18.

28 1 0
                                        

Acorde las semanas iban pasado mis intentos de hablar con mi mejor amigo iban disminuyendo. No podía mandarle mensajes por redes sociales porque me había bloqueado de todas ellas y las veces que le pedía hablar en los recesos de clases me ignoraba por completo y que decir de cuando fui a su casa, el cerrarme la puerta en la cara fue lo menos doloroso a comparación de todas las cosas que me dijo. Había estado dos semanas así y por un momento pensé en contarle lo que sucedía con Louis y cuando volví a acercarme a él para contarle toda la verdad me trato de perra fastidiosa delante de su nuevo círculo social causando la risa de todos ellos. Aquella humillación me basto con darme cuenta que no valía la pena recuperar algo que ya estaba perdido, él no era capaz de escucharme y yo ya no seguiría intentando, aunque me doliera todo lo estaba sucediendo.

Estas dos semanas no habíamos podido vernos con Louis, él ya había iniciado sus exámenes finales y día a día tenía un trabajo o un examen que realizar más cumplir con su horario laboral en el local de donuts y yo no iba a interrumpirlo con mis problemas de amistad. Mi hermana andaba más feliz de lo normal y eso me parecía extraño ya que no había visto a su novio en dos semanas por los asuntos ya mencionados, y gracias a lo poco y nada que hablábamos con Louis sabía que no se habían visto ni siquiera en la Universidad, es como si el hecho de que su novio no la estuviera rondando fuera lo mejor que le haya pasado y me entraba la duda de que si ella realmente amaba a Louis como solía decir, puede ser que antes me cuestionaba los sentimientos de mi hermana a su novio, pero no me importaba tanto como ahora por motivos obvios...me gustaba Louis, pero mi hermana siempre estaría primero y el hecho de que ella le haga daño me dolería más a mí que a él. El solo pensar que el castaño de ojos de camaleón sufriera y más por mi hermana me volvía loca, porque no se lo merecía, era un chico sensacional.

Ahora estaba caminando agarrada del brazo de mi amiga mientras nos dirigíamos a comer y beber algo por el frio, estaba metida en mis pensamientos; que iban de Pablo a Louis. Todo el tema de Pablo me afectaba más de lo que quería demostraba, y a eso sumarle que Nathaniel me miraba con una sonrisa extraña me perturbaba aun mas, algo me decía que él sabía más de lo que me imaginaba y que en cualquier momento atacaría. Con la mirada puesta en mis botines entramos a un local, deje que Pía me guiara, habíamos cerrado el local más temprano hoy por ser domingo y ella me convenció de ir a comer algo para que nos distrajéramos antes de que comenzaran los exámenes, un momento de relajo antes de la locura que se nos venía.

-Vamos Ale, cambia la cara- rogo mi amiga.

-Lo siento. Soy una pésima compañía- reí levemente.

-Mira Alena sé que todo este tema de Pablo te tiene con los ánimos por los suelos y el hecho de que te humillara te daño más de lo que demuestras. Pero ya fue Ale, el capullo no quiso escucharte incluso cuando decidiste soltarle la bomba, es un niño que se cree adulto, pero con sus actitudes demuestra lo contrario, si te amara como decía hacerlo te hubiera escuchado en las tantas veces que intentaste hablar con él, pero tal parece que el orgullo puede más que su amistad. Ahora debes enfocarte en los exámenes y ser la mejor, a la mierda el resto de problemas.

Mis ojos se aguaron porque aquellas palabras me habían llegado al alma, ella tenía razón y era lo que yo pensaba, pero no quería asumir ni creer. Toda esta situación me había quitado al que creía que era mi mejor amigo, pero me había dado una amiga increíble como lo era Pía.

-Bienvenidas a Dunkin Coffe, ¿Qué desean ordenar?

Aquella voz tan risueña la conocía, mire hacia donde venía aquella voz y a nuestro lado con una sonrisa en su rostro, unas ojeras bastante notorias y una libreta en mano estaba el castaño al que tanto echaba de menos.

Comencé a sentir mi pulso acelerarse, taquicardia creo que le llaman. Pero para mí significaba el nerviosismo que aquel chico que puso mi mundo de cabezas provocaba en mi con su simple presencia.

Querer sin limites (Louis Tomlinson)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora