Cap 24. Siempre vas a ser mi pequeña.

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POV. Lena White Jakobsson.

- Vamos Lena. Tú puedes. – Digo dándome ánimos y levantándome a duras penas de la bañera luego de que la piel se me arrugara como pasa.

Tomo la bata de algodón colgada en un gancho y me la pongo sin dejar de recostarme en la pared. De verdad era que mis piernas estaban dormidas, no las sentía del todo. Como si fuera una pequeño Bambi recién nacido, o para ser más específico un venado recién nacido en el bosque, me acerque a la silla cerca de mi tocador.

Ni siquiera quería voltear a ver la cama. Dominic había roto un poco la sabana y el cobertor. También las almohadas. Eso además de que por toda la casa, cuando Dominic se calmaba y yo intentaba hacer de comer para ambos, y lograba ponerme algo de ropa, como un camisón, terminaba roto en el piso por la brusquedad de mi querido esposo.

Sonreí con un poco de cansancio. Cerrando los ojos, odiaba el desorden y no soportaba ni ver el  desastre que habíamos causado en estos tres días y yo no me sentía aun del todo bien. Quizá después de todo si necesitaría un poco de su sangre para recuperarme del todo.

- Quieres un poco, ¿Cierto? – Pregunto Dominic entrando y poniendo el desayuno en la mesa de mi tocador, vio nuestro dormitorio y suspiro viéndome apenado.

Rozó sus dedos con mis labios, aún hinchados por sus bruscos besos, parecía querer devorarme a mordidas. Se acercó y mordiendo su lengua logró compartirme un poco de su líquido vital, pero algo me decía que no sería suficiente. Acerco una pequeña taza vacía en la charola y sin mucho esfuerzo corto su muñeca con una de sus uñas, haciendo caer el líquido dentro de esta, me la ofreció.

Tome los sorbos suficientes y no pude evitar fruncir el ceño ante el fuerte sabor de su sangre. Termine esta sin desperdiciar ni una sola gota. ¿Era deliciosa? Claro que no, era asqueroso. Pero lo necesitaba tanto como para no sentirme como me sentía. Puse mala cara cuando termine y este río.

- ¿Tan mal sabe? –

- ¿Para ti No? – Pregunte obvia.

- Para mí la sangre no sabe mal. – Rió.

- Ah Cierto. Tu tatarabuelo. – Reí un poco sintiendo como mis ojos se abrían con mayor claridad, y de pronto mi cuello no dolía tanto.

- ¿Ya sientes las piernas? – Pregunto un poco apenado.

- No lo sé. – Pasó una mano alrededor de mi cintura y me ayudo a levantarme con cuidado. Poco a poco, podía sentir mis dedos entumecidos al igual que los músculos de las piernas. – Ya siento los dedos de los pies. – Digo riendo, él ríe conmigo.

- Intenta levantar la izquierda. – Lo intente y ya podía movilizarlo a la perfección casi. Reí porque me sentía como una niña pequeña. Pero eso no había sido hace unas horas.

- Me siento como una niña pequeña. –

- Siempre vas a ser mi pequeña. – Besa mi frente.

- No me trataste así hace unas horas. – Digo riendo un poco.

- Desayunemos mejor para que no te traté así mientras te sonrojas. – Tomó mi quijada para besarme, solté una carcajada con nerviosismo.

- Bien desayunemos. – Asentí, pero luego voltee a ver el desorden. – Pero mejor en el salón, odio el desorden. – Admito ayudándolo a llevar un poco de lo del desayuno.

- Si hay que ponernos a ordenar. Por suerte todos vendrán hasta mañana. – Río otra vez.

(...)

Cuando desperté Dominic no estaba, eso es porque yo aún estaba recuperando fuerzas. Observe el reloj, eran las 8:45 am. Escuche ronroneos y maullidos. Sonreí instintivamente y observe al filo de la cama. Mr. Milk y Lulu estaban maullándome, y restregándose casi contra mi rostro. Reí y los acaricié un momento. Suspiré cuando voltee a ver la pila de sabanas rotas que no tenían mucho arreglo. Suspiré tendría que hacerlos trapos para limpiar la cocina o algo parecido. Y luego observe que al menos el cobertor podría enmendarlo.

Dulce Luna Mía ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora