¿Crees esas verdades?

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Cuando se va el sol y llega la tormenta tendemos a desesperarnos.

Estábamos acostumbrados a cantar y ya no cantamos. 

Sonreíamos sin parar y ahora ya no queda motivo alguno para hacerlo.

Compartíamos con las personas que más queríamos y ahora solo existe la palabra soledad.

Es difícil pasar por esas situaciones y sentir que cada gota de lluvia inunda cada vez más nuestro corazón.

No todo es perfecto. Tendremos muchas aflicciones en este mundo, sin embargo, hay una voz maravillosa que nos dice: Confía en mí, porque yo he vencido al mundo (Juan 16:33).

Muchas veces encontramos en la biblia que Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza. Nuestro pronto auxilio. Nuestro castillo y nuestra torre fuerte. Él renueva nuestras fuerzas. Da esfuerzo al cansado y el débil y desconsolado puede encontrar paz y reposo en Él. Su Poder se perfecciona en nuestras debilidades.

Pero, ¿Crees esas verdades?

No hay nada malo en llorar, rendir nuestro corazón al Señor y suplicarle que nos ayude en esa difícil situación. De hecho, debemos hacerlo. Él permite esa prueba y nos da conjuntamente con ella la salida. No nos envía algo que no podamos soportar. 

Pero no debemos dejar que el dolor nuble nuestra visión y el propósito por el cual Dios permite dichas pruebas.

El único consejo que puedo darte es que lo Alabes.

¡Sí!

No estoy siendo cruel. Estoy diciendo que cuando las cosas se escapen de tus manos y no puedes tener el control de todo, toma tu guitarra o coloca una alabanza y canta.

Hazlo. Solamente Él sabe la razón por la cual permite ciertas cosas en nuestras vidas.

Cuando olvido quién soy, me gusta recordar un maravilloso Salmo que dice:

Porque tu me formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre.

Te alabaré porque formidables, maravillosas son tus obras. Estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.

Cuando me desespero o me preocupo por el futuro recuerdo que:

Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.

Así que...

Cantemos aún en medio de la tormenta de nuestra vida.

Sonriamos con un corazón verdaderamente alegre en Él.

Refugiémonos en los brazos de las personas que amamos y que Dios no regaló.

Saldrás victorioso de esta prueba. Porque luego de tantas nubes cubriendo el paisaje, sale un hermoso arcoíris.

Y algo mejor: Somos más que vencedores por medio de Aquél que nos amó (Romanos 8:37).

¡Adiós preciosuras!




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