c a p i t u l o 22

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"Tenemos miedo a ser felices

porque cada vez que lo somos,

algo malo pasa."

C A P I T U L O 22

El viaje más largo de nuestra vida... aquel que hicimos sin saber a dónde íbamos.

A penas hablamos y aun así se me hizo corto. Corto porque no sé si quería llegar. Porque no sé si quería saber lo que con tanta urgencia me querían contar. Porque había dejado mi vida en Ourense. Porque aun escuchaba sus gritos y sus bracitos estirados pidiéndonos que nos quedáramos y a Encarna con cara de pena despidiéndose de nosotros desde la puerta de entrada.

Después de que Luis metiera la llave en la cerradura, un escalofrío recorrió mi espina dorsal, al igual que tiempo atrás. Odiaba aquel piso, en él había vivido los mejores y los peores momentos de mi vida.

El olor ha cerrado y el polvo que apareció después de levantar las persianas me produjo asco.

Odiaba ese piso y era momento de decírselo a Luis. Quería deshacerme de él. Jamás podría volver a un sitio como ese. Teníamos que venderlo, pensé sin moverme de aquel salón observando las antiguas fotos que aún lo adornaban, aunque bueno, igual no era el mejor momento.

- ¿Te apetece una ducha? – me preguntó Luis evadiéndome de mis pensamientos. Yo me abracé con mis brazos.

- ¿A qué hora hemos quedado? – pregunté aún con el bolso y la chaqueta puesta.

- A las tres – miró su reloj – aún tenemos un par de horas. – mejor nos ponemos cómodos. Voy a aprovechar y a empaquetar cosas para llevarnos a Ourense – empezó a andar pasillo al fondo hasta que se quedó quieto y se giró hacía mi - ¿Vienes?

- Estoy bien aquí – se volvió hacía mí

- ¿Vas a quedarte ahí dos horas? – dijo con una leve sonrisa.

- No me gusta esta casa – le hice saber con voz lastimosa.

- No pensabas eso cuando vivías aquí, con lo que nos costó encontrar este piso.

- No me trae buenos recuerdos – continué.

- Cariño – me cogió de las manos. Se deshizo de mi bolso tirándolo sobre el sofá y después me quitó con suavidad la chaqueta que aun llevaba puesta – estate tranquila, relájate. Todo irá bien. – le sonreí.

Aquellos instantes son los que me hacían volver a la realidad. Cuando mis pensamientos me apartaban de la realidad y la ansiedad se agrupaba a la boca del estómago allí estaba él, regalándome esos pequeños momentos que me hacían ver que era bonito seguir ahí. Seguir creyendo en la vida y en las cosas buenas que estaban por llegar.

Mientras él recogía algunas cosas que había dejado olvidadas en su estudio, me di una vuelta por la casa. Y comprobé que tal era el caos en mi cabeza en aquel momento que ni siquiera me di cuenta de las cosas importantes que había dejado aquí, cosas importantes para la Aitana de entonces, cosas del día a día y que me sorprendieron porque me asombró encontrar mi cepillo de pelo aún encima del lavabo junto a la plancha del pelo y mi albornoz. El pijama perfectamente doblado a los pies de la cama y ese perfume carísimo que me regaló mi madre en mi último cumpleaños. La ropa de invierno aún en el armario incluso mi colección de zapatos en el vestidor, aquella que Luis tanto se metía porque podía tener doscientos zapatos pero todos eran negros. La cuna deshecha, los peluches tirados por el suelo y el pollito de luz para que Celia no tuviera miedo por las noches en el contacto.

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⏰ Última actualización: Jun 26, 2019 ⏰

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