Homosexualidad

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26 pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; 28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

Gálatas 3:26, 28

Sabemos que nuestra generación está siendo bombardeada con mensajes sobre la homosexualidad, específicamente acerca de la atracción hacia el mismo sexo. Debemos meditar cuidadosamente y dirigirnos a la verdad de Dios sobre esas cuestiones.

Muchas de nosotras tenemos una conexión personal con esta lucha. Sin embargo, debemos tener un corazón transformado para elegir la verdad y escoger vivir en libertad.

Quizá estés sintiendo una atracción, pero por el sexo equivocado. Tus pensamientos comienzan a dar vueltas y piensas que eso no es lo que se supone que debe suceder.

¿Quién eres realmente?

¿Lo que la sociedad dice, o lo que Dios dice ti?

Si estás atravesando por esa misma situación, por favor toma ahora un momento para respirar. No estás sola. No eres algún tipo de cristiana rara. No eres alguna pecadora especial. Eres una pecadora muy normal que experimenta esta forma específica de tentación.

Debes saber que no estás sola y que esta tentación tampoco es tu identidad.

Sé que tú no estás escogiendo esa atracción. Pudieras no estar escogiendo sentir esos anhelos, pero puedes escoger lo que haces con ellos.

Muchas veces cometemos el error de pensar que la atracción hacia el mismo sexo es el peor pecado. Pero la realidad es que todos los pecados son igual de perjudiciales debido a que, si no nos arrepentimos de ellos, dan como resultado la pérdida de nuestra alma y muerte eterna en el infierno.

Pero si experimentas esta atracción, como cualquier otro tipo de tentación puedes entregárselo a Dios para que te ayude.

Esto pudiera sonar aterrador. Pudieras estar pensando que no hay nadie seguro con quien hablar, que Dios te va a rechazar o que ya les contaste a tus amigas y te dijeron que esa eres tú.

Sea que te hayas sentido rechazada o que te hayan dicho que esa eres tú, hay mucha esperanza para ti.

¿Por qué? Porque si confiesas que Jesús es tu Salvador, sin importar cuales sean tus luchas, tu principal identidad está en Cristo.

El apóstol Pablo luchaba con tentaciones justo como nosotras. Él tenía un aguijón en la carne no nombrado, que hasta donde sabemos, Dios nunca se lo quitó. Pero Pablo no se odiaba a sí mismo por ser débil ni tampoco se identificaba por su aguijón. Más bien, el ofreció su quebrantamiento a Dios y recibió plenitud y fuerza, haciendo esta valiente declaración: Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí (2 Cor. 12:9).

¿No podemos hacer nosotras también lo mismo con nuestras luchas sexuales? Podemos orar, "Dios, te entrego esto. ¿Me puedes Tú ayudar?". Te estoy animando a decir, "Dios, estoy luchando con esta tentación. ¿Podrías por favor mostrarme qué es lo que verdaderamente anhelo? ¿Puedes tú tomar toda mi debilidad y reemplazarla por tu amistad y fuerza?".

Intencionalmente agrego esa palabra amistad en este ejemplo de oración a Dios. ¿Por qué? A través de tu debilidad, puedes encontrar una intimidad con Dios que jamás creías posible.

¡Ánimo hija de Dios!

Esa tentación no es tu identidad.

Mi tiempo contigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora