ll - Alma

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Los moroi somos rápidos. Tenemos buenos reflejos que son naturales para nosotros, inclusive mejores reflejos que los dhampir. Sin embargo, en lo que refiere a resistencia, ellos son mejores. 
Alcanzar a Oriana y a Thom fue difícil. Cuando llegué a la reja que separaba el exterior de la academia, los guardianes no estaban. Miré hacia los lados esperando que en cualquier momento alguno de ellos apareciera de la nada y me detuviera antes de que siquiera pudiera poner una mano sobre la puerta pero nada ocurrió. 
Como si estuviera saliendo de mi propia casa, salí de St. Vladimir sin ninguna dificultad. Comencé a correr nuevamente en dirección donde la había visto desaparecer y cuando estuve a una distancia prudencial de ambos, intenté no hacer ruido. 
Me sentí como una completa tonta. 
De repente yo era como un gato asechando a dos ratones o peor, una chaperona cuidando de otra aventura adolescente, y odiaba sentirme así, pero tenía un mal presentimiento de esto que me oprimía el pecho y no podía dejarlo ir. Después de todo, Oriana era como mi hermana. 
– ¿Qué vamos a hacer aquí? – Escuché a Oriana, preguntarle a Thom con entusiasmo. 
– Encontrar algo de tiempo para nosotros… – él tomó su mano y sonrió. 
– Eso podríamos haberlo hecho en la academia. 
– Cierto. Es fácil para ti decirlo, puedes salir cuando quieras de St. Vladimir. 
– No exactamente. 
– No estas atorada como yo. – objetó él, lo cual, era cierto. 

Thom era de Missoula. Literalmente. Él, al igual que Oriana había sido abandonado la diferencia era que él en lugar de haber sido dejado en una colonia de mujeres dhampir, él fue dejado en un mejor lugar, y ese lugar era la academia. 
La guardiana Alberta Petrova fue quien lo acogió y lo crió entre los demás guardianes. Thom tiene respeto hacia sus referentes que lo vieron crecer, sin embargo, ninguno es considerado enteramente como su madre o su padre, porque en definitiva, no los tiene. Él solamente es un dhampir que fue dejado aun lado, donde encontró su vocación, como lo hacen la mayoría de los dhampir, dentro de la vida misma, y dentro de su crianza. 
Como muchos otros dhampir, Thom no cree poder ser útil para otra cosa, salvo para proteger a los moroi. Esa es su vida. Lo cual en comparación con la vida que podría depararle a Oriana, puede que en cierto modo, Thom estuviera un poco celoso. 

Oriana y yo esperamos que cuando el momento llegue, ella sea asignada como mi guardiana. Iremos a la universidad y construiremos una PYMES o algo así cuando ya nos hayamos graduado. No tenemos bien en claro donde viviremos, probablemente en Pensilvania. Nuestras probabilidades estan bastante a nuestro favor de que las cosas pudieran darse de la manera en la que esperamos, pero volviendo a Thom… 
Él, como la mayoría de los dhampirs, no sabe a quien será asignado. Supongo que aunque su trabajo es su elección de vida, también hay que pensar que no saber lo que te depara el futuro puede ser algo inquietante. Además de saber de ante mano que este podría ser el ultimo tiempo que él y Oriana están juntos. 
No podía decirlo con seguridad, pero creo que el mayor temor de Thom estaba arraigado al hecho de no poder dejar nunca el estado de Montana. 
– Entonces ¿A dónde estamos yendo? – preguntó mi amiga. 
– Estamos recorriendo. – él le sonrió. 
– Recorrer es aburrido. Hagamos otra cosa. 
– No es aburrido si lo piensas como que estamos huyendo… 
– ¿Huimos por una noche? 
– Técnicamente es de día… 
– Como sea. No suena mal si lo vemos así. Además tenía tiempo sin ver el sol. 
Ambos dirigieron la mirada hacia el cielo donde el sol apenas se vislumbraba entre las espesas nubes grises que se abrían paso cubriendo todo bajo su manto. 
– Parece que no lo veremos por mucho. – dijo Thom. – Pero al menos tuvimos la oportunidad de salir juntos. No quería que todos mis recuerdos quedaran atados a St. Vladimir. También quiero construir memorias contigo en otros escenarios. 
– Suena bien. 
– ¿Solo bien? 
Oriana asintió con la cabeza y estaba a punto de decir algo más cuando algo en su campo de visión la sacó de sus pensamientos. 
– ¿Sabias de esto? 
Oriana se acercó rápidamente hacia una elevación de tierra similar a una duna o una colina de dimensiones pequeñas. Esta estaba cubierta por demás plantas verdes, entre flores, arbustos y otros yuyos varios. Thom se acercó a ella rodeándola por la cintura. Ambos parecían muy entusiasmados estando allí. 
– No. Nunca había visto esto. – Respondió él. 
– Digamos que es nuestro entonces. Así me sentirás mas cerca si me extrañas. 
– Quizás no tenga que extrañarte. 
– Ojala no…. 
Entonces lo supe. 
Tenia que irme. Esto ya se estaba poniendo raro y me había quedado más de la cuenta. Era evidente que nada ocurriría y cuando ambos comenzaron a enrollarse entre besos, me di la vuelta para dirigirme a St. Vladimir antes de que los guardianes de la entrada se dieran cuenta de que alguien había salido o pudieran sorprenderme entrando a hurtadillas. 

Dragon's Line [El legado del Dragon]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora