va a tardar siglos. – Lo miré. – Dile a tu Luna y ella sabrá que no miento. – Este suspiró y una chica de cabello corto se me acercó y observo mis ojos, algo que había aprendido en estos últimos 2 meses de invierno y lluvia en ocasiones, es que las Lunas saben cuándo alguien miente.

- Suéltala. – Le pidió. – Ella no le hará daño a nadie a menos que le hagan daño. – Dijo obvia. Me desataron.

- ¿En dónde estamos? – Pregunte sobando mis muñecas que tenían marcas rosadas.

- Al norte. –

- ¿En la misma región, cierto? – Pregunte sabiendo la respuesta estos asintieron. - ¿En dónde me quedaré? – Pregunte cruzándome de brazos tiritando un poco amenazaba con empezar a llovizanr, el Alfa rodó los ojos. - ¿Qué?  – La mayoría me vieron con molestia. - Hace frío. -

- El clima está loco. - Menciono uno de los Betas.

- No solo el clima. - Dije sin pensar. A lo que me vieron mal.

- Creo que tu Alfa no ha sabido disciplinarte. – Y entonces lo noté.

Las mujeres al parecer tenían un papel secundario estaban sirviendo a los hombres, supongo que solo servían para procrear, es una suerte que mi marido no sea un neandertal, y que las mujeres en nuestra manada se vean como iguales, lo notaba porque las lobas eran más letales que los lobos, pensaban mejor y actuaban más lento pero eran precisas en sus órdenes.

Dulce Luna Mía ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora