Cuán lindo es compartir con esa persona llamado amigo que tiene tus mismos gustos. Es realmente satisfactorio poder decirle a esa persona "Acompáñame" o "Vamos a hacer algo divertido". "Comamos un helado", "Vamos a nuestro restaurante favorito". Entre muchísimas cosas más.
Realmente es superbién tener con quien compartir tus mejores momentos.
Sin embargo, hay algo mucho mejor detrás de una verdadera amistad: compartir de Dios juntos.
Hace tres años tuve dos amigos increíbles que me ayudaron a crecer en la fe. Me motivaron mucho a seguir sirviendo y no a no desmayar en sus caminos. Me motivaban a volver al primer amor. Adorábamos al Señor juntos con nuestras guitarras. Me confrontaban y corregían en amor cuando hacía algo mal. Salíamos a divertirnos y cantábamos en las calles sin miedo. Íbamos a nuestros lugares preferidos. Estudiábamos de la Biblia y orábamos los unos por los otros. Tristemente hace un año la distancia nos separó a los tres debido a que el Señor llevó a una de ellos fuera del país. Pero quería mencionar esto para honrar su amistad a pesar de lo lejos que estamos ahora.
Y ese es el verdadero propósito de una amistad. Llenarse de Dios juntos.
El evangelio de Cristo no podemos vivirlo solos. El evangelio de Cristo lo debemos vivir en compañía. Juntos, como un solo cuerpo.
Debemos ser sabios al escoger con quien vamos a compartir ese pedacito de nuestras vidas, pues, cuando tenemos un amigo, le damos toda nuestra confianza. Debemos entender que las malas compañías nos desvían del camino del Señor. Por esa razón, pidámosle al Señor sabiduría para tomar decisiones correctas y no dejarnos llevar por lo que el mundo dice que es la amistad y lastimosamente tener una amistad falsa y destructiva.
Proverbios 27:6 (NTV) nos dice que las heridas de un amigo sincero son mejores que muchos besos de un enemigo.
El ser corregido en amor por un amigo que ama a Dios y le obedece es mil veces mejor que una persona que solamente quiere engañarnos con un consejo disfrazado de "bondad".
Debemos entender que es una bendición tener hermanos que se preocupan por nosotros y quieren lo mejor para nuestras vidas. Que no quieren que quedemos estancados para siempre sino que se atreven a meterse en el barro con nosotros y sacarnos de allí.
La verdadera amistad es aquella que confronta nuestro pecado y nos hacer ver lo mal que estamos pero en amor.
Gálatas 6:1 (NTV) nos dice que si otro creyente está dominado por algún pecado, nosotros, que somos espirituales, deberíamos ayudarlo a volver al camino recto con ternura y humildad. Y tener mucho cuidado de no caer en la misma tentación.
Hebreos 3:13 (NTV) nos enseña que debemos advertirnos unos a otros todos los días mientras dure ese «hoy», para que ninguno seamos engañados por el pecado y nos endurezcamos contra Dios.
Una verdadera amistad nos anima obedecer a Dios antes que nuestros propios deseos o a nuestra propia prudencia y visión. Nos enseñan a aferrarnos más a la palabra de Dios que a las costumbres de este mundo. Nos consuela el saber que realmente no podemos solos sino que debemos tener a alguien a nuestro lado para que nos ayude a levantar nuestros brazos cuando nos quedamos sin fuerzas.
Una verdadera amistad no te juzga. Te hace ver lo mal que es el pecado hablándote de frente, sin embargo te ayuda, te enseña y te brinda la gracia y el amor de Jesús para entender que el Señor perdona cada uno de nuestros pecados y nos limpia de toda maldad. Una real amistad no te esconde las consecuencias de tu pecado pero demuestra el profundo e inagotable amor del Señor sobre ti.
Debemos entender que todo lo que hagamos en este mundo debe ser para su Gloria, por lo tanto debemos andar como sabios en todo lo que hagamos y con quienes compartimos nuestro tiempo.
Tampoco se trata de sobrepensar las cosas y creer que un verdadero amigo tiene que reemplazar el lugar de Dios. No debemos tener muletas espirituales en nuestras vidas ni tampoco ídolos en nuestro corazón. No nos desesperemos sino tenemos a alguien a nuestro lado.
Debemos entender que Cristo y solo Cristo es suficiente y él es el único que puede saciar nuestros corazones de tal manera que podamos estar completos para tener una verdadera amistad en el Señor donde no exista el orgullo ni los deseos egoístas. Ni tampoco los celos.
Si necesitas que alguien ore por ti, alguna ayuda, consejo o simplemente hablar con un amigo puedes escribirme a la mensajería
Como hermanos debemos estar el uno para el otro y perseguir ese propósito que nos demuestra cual es una amistad verdadera.
¡Adiós preciosuras!
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Mi tiempo contigo
SpiritualMe mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre. |Salmos 16:11| Como humanos, cometemos el error de buscar joyas preciosas en falsos tesoros. Satisfacción en lugares vacíos y plenitud en tie...
