Capitulo Once

242 56 19
                                        

Mean

Las palabras de Plann no dejan de pasar por mi cabeza una y otra vez, en lo que va de día, dándome un inmenso dolor de cabeza que no se pasa ni tomándome algo que se supone que me ayude, ni dándome un baño, ni durmiendo, ni metiéndome en la piscina aunque empiece a cambiar el tiempo.

— Hijo —me giro, mirando a Malai —se que no te gusta que te llame así pero deberíamos hablar tu y yo. Soy tu madre aunque no lo aceptes y me preocupa tu estado actual.

— ¿Mi estado actual? —cubro mi cuerpo con la toalla —¿el de Sunan dejándome, Plann marchándose y diciéndome que fui cruel o el de que mi madre intente darme consejos sentimentales solo porque mi estado actual le preocupa?

— ¿De verdad te gusta ese chico? Plann quiero decir no Sunan que nunca me gustó y menos para estar contigo —me cubro bien con la toalla —entra y vístete. Acabarás enfermando.

Entrando en la casa sin decir nada voy directo a mi habitación, dejando caer la toalla empapada en el suelo, vistiéndome con ropa ligera mirando mi móvil acostado ahora sobre mi cama, abriendo directamente su numero, el chat vacio que corresponde a Plann, dejándolo caer a mi lado.

¿De verdad te gusta ese chico?

Esa pregunta de forma tan repentina llega a mi, volviendo a coger el móvil, a abrir esa conversación que de nuevo cierro, poniéndome en pie, saliendo de mi habitación deteniéndome sin saber bien que hacer.

— Hijo ¿te encuentras bien? —miro a mi padre, asintiendo —¿dónde ibas?

— No lo se papa.. acabo de salir de la piscina y creo que iré a dar una vuelta aunque es tarde.

— No vas a salir —su mano sosteniendo mi brazo me hacen girar con cierta brusquedad —vas a quedarte aquí por el comportamiento que has tenido estas semanas, por irte así de casa y por tratar mal tanto a Plann como a tu madre.

— No he tratado mal a mama —la miro —y no puedes castigarme sin salir porque no soy un niño. Y Plann tampoco fue un santo que se metió donde no debía.

— ¡He dicho que no sales y no hay más que hablar!

Siento tantas miradas sobre al igual que el odio hacia mi padre ahora mismo que bastante me cuesta retenerme, entrando de nuevo en mi habitación, cerrando de un portazo y con seguro, dejándome caer sobre mi cama boca abajo.

— Castigarme con veintidós años cuando ni siquiera está en casa —golpeo con más fuerza la almohada —pero yo aquí no me quedo.

Bajando una vez más de la cama me acerco a la ventana, porque obviamente por la puerta no podre llegar ni a mitad del camino, y la abro, de forma cuidadosa al igual que como empiezo a sacar mi cuerpo hasta quedar colgado, deslizándome hacia abajo poco a poco hasta que mis pies y me trasero impactan contra el suelo.

Mirando en todas direcciones compruebo, me aseguro que nadie ande cerca, más en concreto mi padre, y voy directo a donde mi coche lleva descansando demasiado ya, abriéndolo, subiendo lo más rápido posible, arrancando en el momento en que veo la puerta de la casa siendo abierta, a Malai saliendo por ella, alejándome rápidamente, aliviado por una parte por no haber sido detenido aunque tampoco haya dado mucho margen de tiempo para ello.

Abriendo un poco la ventanilla a mi lado, lo suficiente para poder respirar y poco a poco calmarme, miro al frente en todo momento, conduciendo sin saber exactamente a donde dirigirme, más porque no se ni donde podría encontrar a la única persona que ahora mismo tengo ganas de ver, a quien le quiero hablar cara a cara y dejarle las cosas claras.

Deteniéndome en el semáforo ahora en rojo, aprovecho para coger mi móvil y marcar su número, mirando al frente mientras tono a tono espero que responda, quedándome como si me hubiesen congelado en mi asiento cuando le veo, móvil en mano, viendo en el mio como rechaza mi llamada. Presionando en el volante con mi mano llamo su atención, señalando el coche con la esperanza de que comprenda y suba antes de que el semáforo cambie a verde.

Su semáforo, el de los peatones, parpadea a punto de cambiar a rojo, lo cual es un riesgo para Plann si un coche le atropellase. Mirándonos en todo momento el desde donde está y yo desde el coche, el rojo se hace presente para ellos, viéndole como se sobresalta cuando un coche pita detrás de mi, sacándole de su ensimismamiento de una forma que me alivia cuando le veo subir al coche, a mi lado, poniéndome en marcha de nuevo.

— ¿Qué haces aquí Mean?

— Abrochate el cinturón Plann —giro hacia una calle menos transitada —iba a buscarte aunque no se donde vives la verdad.

— Lejos de tu casa por suerte —le miro por unos segundos —¿no te ha quedado claro que ahora el que no quiere verte soy yo?

Deteniendo el coche, apagando el motor suelto mi cinturón y me giro hacia Plann.

— Cuando dije que me gustas lo decía enserio Plann. Se que he sido un grosero y un idiota contigo y en parte ha sido justificado porque odio que me obliguen ha hacer cosas que no quiero hacer como ser tu niñero —cierro los ojos un minuto tan solo —ahora mismo estoy castigado y me he escapado de casa solo para buscarte y como comprenderás no voy a dejar que me rechaces de nuevo.

— Pero Mean las cosas no funcionan así —suelta también su cinturón —no puedes decir que te gusto y pretender que de la nada te corresponda. Además tu estabas enamorado de Sunan.

— Sunan está con otro y yo no le quiero —miro al frente —siempre creí que le quería porque estuvimos muchos años juntos pero me doy cuenta ahora que no era una relación tan sana como creí.

Mirándole me doy cuenta del silencio y la tensión que nos rodea, sintiendo una sensación en mi interior como si ardiese, cerrando los ojos, apretando mis manos con fuerza en el volante con la intención única de no derrumbarme, tensándome por un momento cuando le siento cerca, notando sus labios uniéndose a los míos de forma atrevida, aflojando la presión de mis manos, dejando una en su cuello correspondiéndole al beso.

Inclinándome hacia Plann separo mis labios y dientes lo suficiente para que su lengua atraviese esa barrera, uniendo la mia a la unión que me pilla por sorpresa, notando mis ojos humedeciéndose sin separar mis labios, sin romper ninguno el beso que nada tiene que ver con aquel que compartimos lo que me parece ya que hace una eternidad de tiempo.

— Eres un idiota —no puedo evitar reír cuando me abraza —vas ha tener que hacer mucho para que te perdone. Bueno no tanto pero no voy a caer tan fácil que lo sepas. ¿Me llevas a un lugar?

Asiento dispuesto a llevarle donde sea, limpiándome los ojos con la manga de mi chaqueta, sentándome bien en mi asiento, volviendo a ponernos en marcha, sintiendo en todo momento esa sensación en mi interior y un hormigueo nada incomodo en mis labios después del beso que hemos compartido y no me hubiese importado que durase un poco más.

Cuando nadie veWhere stories live. Discover now