Cielo Dorado

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Prompt - ¿extra?

Siguiente: Cumpleaños.


Blanca Peonía; Nubes Doradas

Cielo Dorado


Hay un lago congelado que se pierde en la distancia, un bosque níveo lo rodea. Sus copos añiles ocultan las verdes hojas heladas y las escarchas que solloza el cielo cerúleo no ayuda a que el camino de piedra se distinga con claridad. No supone molesta alguna para Lan Xichen encontrar el camino a la cabaña. Lo ha hecho muchas veces en el pasado. Esta, sin embargo, no estaba prevista.

Había ido al pueblo cercano para reabastecer los insumos cuando la ventisca lo arropó y por eso demoró en su retorno a casa.

Cuando la cabaña se esboza en la distancia, hay una figura trémula envuelta en un gigantesco chal bermellón que lo espera en el umbral de la puerta. Lan Xichen esboza una sonrisa tenue que exhibe el amor desmedido por aquella persona.

Cuando llega, los orbes de Meng Yao que lo buscaba en medio de la ventisca nívea se abren con alegría y alivio. Lan Xichen sonríe y camina hacia el almacén a un costado de la cabaña, guardando los insumos que usarán para esperar que acontezca la época relente. Hecho esto, no tarda en llegar a la efigie que aún lo espera en el quicio.

—A-Yao, este invierno es más fuerte que el anterior. Debes esperar dentro o enfermarás —es lo primero que Lan Xichen dice cuando llega, absorbiendo a Meng Yao en un abrazo fuerte que el otro consiente con un suspiro satisfecho.

—Sí, pero A-Huan no llegaba y me preocupé —murmura, ingresando al recinto.

La cabaña es modesta y tiene todo lo necesario. De vez en cuando la abandonan para viajar a unas ciudades cercanas, recibiendo misiones aisladas sobre cadáveres feroces y uno que otro exorcismo que les permite vivir a ambos con tranquilidad.

Con el paso de las estaciones, un rumor sobre dos cultivadores errantes que viajaban por todos los pueblos se hizo una leyenda local viviente. La única diferencia es que uno hacía todo el trabajo de campo mientras que el otro se encargaba de los diálogos y establecer la confianza para que aceptaran su trabajo.

Su vida, luego de partir de lo que alguna vez fue el hogar de Lan Xichen, estuvo lleno de altos y bajos que supuso los nuevos cambios adaptativos. Entre los viajes, las conversaciones, su nuevo estilo de vida ahora está lejos de las comodidades, pero hallaron un punto intermedio donde ambos pueden sentirse satisfechos. Lan Xichen encuentra la perfección en aquellas incorreciones. Y sería aún más perfecto si Meng Yao pudiera cultivarse apropiadamente, pero nada de lo investigado parece conducirlos a punto certero.

Probaron con la meditación aislada, entrenamiento físico que, si bien dio sus frutos, no es lo mismo. Modularon su dieta, incluso Lan Xichen aún no se ha atrevido a profanar aquella pureza, aunque la frustración de Meng Yao cada día sea tan palpable que la irritación inevitablemente se le contagia.

Pero no puede evitarlo, ha estado investigando y cree haber hallado el principio de la solución.

Cierra la puerta y camina con Meng Yao hasta que ambos se sientan en los cojines alrededor la mesa en el centro de la cabaña. Hay dos tazas calientes de té de cerezo que espera por ambos. Meng Yao no tarda en entregarle la suya con una suave reverencia que acepta con una sonrisa grande.

—Gracias, A-Yao. Lo necesitaba —dice en voz baja, dándole un pequeño sorbo.

Meng Yao asiente, haciendo lo mismo con su taza. El silencio se instaura, Lan Xichen espera que transcurran unos momentos para dar el siguiente advenimiento. Meng Yao lo observa de soslayo, sabe lo que está pensando.

Blanca Peonía; Nubes DoradasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora