Oblivioni tradita est

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¿Cómo empezar un verso? 

¿Cómo dejarme llevar de nuevo por las letras? ¿Dónde acabaré esta vez?

(Sólo espero que sean sus brazos los que estén rodeando mi delgada, y casi inexistente cintura)

Suspiro, y anhelo ver de nuevo en sus ojos, la magia de la optometría, la pureza de un reflejo que es completamente honesto, aún sin pretenderlo y muestra hasta el más profundo de los anhelos, tras muchas, muchas  capas, hay un amor que no le cabe en el pecho, caballero.

Un amor que evoca aquel pensamiento en mi memoria, verlo llegar con su extraña indumentaria, que sin duda llamaba la atención de ciertos observadores,no por lo extravagante, sino por lo que hace sentir al pasar por su lado, ese misterio que lo envuelve detrás de ese largo gabán que le cubre un cuerpo, que en ocasiones planea ocultar, "que sólo brille por mis ingeniosas ideas", quizá piense, pero lamento contarle que sí, si me fije en su cuerpo, tal vez se pregunté, el porqué de ésta confesión, pero aunque suene impúdico, esa vez que lo vi atravesar todos los obstáculos que pudo ver, uno a uno, con su contundente mirada de enamorado, que sin duda eclipsó toda vacilación, y me dejó carente de cordura, deseando lo que quizá, no pensé ser capaz de desear, y menos en cuestión de un breve instante...

Arrancar de su mano, esa pequeña inocente muchacha, que no alcanzaba a divisar siquiera un poco, lo que en mí acontecía, y mucho menos, lo que en cuestión de ciento veinte segundos, me comunicó a alaridos aquellas ventanas que le han puesto en su bello rostro, que le permiten no sólo captar la luz, sino reflejarla e incrementarla.

¿Qué le puedo decir de sus labios? dulces, pequeños, se encontraban entrecerrados, a la espera de un saludo, que por torpeza no pude ofrecerle, ocultan muchas palabras que aún no ha dicho, que dudo que diga, porque no sólo son dulces, a simple vista aquellos labios, sino que esconden uno de los secretos mejor guardados por su portador, y no, no es la cantidad de mujeres que sean posado allí, es algo mucho más profundo, su boca aunque tierna, y aparentemente inocente, es el elixir de la mismísima vida, y aunque un número indeterminado de doncellas han pasado por allí, espero ser quien no sólo logre que ese elixir se desprenda de ellos, sino que deje un huella indeleble, para que usted caballero mío, jamás olvide quien fue la doncella que olvido lo efímero de la existencia, y fue eterna no sólo en su boca, sino en su alma también.


-Ana María Barbosa

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