Zira había terminado de corregir los exámenes de primer año, y había estudiado a fondo el material para el siguiente mes. Quería introducir a sus alumnos algunos autores nuevos y modernos, y para tal fin había elegido algunas novelas de la literatura inglesa que él pensaba pudiera gustarle a los chicos.
"Neil Gaiman no me fallará, estoy seguro. Good Omens les encantará a mis alumnos".
Todo era fácil. Si se sumergía en las novelas, en el trabajo y el estudio, no tenía por qué recordar que días atrás cometiera el exabrupto de besar a su alumno. Después de todo, Crowley parecía muy feliz en compañía de Beelzebub... probablemente se habían arreglado, y él ya no tenía por qué entrometerse entre ellos. Debía dejarlo ser feliz con alguien de su edad, en vez de recordarle algo tan penoso y fuera de lugar como su beso. Sus sentimientos...
"¿En qué estás pensando, Zira? No importan tus sentimientos. Solo importa que Crowley esté bien... que sea feliz... ¿Qué culpa tiene el chico de que de pronto tú lo veas diferente?"
Se mordió el labio sabiendo lo difícil que sería olvidar a Crowley, pero dispuesto a hacerlo por su bien. Sí. Bajó las escaleras con su maletín y su cabeza llena de pensamientos oscuros, y de golpe sintió como se hundía hasta lo profundo de la desesperación.
Crowley estaba allí, bajo las escaleras. Pero no estaba solo: estaba firmemente abrazado con Beelzebub, con el que se miraba fijo y se sonreía como idiota. La escena lo sacudió y abrió la tierra bajo sus pies, porque por más que se hubiera decidido a dejarlo ser feliz con su amigo, no pudo soportar el impacto de verlo besando a otro. En lo más recóndito de su mente, tenía la esperanza de que todo fuera una confusión suya, pero por lo visto no era así. Crowley estaba enamorado de Beelzebub, y Beelzebub de Crowley, y él... ¿por qué demonios él había decidido poner sus ojos en quien no debía? ¿Por qué había tenido que confundirse con Crowley al punto de odiar verlo abrazándose con otro?
"No... no lo hagas más... ¡por favor, no lo toques más!" rogó agónicamente mientras sus manos temblaban y sus ojos se humedecían. Quiso interrumpirlos, separarlos, llevarse a Crowley muy lejos del pelinegro, pero sus pies parecían pegados al suelo y su boca no alcanzaba a emitir sonido. Impotente, vio a Beelzebub estirando un brazo hacia Crowley y quitándole sus gafas de sol. Y hablaba con un tono mucho más dulce del que él le hubiera oído jamás:
-Crowley, de verdad te debo una... llevarme a ver al Anticristo es lo más generoso que has hecho... ¿Te gustaría cobrarte ese favor ahora?- preguntó en un tono incitante que le volvió a nublar los sentidos.
"¡No, no! ¡Déjalo en paz, tú no lo quieres de verdad! ¡No te aproveches de él!" gritó mentalmente al tiempo que la puerta del despacho del director se abría y aparecía Gabriel.
(...)
El secretario no vio al profesor Fell, pero si vio a su pequeño y salvaje Beelzebub en brazos del pelirrojo, y su furia fue instantánea y devastadora. Horrorizado porque ese sucio Crowley estuviera por besar en la boca a Beelz, agradeció que el director ya se hubiera marchado para no tener que ver semejante espectáculo.
-¿¿SE PUEDE SABER QUÉ ESTÁN HACIENDO USTEDES DOS??- gritó enojado al tiempo que se acercaba a ellos y los separaba, cruzando una mirada de hielo con Beelzebub.- ¡Esto es una universidad, no un sitio de citas para besuquearse!- increpó con ira.
-Oiga, no estábamos...
-¡Tú cállate!- silenció a Crowley sin miramientos, con la vista todavía fija en el pelinegro y haciendo un enorme esfuerzo por no darle una bofetada.- Sabía que eras un mal elemento, pero no sabía que...
-¡No te metas donde no te llaman!- intervino Beelz fingiendo enojo, e intentando tomar a Crowley de la mano para marcharse. Pero Gabriel estaba fuera de sí: llevaba días soñando con Beelzebub, con su boca, con su agresiva y dulce boca, con su cuerpo delgado y perfecto para abrazar, y no soportaría que ni ese pelirrojo ni nadie se lo quitara. Tomó a Beelz de la mano y aseguró, firme:
-¡Me meto todo lo que quiero, jovencito! Sabes bien de qué hablo. ¡Tú! Lárgate, ¡no quiero volver a verte intentar algo asqueroso dentro de la escuela!- le dijo a Crowley mientras arrastraba a Beelzebub a la dirección para darle el regaño de su vida. Crowley se quedó temblando genuinamente por lo poderoso de los celos de Gabriel (que dios cuidara a su amigo ahora), y luego se volteó sabiendo lo que encontraría.
Zira seguía parado allí, inmóvil, con los ojos irritados, incapaz de entender por qué dentro de su corazón bullía el mismo torrente de rabia que había mostrado el secretario Gabriel, pero que a diferencia de él no había sabido mostrar. Cuando Crowley lo miró a los ojos, de alguna forma pudo sentir que estaba asustado y que no todo iba bien.
-Pro... profesor Zira...
Oírlo decir su nombre fue mucho. Ni siquiera él, con toda su inocencia, podía dejar de reaccionar.
Se acercó al pelirrojo y lo tomó de la mano, no con la misma fuerza de Gabriel hacia Beelz, pero si lo bastante como para que Crowley sintiera su firmeza.
-Tú y yo tenemos que hablar, Anthony. Ahora.
-Pero...
-Ahora- repitió penetrándolo con la mirada y sin que le importara si se notaba su impuro deseo. No lo dejaría escapar. Aunque significara su caída, no dejaría ir a Crowley con ningún otro.
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Cinco palabras: esto-se-va-a-descontrolar.
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Soy tu Julieta 2
FanfictionCrowley y Beelzebub son dos universitarios revoltosos y poco afectos al estudio, amigos y compañeros al punto de que algunos los creen pareja. Pero nada más lejos de la verdad: por un lado, Crowley está perdidamente enamorado de su profesor de liter...
