Perdón.
La palabra que nos hubiera evitado tanto drama, tantas lágrimas, la primera palabra que apareció en mi ente cuando tomé el bus que me llevo a otra ciudad mientras huía de mis actos. Sentía un cosquilleo en mi estomago y un ardor en mis ojos, mis manos comenzaron a sudar y la única razón por la que seguía en pie era que estaba apoyada del cristal; las lágrimas que comenzaron a empapar mis mejillas me quemaban como nunca antes, pero no era dolor lo que me provocaban, al contrario, sentía todo menos dolor. Christopher puso la mano en la espalda y recordé nuestra última vez juntos, cuando no quería ni mirarlo, cuando grité con todas las fuerzas que me quedaban que se pudriera en el infierno, pero ahora todo era diferente, su tacto me estremecióm giré mi cuerpo para mirarlo de frente sin importar que las lágrimas delataran mi tormento, sus ojos me miraron sin entender lo que estaba pasando.
-¿Está todo bien?- Me preguntó y mientras secaba las lágrimas de mis mejillas con un pañuelo que tenía en el bolsillo del saco.
-Nunca seré la persona que todos quieren que sea- Respondí mirando el suelo. -Todos dirán que no te merezco por tratarte como lo hice y quizás tengan razón-.
-No quiero que seas lo que todos quieren, quiero que seas tú misma porque es de esa persona de quien me enamoré.
Christopher había levantado mi rostro con sus dedos en mi barbilla y se acercó para besar mi frente.
-Esto aún no termina.
No me había percatado que la sala estaba iluminada por muy poca luz y había una mesa justo en el otro extremo.
-¿Más que esto?- Pregunté señalando el letrero de las fotos de afuera.
-Eso fue idea de tus amigas.
¿Mis mejores amigas conspirando con mi ex-novio? Eso era nuevo.
Ahora todo esto iba tomando lógica porque nadie más que Ariana, Ingrid, Fatima, Nahomi y Celeste sabían que esa acción me mataría de amor porque se los había mencionado al menos un millón de veces, las mismas veces que había visto el vídeo de Demi Lovato donde hacen algo parecido.
Sentarme en la misma mesa que Christopher con pétalos de rosas regados por todos lados, con velas, vino y pasta era otro de mis sueños, mis amigas habían ayudado en esto, podría jurarlo por mi propia vida, todo esto era lo que había deseado desde que lo conocí y estaba agradecida.
-Superaste las expectativas que no tenía- Dije jugando con un pétalo de rosa. -Nunca imagine que esto sería tan... intimo-.
-¿Esperabas estar con otras 100 personas en un restaurante?- Preguntó Christopher antes de tomar un sorbo a su copa de vino.
-Nunca me importo el lugar, sólo quería estar contigo, pero tengo miedo...
-¿Miedo?
-Sí, tengo miedo de ti porque puedes hacer con mi vida un papalote y yo te lo permitiría. Te odio tanto porque te amo con la misma fuerza y el saber que estas interesado en todo lo que me pasa me confunde aún más, siento que no merezco esto porque fui yo quien te trato como si no valieras nada. Te odio como odio que entre el sol directo a mi cara a través de la cortina por la mañana. Te odio como odio madrugar. Te odio como sólo yo se hacerlo, con todo el amor de mi corazón.
Abrirme con Christopher fue la mejor idea que pudo surgir esta noche, después de liberarme de toda la carga emocional que llevaba conmigo, ya no tenía miedo de huír, quería quedarme ahí por muchas horas más. Ya no era el bastardo que creí que era cuando nos dejamos a la deriva, ya no era más la persona que odiaba por romper mi corazón, sin embargo, nunca lo odie del todo, siempre hubo una parte de mi que creía fervientemente que esto se resolvería, hoy era la misma persona que había conocido hace dos años, la misma persona que ame el primer día, la misma que me había guiado por los pasillos de la universidad cuando estaba perdida entre clases; esa era la misma parte de mi que nunca dejó que lo odiará del todo, la misma que ahora estaba derribado sus barreras y se permitía nuevamente amar y ser amada.
Christopher también abrió sus sentimientos confesándome que, desde que nos separamos, había escrito una carta diaria para mi, una carta sin un destinatario porque no podía encontrarme, una carta sin remitente porque no sabía quien era la persona que invadió su cuerpo desde mi partida.
-Me resultaba complicado mirarme en las mañanas al espejo- Me dijo tomándome de la mano. -Porque eras tu el brillo de mis ojos, y sin ti no había nada que valiera la pena ver en el reflejo, siempre fuiste la razón por la que tomaba el bus de las 7:00 a.m. cuando mi clase comenzaba a las 9:00 a.m., madrugar por ti no era un problema, lo fue hasta que dejaste de presentarte, hasta que Ariana me dijo que no volverías, hasta que noté realmente tu ausencia en mi vida, porque fue entonces cuando decidí que no podía vivir mi vida sin que estuvieras en ella, fue cuando decidí que también me iría lejos, donde ni tu recuerdo pudiera encontrarme, mi vida dio un giro de 360° sin ti y estando en ceros me perdí.
Las palabras de Christopher me lastimaban en el sentido de que, incluso estando lejos de él, podía herirlo. Inconscientemente seguía siendo la perra rompecorazones que lo tachaba de infeliz. Yo creí que todos se burlaban de mi cuando notaron que los papeles habían cambiando, él me hería, yo sufría, él se reía, yo lloraba, pero era todo lo contrario, sentían lastima porque sabían que soñaba con un cuento de hadas como en los libros que leía, quería ser esa persona que se sentía completa, feliz, esa que jamás estaría amargada por culpa de una persona que sabía como acomodar mi vida a su manera, sentían lastima porque sabían que lo amaba y que no lo dejaría...
-Te enviaré las cartas, todas tendrán un destinatario y un remitente ahora- Dijo Christopher poniéndose de pie. -Aunque ya no soy esa alma en pena que simulaba vivir, quiero que sepas todo lo que sentí al perderte-.
-Chris, yo... Yo quiero pedirte perdón- Dije cuando estuve nuevamente de pie frente a él. -Me porte horrible contigo, he sido la peor persona y...
Christopher me interrumpió con un beso, no un beso apasionado, un beso tierno que me decía que todo iba bien, que todo estaría bien y que me estaba perdonando.
-Sadie, te perdono por todo, por haberte enamorado de mi, por haberte roto el corazón, sólo si me perdonas por la locura que vamos a hacer...
-¿Que locura?
-Cúbrete los ojos nuevamente, nos vamos de aquí.
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730 días [Terminada].
Romantik¿Cuanto tiempo son 730 días para ti? Para Sadie y Christopher, 730 días fueron más de 24 meses, 104 semanas, 17, 520 horas, 1 millón de minutos y 63 millones de segundos. Para un corazón roto, 730 días es una eternidad. Eternas gracias a la @Editor...
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