El correctivo merecido

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Beelzebub se aburría en clase de la profesora Miguel... para variar. Pasar la tarde oyéndola era lo más plomo del mundo, sobre todo cuando sabía que Gabriel estaba solo en su oficina. 

"Podría estar con él ahora, como mínimo sería más divertido que esta clase de mierda" pensó irritado, mirando a la vieja hablar sobre las guerras del antiguo imperio otomano. ¿Cómo alguien podía volver aburrido un evento tan sangriento como la invasión de los turcos en Europa? Molesto, tomó una bolita de papel empapada en tinta y la arrojó hacia el escritorio de la profesora. 

-¿Pero qué? ¿Quién hizo esto?- ladró Miguel al observar su carpeta salpicada de tinta. Tomó la bola de papel y los miró con todavía más furia.- Hablen. ¿O acaso se han convertido en niños de primaria para hacer esta clase de bromas? 

-Fui yo- admitió Beelz con desparpajo.

-¿Tú? No sé por qué no lo sospeché antes. ¡Estoy cansada de tus actitudes infantiles, Beelzebub Morningstar!- exclamó la severa mujer fulminándolo con la mirada, como si nunca hubiera visto un alumno tan exasperante.- Ve a la oficina del director. ¿Ya sabes el camino, verdad?

-Seh... No se moleste en indicármelo- respondió con insolencia el pelinegro, provocando la hilaridad de los demás. Miguel solo resopló.

-Espero que el señor Gabriel sepa darte un correctivo que no te olvides nunca, niño insolente.

"Gabriel dándome un correctivo a mí... Pffff, ¡jajajajajaja, ya quisiera él!" rió por dentro Beelzebub mientras golpeaba suavemente a la puerta de dirección, ocupada una vez más por Gabriel en ausencia de Metatron (el director fantasma).

-Adelant... ¿Beelzy? ¿Qué haces aquí?- inquirió el alto secretario sorprendido, al ver a su enamorado entrando y cerrando la puerta con seguridad.

-Me aburría en clase de esa arpía de Miguel, así que me hice castigar para venir a verte. ¿Está mal?

-De hecho sí... no deberías hacerlo, querido, debes...

-Oh, ¡cállate! Y dame un beso- exigió sin esperar y sentándose sobre él para obligarlo a responderle. Gabriel dejó sus papeles y rodeó a Beelzebub con ambos brazos para afirmarlo mejor, complaciendo su deseo de ser besado. Y acariciado.

-Ahh, mucho mejor, ¡diablos! Y más divertido que escuchar a esa vieja sosa- susurró Beelz sonriendo y hundiendo la cara en el pecho del mayor.- ¿Podría hacer esto todas las tardes?

-Sabes que me encantaría, pero no... a la larga nos traería problemas. El director no estará ausente para siempre, y no quieres que te envíen castigado con él, ¿verdad?

-Diablos, no. ¿Quién querría quedarse a solas con ese viejo decrépito para oír sermones?

-¡Beelzebub por favor, el lenguaje!

-¿Qué? ¿Te molesta como hablo? Insolente...- con ademán travieso deslizó una mano hacia la entrepierna de Gabriel y la palpó divertido. Gabriel se puso colorado.

-¿Qué haces, Beelzy?

-Ya sabes que no me gusta que me levantes la voz. Bájate los pantalones. Tengo que darte el correctivo que te mereces.

Soy tu Julieta 2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora