A veces las bendiciones de Dios llegan a nuestra vida en forma de amigos.
Cuán hermoso es tener un amigo al que podamos contarle nuestras historias, podamos pedirle esa mano amiga en tiempos de dificultad o al que simplemente podamos llamar para pasar un rato agradable. ¡Eso no está mal!
De hecho, Dios creó las relaciones. Y cuando estas están totalmente cimentadas en Él, las respalda y las bendice.
Es completamente correcto tener amigos, pero ¿qué pasa si ponemos en primer lugar a esos amigos?
¿Qué pasa si alguna amistad se vuelve un ídolo en nuestro corazón?
¿Qué pasa si depositamos toda nuestra confianza, nuestra fuerza y dependencia en esa persona?
En ese caso, la amistad está mal.
Cuando Dios es el centro de tu vida, las cosas marchan bien, porque no hay nada ni nadie que pueda satisfacer nuestro corazón. Solamente Dios.
Pero cuando confiamos totalmente en una persona y esa persona nos falla, siempre vamos a tener la mala idea de que el error está en esa persona y no en mí. De que debo acabar esa amistad y no hablarle más.
¡Y eso no está bien!
Recuerda que todos somos pecadores y fallamos constantemente. Salmos 118:8 nos dice que es mucho mejor confiar en Dios que confiar en el hombre. ¿Por qué? porque confiar en el hombre solo produce desilusiones.
Entonces, ¿cuál es la manera correcta de tener una amistad?
Principalmente, la respuesta sería siendo un buen amigo.
Cuando nuestra satisfacción y nuestro propósito se encuentra en Cristo, no hay nada que pueda afectar nuestro corazón.
Si Cristo nos amó aún cuando éramos pecadores y perdonó todas nuestras fallas, ¿por qué nosotros no deberíamos hacer lo mismo? (Efesios 4:32)
Perdonemos a nuestros amigos como Cristo hizo con nosotros. Ellos no pueden llenar nuestro vacío, solo Dios lo hace, por esa razón debemos amarlos como Él nos ama.
Proverbios 17:17 nos cuenta que no importa las circunstancias en donde nos encontremos, debemos amarlos a cada uno de ellos.
Dejemos nuestros deseos egoístas a un lado.
Recuerda que Jesús, el único amigo perfecto, dejó todo lo mejor que tenía en los cielos para venir a esta tierra y salvarte de la muerte.
¡Eso hacen los verdaderos amigos!
Que tus amistades estén fundadas en el amor de Cristo.
¡Adiós preciosuras!
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Mi tiempo contigo
SpiritualMe mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre. |Salmos 16:11| Como humanos, cometemos el error de buscar joyas preciosas en falsos tesoros. Satisfacción en lugares vacíos y plenitud en tie...
