POISON

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Los días parecían irse lentos desde que Piers había partido y en mi soledad, solo Mugie me acompañaba en espera de que su otro dueño atravesara el mismo umbral de la puerta que lo había visto partir.

Esos días pasaron tan lento que podía parpadear y nada habría cambiado delante de mi; sin embargo, las malas noticias si viajan rápido y eso porque a las cuatro de la madrugada, Sara, la madre de Piers, desesperada, marcó el teléfono hasta que desperté y conteste. Pero, no supe que fue peor, si no poder despertar otra vez o haber contestado esa llamada.

Piers estaba herido e internado en un hospital dentro de las instalaciones de la BSAA.

El temor de volver a ese lugar me cimbro por toda la espina vertical cuando acepté ir en lugar de Sara por su reciente condición y aun así, tenía que ir, el hombre que ahora amaba estaba lejos de mi. Así que tomé el primer vuelo luego de dejarle a Mugie en casa de Sara.

Con la impaciencia creciendo tortuosa, mi imaginación se dio vuelo pensando en todas las posibles cosas terribles que le pudieron haber pasado. La segunda vez que lo vi en casa de Sara, traía el brazo vendado y anduvo con muletas durante dos meses.  ¿Qué podía haber pasado ahora para que llamara de esa manera tan precipitada?

En la ciudad desconocida, lo primero que hice fue ir a la dirección que Sara me había dado para llegar ala base de la BSAA. Pero, al llegar no fui la única que se llevo una sorpresa.

Moviéndome con cuidado entre el tumulto de gente, familias ansiaban por poder ver a sus seres queridos.

Un poco ajetreada, logré tomar asiento en la sala de espera, para dejar que poco a poco toda esa gente angustiada dejara de atosigar a la pobre recepcionista. Me recargue de la maleta, respirando hondo. 

— ¿Eleanor? ¿Eres tu? —una voz me llamó y levante el rostro encontrándome con él.

— ¿Finn? —pregunte al reconocerlo de las fotos que Piers me había mostrado junto a su compañero.

—Apenas te alcancé a reconocer, Piers dijo que podría reconocerte en un mar de gente... —echó una mirada hacia la recepción y sonrió de vuelta—., y no se equivocó, apenas te vi entrar y supe que eras su Eleanor.

—Supongo que les hablará mucho de mi, si fue tan fácil reconocerme. —le levanté de mi asiento y lo saludé estrechando su mano.

—El verdadero problema es callarlo cuando habla de ti, pero bueno, será mejor que te lleve a su habitación. 

Tomó mi maleta y me guio por un pasillo alejándonos de la multitud.

—Gracias, de verdad. 

—Por Piers, esto no es nada. —sonó sincero cuando se expresó de mi enamorado y supe que no me había equivocado con él.

Me guio hasta el elevador para encontrar lo último que me faltaba en estos momentos.

Un gran letrero de fuera de servicio.

—Hace unos momentos servía. —dijo para sí mismo, pero alcancé a escucharlo— Vamos por las escaleras. —asentí y lo seguí hasta el final del pasillo.

No me importo cuantos escalones subí, sólo quería verlo y saber si ya estaba bien, si ya no corría ningún peligro...

Cuando al fin llegamos, me llevo hasta la habitación de Piers y para mi mala suerte, me tope con esa desagradable coincidencia.

Como su dolor había incrementado, le habían puesto un sedante y no podría recibir visitas hasta mañana.

—Lo lamento, fue mi culpa. —hablo Finn, pero yo negué con la cabeza.

—No ha sido culpa de nadie, está bien, en serio. —confesé, él no podía hacer que mágicamente funcionarán los ascensores de nuevo—. Además así tendré tiempo de ir a hospedarme.

—Entonces supongo que está bien. —alzo los hombros sin nada más que hacer—. Creo que puedo conseguirte un lugar donde pasar tu estadía aquí. —lo mire curiosa y espere a que terminara—. La hermana del capitán tiene un departamento y ella no está en la ciudad, creo que podría prestártelo.

—No quisiera importunar a nadie, pero realmente me agrada la idea. —dije soltando el aire de mis pulmones—.  Me he venido sin siquiera hacer alguna reservación.

—Entonces déjame ir a preguntar. —dicho esto me hizo sentarme en las sillas frente a la habitación de Piers.

Estaba tan cerca... tan solo cruzando la puerta. Pero, no tendría caso porque no podría hablar con él; en cambio ya mañana, estaría consciente y esperaba que ya un poco mejor. La voz de Finn se escuchó entusiasta al final del pasillo donde había dado la vuelta, platicaba con alguien más. Tal vez algún doctor le había dado autorización para poder ver a Piers o que despertaría dentro de poco, baje la mirada y suspire viendo hacia la madera la puerta.

—Es ella, la novia de Piers. —dijo Finn y voltee a verlo—. Es Ele...

Pero, no estaba solo.

—Eleanor... —salió de su boca en su susurro.

—Chris. —un hilo de voz escapó de mis labios.

—¿Se conocen? Que más perfecto, entonces ¿No habrá problemas con que la dejes quedarse en el cuarto de Claire?

—Yo creo que no.  —dije tomando la agarradera de la maleta—. Muchas gracias por todo Finn, pero tengo que irme.

Avance hasta dar la vuelta en el pasillo cuando su mano sujeto mi brazo deteniéndome. No quería mirarlo, cerré los ojos y percibí como su aroma a cítrico y roble entraba en mis pulmones.

—Eleanor, por favor. —pidió y abrí los ojos encontrándolo frente a mí—. Necesito hablar contigo.

—Yo no. —dije sintiendo como regresaba, como el dolor volvía—. Déjame ir.

— ¿A dónde irás? —alzo sus cejas poniéndome al descubierto—. Finn me acaba de decir que no tienes donde quedarte... Eleanor, por favor

The reflection into mirrorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora