Heechul ya no sabe qué inventar para que vuelva a sonreír. Es tanto el tiempo que estoy en remojo en la bañera, que pronto me saldrán aletas.
De niño era capaz de quedarme horas dentro, con el champú en la cabeza, fantaseando sobre infinidad de cosas. A menudo imaginaba ser un tritón que salvaba a Hyukjae de un tremendo naufragio. La fantasía nunca me ha faltado. Sin embargo ahora mi mente está completamente vacía y todas las palabras, las de Heechul incluidas, las más divertidas, crean un molesto eco. Sólo quiero que me dejen en paz.
Hyukjae se ha atrevido a enviarme otra solicitud de amistad en Facebook. Y como la he ignorado, me ha escrito un mensaje: «Llegados a este punto, sólo me queda desearte toda la felicidad del mundo, ¿no?».
Malvado. Malvado, malvado, malvado. Ni sé cómo interpretar su locura. ¡Y decir que parecía tan dulce y equilibrado! No es más que un loco que deja embarazada a una mujer para después ir de lánguido con el siguiente. De la peor especie.
Hace casi una semana que finjo estar enfermo. Y he pasado tanto tiempo metido en la bañera con agua tibia que al final he cogido un resfriado. Al menos ahora por teléfono mi voz sí parece de enfermo.
Sé que no podré seguir así mucho tiempo: la tienda me espera. Volver a organizar la librería y prepararnos para la inauguración no es algo que se haga todos los días. Tengo miedo de haber subestimado esta aventura, ¿y si nuestros encuentros de lectura resultan un desastre total? Me siento preso del pesimismo cósmico heredado de la abuela. Y como si no bastara, esta noche Heechul ha sido invitado a una fiesta de disfraces que tiene como tema la famosa serie televisiva Sex and the City Party, y ya me ha advertido que no aceptará un no por respuesta. Y luego dice que soy yo el que se queda atrasado: todavía con Sexo en Nueva York, ¡ya está bien!
Tiene planeado vestirse como el personaje de Samantha y se ha comprado una peluca rubia. Está muy claro que le gusta sacar el putón que vive dentro de él, porque también en carnaval aprovecha para disfrazarse de zorra.
—Yo no voy —intento decirle—, a no ser que vayan también Donghwa y Sungmin.
—Oye, tu hermano ya se encuentra dominado por el pánico, porque falta poco más de un mes para la selectividad, y Sungmin esta noche va a la fiesta de cumpleaños de ese Kyuhyun con el que folla como un poseso. ¿Qué le voy a hacer? Tienes que venir con mis amigos y no tocar las pelotas. ¡Verás qué bien te lo pasas! Es una de esas situaciones kitsch y un tanto deprimentes en las que sacamos a lucir lo peor de nosotros mismos.
—¡Si no sé ni cómo vestirme!
—Mi amor, ¡pero si tú eres Charlotte! ¡Ponte uno de esos conjuntos de primera comunión y ya estás lista!
No sé si tomármelo como un cumplido o aprovechar la ocasión para mostrarme ofendido y decirle que no tengo intención de acompañarlo. Por desgracia tengo la curiosa sensación de que, diga lo que diga, no serviría de nada, porque de la fiesta de Sexo en Nueva York de esta noche no me libra nadie.
Me rizo el pelo y me visto con lo más raro que encuentro en el armario, con combinaciones inusuales y atrevidas, porque yo no soy Charlotte, jamás en mi vida me he sentido Charlotte; soy más bien Carrie.
—¡Pero Charlotte jamás se vestiría así! —me reprocha Heechul tan pronto como me ve salir de la habitación.
—De hecho soy Carrie —le hago notar molesto, y él por suerte evita hacer cualquier comentario; se limita a levantar las cejas, como diciendo: «Haz lo que quieras».
En el coche somos cuatro Samanthas y una Carrie. Es decir, cuatro locos y un pobre chico que claramente habría preferido quedarse en remojo en su bañera.
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Lovebook
RomansaDonghae tiene ocho años cuando a la salida del colegio se encuentra con Hyukjae. Él sólo es un niño mientras que Hyukjae es un adolescente. La diferencia de edad entre ellos es una barrera que no se puede romper. Pero quince años más tarde, después...
