Tierra santa

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01-04 Ruda

Prompt 03 - Falling down


Blanca Peonía; Nubes Doradas

Tierra santa


Meng Yao no comprende lo que está sucediendo. Esta calma ansiosa, llena de desazón e inquietud, lo mantiene a la expectativa de una cruenta alborada.

Ha decidido mantenerse en silencio, dejándose hacer por aquellos hermanos que conoce, pero a la vez no.

Sabe más o menos cuál podría ser el asunto que le está sucediendo en ese momento. Si bien el término ha resultado desconocido en la actualidad, no es un imposible para ejecutar. La prueba, es que ahora está con dos versiones de sus amigos que son tan parecidos, pero a la vez tan diferentes.

—Hay que deshacernos de la vestimenta —Lan Xichen susurra a su costado, sujetándolo con fuerza del antebrazo al punto que la sujeción se transforma en dolor.

Lo sacaron silenciosamente del templo destruido, haciéndole subir unas infinitas escaleras de piedra en aquel territorio solemne. Meng Yao observaría todo con la curiosidad de quién lo contempla todo por primera vez con fascinación, pero el hecho de que Lan Xichen y Lan WangJi mantengan una conversación silenciosa sobre lo que se hará a continuación, manteniéndolo a ciegas en el asunto, le deja una amarga molestia.

Porque Lan Xichen le recuerda a su amigo, e inevitablemente se pregunta qué habrá sido de él.

—Mhn —luego de unos segundos, el hermano, Lan WangJi responde. Lidera la comitiva, son medidos en su caminar, pero ejercen la rapidez como una segunda naturaleza—. Quemarla no es una opción, debemos esconderlo hasta que todo transcurra.

Lan Xichen asiente, continúa asiéndolo del antebrazo con fuerza, subiéndolo por las escaleras en un tirón doloroso. Meng Yao tiene el umbral del dolor alto, pero un particular movimiento contrae sus músculos de forma dolorosa, haciéndole soltar un quejido bajo.

Recién en ese momento Lan Xichen se detiene, observándolo con preocupación.

—Mis disculpas, A-Yao, ¿te he lastimado?

La ansiedad se filtra de su modular junto con aquel gesto tan íntimo que lo llena de un pensamiento insistente sobre aquel "A-Yao" que tanto añora. Y aunque se llame Meng Yao, una parte de él siente que ese pronunciar no le pertenece, es indiferente.

—No te preocupes, estoy bien. Sigamos caminando.

Lan Xichen lo suelta, ascienden un poco más y llegan al vestíbulo principal de una morada celestial que parece un templo budista. Es inmenso, impoluto, lleno de un inconmensurable y armonioso poder que destila elegancia. Meng Yao decide que le gusta.

—El Jingshi —susurra Lan WangJi a su costado, contemplándolo de soslayo con insistencia. Meng Yao arguye que se debe a lo discordante de sus vestimentas.

Camina, la nieve bajo su calzado cruje, sintiéndose helada y haciéndole recordar que antes de desaparecer, era verano en la ciudad. A pesar de ello, él está usando un suéter.

Cruza el vestíbulo y un jardín zen los saluda. Las puertas de la morada están abiertas, develando una lámpara encendida, junto a unos movimientos dentro del recinto que se reflejan debido a la sombra que nace en la esquina. La curiosidad de Meng Yao comienza a mellar con insistencia, aunque intenta mantenerlo bajo una capa de serenidad que no siente en absoluto.

Blanca Peonía; Nubes DoradasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora