No sigas la corriente

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Quiero comenzar este escrito haciéndote una pregunta.

¿Eres luz en este mundo lleno de tinieblas?

Y no me refiero a solo creerlo o responder con un "Sí". Me refiero a que si verdaderamente has impactado vidas por el poder que Dios te ha dado a través de Su Espíritu Santo.

Quiero contarles un testimonio.

Una noche salí en familia a comer unos helados (Sí, algo simple). Horas antes había estado meditando en cómo podía ser ejemplo para aquellos que aún no conocen al Señor. Estaba pidiéndole a Dios dirección y que pudiera hablarme a través de Su palabra. Cuando llegamos al lugar en donde vendían los helados habían muchos niños jugando en un parque que quedaba justo en ese lugar. También habían muchas personas hablando por teléfono, compartiendo en familia, habían otros que estaban solos y había una cola inmensa de gente que también querían comprar un heladito. 

En ese lugar empecé a frustrarme un poco porque creía que esa cola no tenía fin y en medio de esa desesperación me molesté y le dije a mi hermano que hiciera la cola por mí. Sentada en la mesa, inesperadamenteel Espíritu Santo trajo a mi corazón un versículo: "Eres la luz de mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder". (Mateo 5:4)

Mi corazón se quebrantó porque pude ver realmente como todas las personas estaban en ese lugar preocupadas, angustiadas y enojadas y no lo había notado por mi propio enojo. Con esa actitud pude reflejar que no estaba siendo esa Luz del mundo. Que no estaba imitando el carácter de Jesús para que ellos pudieran glorificar a Dios, y en ese momento mi actitud cambió.

Es tan importante que con tan solo una sonrisa, un abrazo, un consuelo, un favor podamos demostrarles a los demás ese amor que sobrepasa todo entendimiento humano. 

Es tan importante que exhibamos todas esas virtudes de Papá y seamos la diferencia en medio de un mundo que solo sigue la corriente.

Es tan importante hablar del Señor primeramente con nuestros hechos, porque como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta (Santiago 2:26).

¡Adiós preciosuras!

Mi tiempo contigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora