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–No puedo más Camila–dije sin aliento.

Ahora mismo me encontraba siendo acorralada contra la cama por mi novia. Sus manos sujetaban las mías por encima de mi cabeza mientras me miraba con esa maldita sonrisa que sabía podía volverme loca. Su cuerpo, al igual que el mío, estaba cubierto por una fina capa de sudor evidenciando lo que habíamos estado haciendo desde hace un par de horas. El cabello lo tenía alborotado cayendo sobre sus hombros desnudos haciéndola lucir condenadamente sexi.

–Solo una vez más–se movió sobre mí, haciendo que nuestros centros se rozaran.

Tuve que morder mí labio para reprimir un gemido que quería salir. Y es que maldición, Camila moviéndose sobre mi cuerpo de esa manera era la cosa más caliente.

Intenté liberarme de ella aunque sin éxito ya que aumentó la fuerza de su agarre, sin llegar a hacerme daño por supuesto. Lo único que quería era poder llevar mis manos a su trasero, apretarlo y hacer que continuara con esa deliciosa fricción. Me removí bajo su cuerpo haciendo que nuestros centros nuevamente se volvieran a encontrar. Sonreí cuando escuché un suave gemido salir de la castaña, si me torturaba negándose a poner mis manos sobre ella tal vez yo podría hacer lo mismo. Así que elevé mis caderas frotándome contra ella.

–Detente... –soltó con un gruñido.

–¿No eras tú la que quería seguir con la fiesta?–dije para provocarla.

–Solo quería que esto durara un poco más–contestó con la respiración agitada–Pero a la mierda...

Bajó hundiendo su cabeza entre mi cuello comenzando a dejar besos cerca de mi pulso, jadeé en respuesta. Se movió lentamente a la vez que dejaba la zona de mi cuello haciendo su camino para llegar a la línea de mi mandíbula donde repartió varios besos y luego continuó subiendo hasta tomar el lóbulo de mi oreja entre sus dientes. Cerré con fuerza mis manos por lo bien que se sentía aquello, sin embargo no era suficiente, necesitaba más. O quizás nunca tenía suficiente de la castaña, no había manera de que pudiera cansarme de ella. Probablemente esa era la razón por la que habíamos estado haciéndolo sin descanso, a excepción de esa vez que nos detuvimos para comer algo.

–Más... –pedí a penas audible.

Haciendo caso a mi pedido Camila aumentó la velocidad en los movimientos que hacía con sus caderas. Tiré mi cabeza hacia atrás disfrutando de la maravillosa sensación que recorría ahora mi cuerpo, escuchando como nuestros gemidos se mezclaban. De pronto me encontré moviéndome contra ella también.

–Justo así... –solté entre jadeos.

Las manos de mi novia dejaron mis muñecas para entrelazar sus dedos con los míos. Tomó mi boca en un beso cargado de lujuria pero había algo más en él que hizo darme cuenta que tal vez Camila y yo estábamos más en sintonía de lo que creía.

–Te quiero... –susurré cerca de su oído al terminar el beso.

Solté una de sus manos y llevé una de las mías por entre nuestros cuerpos dejándola en su sexo, sintiendo su humedad. Introduje un dedo en su interior sonriendo al sentir como me envolvía su calidez.

–Te quiero–volví a susurrar sacando mi dedo solo un poco para luego adentrarme de nuevo en ella.

La castaña gimió alto comenzando a moverse sobre mi dedo, no tardé en agregar uno más y acompañar sus movimientos. Amaba hacer que se viniera y sabía que muy pronto lo terminaría haciendo, la expresión en su rostro me lo decía. También me encantaba ver la cara que ponía cuando la hacía llegar a la cima y su cuerpo se contorsionaba. Era una escena malditamente caliente.

Nervous (Camren)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora