– Dragomir… – La directora, Ellen Kirova cruzó el umbral de su oficina para acercarse a mí. Su voz venia cargada con decepción y antes de continuar hablando, soltó un suspiro. – Esto no es normal en ti, Alma. Quizás de Anastasya, pero no de ti. – Volvió a suspirar.
– Lo se. Lo siento Directora.
Kirova se apartó de mí para rodear su escritorio y sentarse finalmente sobre su silla. Parecía estar debatiéndose internamente que diría a continuación.
Finalmente inspiró y hablo:
– Aunque no quiera hacerlo, quiero que sepas que no tengo otra opción más que considerar un castigo por el resto de la semana. Desde hoy hasta el viernes, después de tu entrenamiento de la tarde tendrás que ir al área de preescolar para ayudar con el entrenamiento moroi allí también y quedarte después de hora para limpiar y ordenar el gimnasio. ¿Entendido?
Finalmente, la conversación terminó.
Debido a que había sido expulsada de la clase por el disturbio que había provocado, cuando llegué al gimnasio del otro lado del campo de St. Vladimir era bastante temprano aun. Solo había una dhampir allí, y se trataba de la guardiana que había sido también mi profesora en mis años de preescolar.
La guardiana sabia perfectamente porqué estaba yo ahí, sin embargo, cuando me vio me ofreció una gran sonrisa a lo que yo no pude evitar devolverle el gesto. Se acercó a mí y me abrazo.
– ¡Alma! ¡Que lindo que estés aquí! Lastima las circunstancias, pero créeme, no es tan malo como lo hacen ver. Solo… ten cuidado con los usuarios de fuego… ¡Bueno! Ya debes saber, a ti también más de una vez se te ha escapado una bola de fuego. Igual creo que los podrás controlar tranquilamente.
Mentiría si dijera que no me atraganté cuando me dijo aquello.
En mis años de preescolar, nunca había sido la mejor con mi elemento. El fuego es difícil de controlar y además es un elemento peligroso no solo para los strigois, sino también para los mismos moroi que lo utilizan.
En los viejos años de la educación, los elementos eran utilizados en escasos momentos. No se veía a la magia moroi como un arma de defensa como se lo ve ahora.
Hoy en día atacar con la magia esta prohibido por obvias razones, pero en todas las academias de enseñanza moroi y dhampir, los entrenadores de magia enseñan defensa y ataque por igual.
En mi familia somos tres los usuarios de fuego: Mi padre, Christian; Mi hermana Stacy, y yo. Todos nosotros tuvimos siempre problemas para controlar el fuego en un principio, claro que ahora mi padre es todo un experto en su elemento, de hecho él me ha ayudado mucho a controlarlo, si soy buena en lo que hago, se lo debo completamente a él.
Stacy también ha recibido ayuda de mi padre para aprender a controlar su elemento pero a ella le cuesta mucho más que a cualquier otro moroi que haya visto en mi vida. Yo me he ofrecido en ayudarla también, pero siempre esta con Mason yendo de un lado a otro y pasa muy poco tiempo con nosotros o incluso con mis padres, cuando estamos en la corte.
A veces pienso que nos evita pero la mayor parte del tiempo sé que ella es así.
– Gracias Entrenadora. – Forcé una sonrisa despreocupada.
– Ven. Ayúdame a traer algunas herramientas. – Me dijo cabeceando hacia su izquierda para que la siguiera. – ¡Que suerte que hoy tengo ayuda extra! Tengo que salir temprano hoy, así que te tendrás que encargar de todo el grupo.
– ¿Qué? – Exclamé con la cara desfigurada por la desagradable sorpresa.
No quería hacerme cargo de una clase. Ni siquiera sabía que debía hacer con los estudiantes. ¿A quien se le ocurría algo así? No. No, claro que No.
– Lo siento entrenadora pero…
– Pensé que Ellen te había avisado. Oh no te preocupes tu, no estarás sola. – Mi corazón calmó un poco sus nervios al escucharla decir eso. – Estoy esperando a otro chico que se ofreció en ayudar. ¡Oh! Ahí viene. – Volvió a cabecear hacia mis espaldas.
Me pregunté quien sería ese sujeto que se había ofrecido voluntario para este tipo de actividad.
– Serena y… La Dragomir mayor ¿He? – Ethan Kirova esbozó una gran sonrisa luciendo sus afilados colmillos moroi.
No se como lo hice, pero logré pasar el primer día sin que nadie me quemara, mojara o me asfixiara. Claro, obviamente no me pude evitar que algunas bolas de tierra me golpearan pero por suerte no había sido la gran cosa. Ethan era usuario de tierra por lo que había estado muy atento cuando en un momento, un estudiante que se había emocionado levantando paredes de tierra del tamaño de una silla se le descontroló la magia e hizo un pozo en el suelo muy cerca de donde estaba yo. Él pudo controlar la magia y dejar la tierra tal cual debía estar.
Después de que todos los estudiantes se retiraron, me quedé allí para ordenar el gimnasio tal y como se suponía que debía hacerlo.
– ¿Te quedas? – Ethan me miró por encima de la botella por la que bebía agua.
– Debo hacerlo.
– ¿Por qué? Oh Claro. Por atacar a tu compañera de entrenamiento.
– ¿Tu como… Oh claro. El hijo de la directora debe conocer muchos secretos de los estudiantes. ¿No?
– Lo tuyo no fue un secreto. Te vieron todos, pero si. Tiene sus beneficios ser el hijo de “La Directora” Así como también debe tener sus beneficios ser la hija de “La Reina” ¿No? – No estaba segura, pero me parecía que había imitado mi tono con esa replica. Fruncí el ceño, pero en sonrió ofreciéndome agua. – Yo estaba allí cuando la golpeaste y casi le incendias el cabello.
– ¿Qué? ¡Yo no hice tal cosa!
– Oh disculpa, pero estoy seguro de que mi vista no me falla. Si lo hiciste. Un golpe por lo que te dijo, bien quizás lo comprenda, pero usar magia para atacar a otro moroi esta completamente prohibido. – Me miró fijamente. – Considera un regalo que solo te hayan dado una semana de castigo. Ah, y eso si lo se por mi madre.
Me encogí de hombros mientras ordenaba los pocos materiales con los que habíamos trabajado hoy mientras sus palabras se repetían en mi mente una y otra vez.
No podría creerlo. Yo no recordaba haber hecho algo así. Nunca atacaría a otro moroi con mi elemento. No solo era poco ético ¡Era ilegal!
Solté un suspiro cargado con tristeza.
– ¡Ey! – Sentí la presencia de Ethan a mi lado antes de que pusiera su mano en mi hombro. – ¿Estas bien?
– Si. Si estoy bien. – Le aseguré.
– Oye, no te pongas mal. Yo quizás habría hecho lo mismo. – Sonrió.
– No es eso lo que me pone mal. Bueno si, en parte, pero también se lo merecía por decir lo que dijo sobre mi familia. – Fruncí el entrecejo.
– ¿Que es lo que te molestó?
Levanté la mirada para verlo a los ojos.
Él no apartó la mirada sino que me miró fijamente, solo lo vi parpadear un poco entre la indecisión y el nerviosismo pero se mantuvo firme mirándome, esperando que le dijera algo. Parecía realmente interesado, lo que me hizo dudar en verdad en si contárselo ya que este tema no me involucraba solo a mí.
– Debes ser discreto con esto.
– Lo prometo. – Me aseguró él.
– Me asusta él hecho de no recordarlo. No recuerdo haber hecho eso que me dices. Yo jamás haría algo así concientemente pero me asusta pensar siquiera que no puedo controlar lo que hago. De no recordar. De tener bloqueos y si es que los tengo. Me aterra. Me da miedo que me pase como… como…
– ¿Cómo a quien?
– Como a Oriana.
Ethan seguía con la misma mirada. Algo inexpresivo y perdido en sus pensamientos. Finalmente me miró con el ceño fruncido. Parecía estar debatiéndose su siguiente pregunta.
– Oriana Belikov. – Dijo el como su hubiera ubicado en sus recuerdos un archivo escolar de Oriana. – ¿Qué pasa con ella? – Preguntó finalmente.
– Oriana es mi mejor amiga. Es adoptada. Rose y Dimitri la encontraron abandonada en una comunidad de mujeres dhampir…
Las comunidades de “prostitutas de sangre” aun existen. Este es un nombre grosero para referirse a estas comunidades e incierto, ya que no todas las dhampirs son adictas, algunas simplemente prefieren no trabajar como guardianas para criar a sus hijos y estar junto a sus familias, luego estos hijos son enviados a academias como la de St. Vladimir para convertirse en guardianes. Muchos de ellos lo logran.
Cuando Rose y Dimitri encontraron a Oriana, ellos estaban en un viaje por Spokane siguiendo el rastro de unos cazadores de vampiros (no, ellos no son un mito como se cree). Llegaron a un hogar donde había unas cuantas mujeres acorraladas, todas ellas dhampirs con sus pequeños hijos. Yo nunca vi una colonia de esas, pero Rose nos contó una vez que el lugar se venia abajo solo.
Este lugar suponía ser un hotel abandonado que había sido re-construido por la comunidad dhampir pero días antes de que ellos dieran con ese lugar, unos strigois habían llegado de la mano de humanos y lo destrozaron completamente. Muchas dhampirs murieron defendiendo y luchando por su hogar, las que quedaron estaban simplemente asustadas por las vidas de los niños que cada una cuidaba.
Rose y Dimitri llegaron y salvaron el día.
Cuando el lugar estuvo libre de strigois y humanos por igual, ambos se pusieron en marcha para regresar a La Corte cuando vieron el ojo de alguien que se escondía detrás de unas sabanas en la esquina de la entrada. Esa niña asustada, andrajosa y de aspecto débil era Oriana.
Ninguna de las otras dhampirs la habían visto antes durante esos días, pero los niños aseguraban que ella había estado así durante dos días. Ambos no dudaron más. La niña no tenía a nadie, ni tampoco un hogar, así que decidieron adoptarla.
Durante el primer periodo que ellos la tuvieron, Oriana no hablaba, no se movía y apenas comía. Dimitri decidió llevarla a un medico y también con un terapeuta que pudiera ayudarla.
Con el pasar de los días su salud fue mejorando al igual que su ánimo. En un par de meses las visitas al medico dejaron de ser tan frecuentes y se espaciaron mas y mas. Oriana empezó a hablar con fluidez y a sonreír, pero cuando se hacia la noche y el sol iluminaba todo el lugar, Oriana no podía dormir y cuando lograba conciliar el sueño, las pesadillas empezaban.
Esto fue así durante un tiempo.
Luego, las pesadillas fueron remplazadas por ataques de pánico que fueron, a través de los años, menos recurrentes. Hace ya un par de años Oriana no sufre de estos ataques de pánico. Nunca supe que veía ella cuando tenía esos ataques porque nunca habla de ello, ni con el psicólogo, ni con sus padres. Conmigo ha hablado un poco al respecto pero nunca demasiado. El psicólogo de Oriana dice que cuando se anime a hablar de ella y de su pasado, los ataques solo serán un mal recuerdo, también cree que Oriana tiene algunos recuerdos fuertemente reprimidos.
Cada vez que Oriana tiene alguno de estos ataques de pánico, su corazón se acelera tanto que pareciera que fuera a salirse de su pecho, grita histéricamente y se queda dura en cualquier situación en la que esté: acostada en la cama, sentada en clase, parada frente a la clase dando un examen oral… ella simplemente palidece, se le nubla la vista y comienza a gritar como si estuviera quitándose algo de encima.
Generalmente no dice nada cuando esto sucede, pero algunas veces dice cosas como ‘No’ o ‘No quiero’ y una vez dijo ‘Mamá’. Cuando dijo eso, ella y yo estábamos solas, fue algo difícil ver como se perdía en si misma y sabia que debía contárselo a Rose después de que el ataque pasó pero Oriana me suplicó que no dijera nada porque sabe que la enviarán al psicólogo otra vez, así que no lo hice.
También otra de las cosas que pasan después de que ella tiene estos ataques de pánico, es que no recuerda lo que le pasó. Es conciente del ataque aunque que sufre, reconoce lugar, tiempo y espacio pero todo su alrededor se vuelve nulo y ella afirma que no recuerda lo que ve cuando tiene estos ataques, yo solo se que esto es mentira pero no puedo obligarla a que me hable de ello. El miedo de sus ojos me contagia y me llena de oscuridad y temor cuando me ven.
– Quizás solo estoy exagerando, pero después de verla tener esos ataques… No quiero que me suceda igual.
– Estas exagerando. – Dijo seriamente.
– Ah bueno. Gracias. – Comenté con ironía.
– No. No me mal interpretes. Solo creo que Oriana y tu tuvieron un inicio diferente. No es una crítica. No se que pasó con ella y difícilmente puedo imaginarlo, nunca lo vi como tu, pero estoy seguro de que los primeros años de su vida le generaron ese trauma y estoy seguro que tus padres han dado lo mejor de si para tu crianza. – Me miró a los ojos, aun seguía serio. – Dudo que haya sido igual para ella. – Debía reconocerlo, tenía un buen punto.
– Tienes razón. – Baje un poco la mirada y cuando lo volví a mirar tenia una sonrisa en sus labios.
– ¿Te parece si nos vamos? Ya esta todo bastante limpio.
– Si, genial. Mejor así. ¿Tu… tu vas a estar mañana también?
– ¡Claro! No se que harías aquí sin mi. Probablemente sufrir otro ataque por infantes.
– Quizás. – Convine riendo. – Gracias por todo lo de hoy.
– No hay de que. Quizás podamos conocernos mejor con estas charlas después de los entrenamientos. Mañana por ejemplo me podrías contar tu historia en lugar de la de Oriana.
– Quizás… – Comenté con un dejo de diversión mientras nos encaminábamos de vuelta al ala de secundaria de St. Vladimir.
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Dragon's Line [El legado del Dragon]
Fan-FictionDragon's Line (El legado del Dragón) cuenta la historia de los hijos de la reina Vasilisa Dragomir y su esposo, Christian Ozera. Si eres un fanático de Vampire Academy, o simplemente te gustan las historias de misterio, esta historia es para ti. Los...
![Dragon's Line [El legado del Dragon]](https://img.wattpad.com/cover/21941073-64-k573905.jpg)