Puchero

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Esto es una noticia que no me esperaba.

Al llegar a casa, se me dio la noticia.

Llegará otro bebé.




Cuando me dijeron eso, me sentí bastante preocupado, vino a mi mente aquellos días.
Aquella vez en que se lo dijimos a papá y su reacción más preocupante que otra cosa. Aquel cansancio de mamá incluso antes de notarse el embarazo, y la forma en que apenas salia de su habitación.

Recuerdo cuando no querían escoger nombre, y como mamá se veía cada vez más apagada.

El grito de aquella noche, y como me dijo que regresaría.



Sé que al final todo salió bien, y cuando todo salió bien las cosas volvieron a ser como eran, la alegría creció con la llegada de Tomoe, y mamá mostró una gran recuperación.

No quería verla de nuevo en ese estado, y no quería pasar por algo similar nunca, pero...

Esta vez no se ven asustados, al contrario, cuando le dieron la noticia a papá corrió a abrazar a mamá, después a mi tía. Él estaba demasiado animado.

Y ellas igual.

Tomoe me miraba mientras comía su rebanada de pastel, queriendo una respuesta, pero estaba yo tan confundido como él.

Pero rápidamente intenté reaccionar, no quiero que Tomoe tenga una idea equivocada de su llegada, lo esperábamos, todos, sólo fue difícil...

No debería él pensar en ello, le esperábamos, le queríamos, y pensé tanto en su llegada.

Tomoe me despertó de mi distracción, gritando mi nombre o la forma en que él puede pronunciarlo, me acerqué a él, me dio una probada de su pastel, demasiado dulce, pero no dije nada.

Me pregunto por que estaban tan feliz, es bastante distraído y no entendió del todo lo de un nuevo hermano cuando se lo dijeron.

Me pregunto graciosamente que donde estaba que no lo conocía.

Al escuchar aquello, ellos se detuvieron, mamá peinó un cabello de su frente, y le dijo dulcemente que tendría alguien más con quien jugar, alguien nuevo en la familia, que sería más pequeño.

Ella estaba a punto de decir lo mismo que me dijo una vez a mi, que seguirían amandolo igual, pero no le dio tiempo por que Tomoe hizo un puchero y se bajó de la silla con su pastel entre las manos.

Todos lo miramos en silencio, se bajó tan graciosamente, pero su puchero y carita triste me ponía pensativo.

Lo dejamos comer su pastel solo, para no alterarlo.



Después, lo vi aún triste, coloreando.

Lo ayude un poco, seguía haciendo puchero, le pregunte si sabia que eso no cambiaría nada, y seguirían amandolo igual.

El movió su cabeza, asintiendo.

¿Entonces por que estas molesto?

“Ya no seré el pequeño”

Le tome una mejilla, y le dije que siempre sería el pequeño para mi.

Entonces pudo sonreír, y trato de atrapar mi mejilla igualmente.

Sólo nos esperan días felices.

Toda una vidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora