22. AGENTE D.

598 44 5
                                        

5 días antes.

— ¿Jake? —escucho su nombre muy lejano, como en un susurro—. No puede ser...algo lo está bloqueando, él es listo, es el más listo de la FBI, cuenta con muchísima más experiencia que cualquier otra persona de su edad.

—Pero no está bien...este caso le está complicando las cosas, jefe. No piensa racionalmente —otro susurro se mezcla con la voz anterior, pero no las logro distinguir—. La parte sentimental lo está frenando.

—Está bien, aún faltan 5 días, Agente D. Si no lo consigue, tendrás que volver y hacer que te pillen adrede viniendo hacia aquí. Tendrán que sospechar de ti.

—Creo que ya lo hacen.

Me despierto sudando. He tenido otra pesadilla, ¿o era real? Me levanto de la cama y voy directa al bol de agua que hay en una pared para lavarme la cara, y me cambio de camiseta, la otra está empapada. Los días han ido pasando sin ningún detalle en particular. Cada vez que he podido y he tenido oportunidad he seguido a Robert, todo lo que decía, todo lo que hacía, quería verlo. Quería ver sus momentos a solas; con sus secuaces, con Dave, con Jared...no había sacado mucho en claro. Solo sabía que la muerte de su socio le había afectado mucho más de lo que yo esperaba, pensé que solo quería venganza pero cada vez tengo más claro que hubo algo más. No haces estas cosas porque sí, menos a tu sobrina. Aunque claro; pensando bien, la mente de Robert no tiene límites, ni siquiera familiares.

Jared cada vez que pasa a verme me enseña alguna técnica nueva, no pudimos acabar de entrenar en el gimnasio, pero él quiere que siga aprendiendo, y sobretodo, quiere que siga cuerda. Y es que es verdad, el deporte, la pelea; te mantiene despierto. Después de tantos meses no entiendo como he podido mantenerme tan bien mentalmente, pero es que tampoco he tenido mucho tiempo para pensar las cosas. Cuando no era un hombre, era otro y si no era el mismo Robert quien me empezaba a torturar. Después de todo lo que he vivido estos 6 meses aquí encerrada, no hay nada más que pueda hacerme daño. Si salgo de aquí, nada podrá afectarme.

Esa es otra cuestión, ¿podré salir de aquí? Cada día me convenzo a mí misma de que sí, de que ni Jake ni Jack permitirían que me pasará nada malo —más de lo que ya me han hecho—, pero luego me lo vuelvo a cuestionar todo. ¿Estoy segura de que aparecerán? Jake no sabía ni quien era el Gran Jefe el cual me tenía retenido. Jack no sabe si quiera donde estamos. No habrán podido rastrear los mensajes, ni siquiera la llamada que le hice a Jake. Fue demasiado corta para rastrearla y seguro que el móvil estaba hackeado. Pero, ¿y si no fuera así?, ¿y si lograron rastrearlo?

Dios, Abby. Para ya. A este paso sí que acabarás volviéndote loca. Me hago una coleta alta con una goma que me dio Jared y me pongo de pie al ver que se abre la puerta. Jared entra con dos guantes de boxeo escondidos en la camiseta y vuelve a cerrar la puerta con la llave. Desde que me escapé la última vez para llamar a Jake, han querido volver a mantenerme encerrada. Cosa inútil, me he dado cuenta que se me da bien abrir cerraduras con un trozo de alambre.

— ¿Preparada? —pregunta tirándome los guantes.

Asiento poniéndomelos y doy unos saltitos en mi sitio para calentar mi cuerpo. Lo miro atentamente para saber que movimientos hacer. Él se pone detrás de mí y me pone las manos en la cadera. Me giro para mirarle a los ojos.

—Tienes que girarla así para poder mejorar tu técnica —dice susurrándome en el oído e indicándome los movimientos que tengo que hacer—. Muy bien, ahora prueba tú.

Salgo del trance en el que yo solita me he metido. No sé reaccionar el roce de las personas, cada vez que me tocan el cuerpo me duele. Ya no son dulces caricias, ya no son bonitas, ni me relajan. Ahora me hacen estar alerta, me hacen daño, no quiero que me toquen.

Amor Robado [#2]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora