Los amigos son primero

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"Mmm... profesor Zira... si tan solo usted me tocara así..." gimió Crowley por dentro mientras le daba velocidad a su mano para acabar de una buena vez: no le había tomado mucho tiempo en realidad, porque después de pasar media hora encerrado a solas con su profesor su deseo estaba por las nubes. Mientras se limpiaba y se subía los pantalones, solo pudo pensar en lo sexy que era Zira, en lo bien que olía, en lo grande que debía ser su...

-¡Maldita vieja de mierda, que el diablo se la lleve!- gritó una voz de pronto que le heló la sangre; unos segundos después, con una mano en el corazón, se asomó fuera del cubículo y vio al causante del grito. Beel, más nervioso que nunca, daba vueltas como un animal enjaulado y hasta pateó un cesto viejo de papeles con todas sus fuerzas, lo que hizo que terminara por descubrirlo.

-Beel, oye... ¿Qué te pas...?

-¿Qué haces ahí encerrado? ¿Te masturbas pensando en el viejo Fell?- ladró Beelzebub desencajado y haciendo que Crowley corriera hacia él, tomándolo del brazo y notando como temblaba. No le gustó verlo así, y pasó por alto sus insultos para contenerlo.

-¡Hombre, cálmate, soy tu amigo, no tienes por qué atacarme! Háblame. Dime que te pasó.

Beelzebub tembló y se limpió furiosamente los ojos para no llorar, mientras juntaba fuerzas para hablar normal y no estallar contra el pelirrojo.- La profesora Miguel me encontró fumando y me llevó donde el director Metatron. Como no estaba, me acusó con su secretario e hizo que le escribiera una nota a mi padre.

-Ah... ya entiendo- dijo despacio al recordar lo mucho que Beel admiraba a ese burócrata seco y carente de atractivos. Ser regañado delante de él debió haberle resultado una gran humillación.

-¡Ese idiota, se atrevió a llamarme problemático...! Odio que me mire con tanta superioridad. Lo odio.

-Sí, claro, lo odias.- Carraspeó para no decir algo incómodo y luego propuso:- ¿por qué no vamos a comer algo, Beelzy? Te invitaré lo que quieras. Vamos, no desperdicies energías en esa vieja metida y el idiota de Gabriel.

Ambos amigos abandonaron la escuela y por casualidad se cruzaron en la puerta con Gabriel y el profesor Zira, que hablaban amistosamente. Crowley hubiera querido despedirse mejor de su profesor, pero ante la cercanía del secretario prefirió seguir apoyando a su amigo y pasaron de largo. Azira observó lo juntos que iban Crowley y Beelzebub, y se preguntó por qué no habían ni volteado a mirarlo.

Soy tu Julieta 2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora