Tomar el riesgo

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Los guardias entraron primero, escrutando la habitación sin inmutarse y después entraron tras ellos. Ingrid tenía una vieja novela que apenas bajó levemente para ver a las recién llegadas y Elsa tenía la cabeza en su regazo comiendo uvas despreocupadamente. Los soldados se miraron entre ellos antes de finalmente salir cerrando y custodiando la puerta.

— Nos tratan como si estuviéramos haciendo una masacre aquí adentro. — Elsa se levantó revirando los ojos. — No es divertido cuando no tienes víctimas para matarlas.

Ingrid le dio un golpe en el hombro con su libro antes de pararse para ir a abrazar a su hermana y besar a su sobrina. Helga suspiró finalmente sin darse cuenta del aire que retenía.

— No le hagas caso, su humor empeora con el encierro. — Le murmuró cómplice a Rapunzel. — ¿Ya han tomado su decisión?

— Sí, temo que hayan aceptado tu propuesta pero aun andan aclarando los detalles.

— Huh, me sorprende que comprendan el cuidado que hay que tener. — Elsa se encogió de hombros, levantándose para acercarse a ellas también. — Hola, tía. Temo que la última vez que nos encontramos con propiedad las lágrimas empañaban mi visión y mis recuerdos se remontan a tu cálido hombro, ¿Cómo has estado desde entonces? — Rapunzel la miró confundida y entonces ella aclaró. — En el baile de paz que les ofrecí, lloré como una niña en los brazos de tu madre toda la noche hasta que nos encontraste en fragante. Fue mi único acercamiento con propiedad a ustedes, ni siquiera ahora custodiada y tan cerca hemos socializado como se debería pero me alegra que ha sido diferente para mi hermana. — Se giró a su tía nuevamente, inclinándose en una ligera reverencia. — Gracias por entregarla en el altar y estar para ella.

— Siempre lo supiste, ¿No es así? ¿Tu madre te lo contó? — Inquirió y la sonrisa de Elsa se crispó, apretando ligeramente los nudillos.

— Por supuesto, cuando encontré a mi madre en el espejo, ella me contó todo. — Respondió en cambio tomando la mano de Ingrid.

— Entonces Gerda no te lo dijo. — Adivinó la madre de Rapunzel.

— No decía gran cosa en absoluto pero estoy segura que jamás salió el tema. — Espetó revirando los ojos nuevamente. — Pero reconociendo la preciosidad y el valor de nuestra sangre me complace ver que al fin se han reunido 3 generaciones arendallianas juntas. — Bajó la vista al abultado vientre de su prima. — ¿Puedo?

Rapunzel tragó mirando con recelo su mano levantada. Un pesado silencio cayó entonces reconociendo su duda, Elsa le sonrió fingiendo calidez, comprensión, sabiendo que recordaba perfectamente lo que le había hecho a la princesa de Dumbroch y su bastardo hijo en espera.

— Oh, querida prima, confía en mí, jamás quisiera lastimar a mi propia sangre ni dañar nuestro legado.

— Somos brujas después de todo, es la clase de cosas que hacemos. — Ingrid se inclinó también curiosa, cediéndole a Elsa su lugar y Rapunzel suspiró asustada, buscando a su vez la mano de su madre para reconfortarla. Era su prima a final de cuentas, ¿No? Y había dicho que apreciaba el parentesco, así que asintió aun poco convencida y Elsa sonrió encantada cerrando los ojos mientras tocaba su vientre.

— Oh, pero qué encantador... sus latidos son fuertes pero...

Pero. 

La chica tragó en seco con el miedo incrustándose en su rostro al ver la mueca que hizo la rubia.

— Pero común. — Retomó y ella exhaló todo el aire que contuvo. — Una fuerte y ordinaria... princesa. — Siseó.

— ¿Una niña? — Escuchó a su madre sonreír encantada y vio a su tía Ingrid con los ojos cristalinos.

"La Tirana de Hielo" (Jelsa)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora