El regalo de Crowley

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Zira volvió a casa esa tarde con el sabor de los besos de Crowley en toda la boca. El chico era tan ardiente... le daba vergüenza el solo pensarlo, pero no se le ocurría una palabra mejor para describirlo. Su forma de entregarse por completo a los besos sugería que no sentía el menor remordimiento, y que si era necesario entregaría todo de sí. Todo.

"Anthony tiene que confiar mucho en mí para hacer estas cosas. Eso me hace tan feliz... de verdad me quiere, no soy solo un reemplazo de Beelzebub para él. Creo que le gusto mucho de verdad".

Sonriendo como un niño se metió a la cocina a preparar una cena temprana, mientras le echaba frecuentes vistazos a su celular. Crowley le envió un par de cariñosos mensajes normales, avisándole primero que ya había llegado a su casa, y luego que estaba entusiasmado con el concierto de la siguiente semana. Recordó entonces que él y Beelzebub irían a ver a una banda de rock llamada The Them, con un cantante que no conocía pero cuyo apodo de Anticristo le daba mala espina. Al pensar eso se rió de sí mismo.

"Eso sonó tan de viejo, dios. Espero que no se me escapen frases así delante de Anthony, no quiero que piense que soy tan aburrido".

El le envió un mensaje deseándole que se divirtiera mucho en el concierto, y también le dedicó un mensaje un tanto cursi diciéndole lo mucho que había disfrutado esa mañana con él. Sonrió esperando una respuesta rápida, pero no fue casi hasta las diez que llegó.

¿Estás solo?

Claro, estoy en casa. ¿Quieres tener una conversación?

No, no. Espera un momento, te enviaré algo.

¿Ok...?

Azira no recordaba la insinuación de Crowley de enviarle fotos subidas de tono: por lo tanto, fue una sorpresa mayúscula abrir su mensaje y contemplar una serie de fotos suyas semidesnudo, sin camisa, haciendo poses sexys y mordiéndose el labio como si supiera el efecto devastador que le provocaba eso. Los colores se le subieron solos al mirar la última foto y ver a su tierno novio con una mano tirando su pantalón hacia abajo, dejando así a la vista una parte de su anatomía. No, no se le veía el pene, pero con el nivel de sensualidad de su pose era como si lo tuviera en la mano y lo estuviera haciendo girar como un helicóptero. Anonadado, lo llamó con la intención de regañarlo y su respuesta fue una risita de lo más pícara.

-Solo quería enviarte algo para que pienses en mí esta noche... ¿qué hay de malo en eso?

-Anthony, no es que sea malo, es que es... bueno...

-Dime la verdad, ¿te gustó?- susurró Crowley respirando hondo y llevándose una mano a la entrepierna, acariciándose lentamente mientras hablaba.- Si quieres, te puedo enviar otras fotos... con menos ropa.

-Por favor, no hagas eso, querido, no te expongas así... ¿qué harás si tus padres te sorprenden haciendo algo tan vergonzoso?

-Soy mayor de edad, no tengo por qué darles explicaciones a ellos. Tú solo dime si te gustaron.

No tenía caso mentir. El chico lo hubiera notado.

-Me encantaron. Eres tan sensual...

Crowley respiró hondo y se metió la mano dentro del pantalón, dispuesto a usar la voz de Zira como estimulante. A falta de tenerlo allí en persona comiéndoselo a besos, su voz sería más que suficiente para masturbarse.

-Oye, Zira... ¿podrías seguir al teléfono unos minutos más? Es muy importante.


Soy tu Julieta 2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora