Capítulo 1 - Parte II

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*Narra Lux*

Y mientras avanza el automóvil después de que dejamos a Sadie en su casa, trato de mirar por la ventana lo que resta de camino como si tratará de memorizar cada detalle de la calle; miró dos veces a las parejas que se están besando en las esquinas envidiando el amor que se tienen y deseándoles la felicidad que yo no puedo tener.

Me engañaron.

Otra vez.

Y mientras el automóvil que maneja mi padre avanza sobre un puente, miró desde las alturas confiando en que podré verlo y despedirme de él como es debido, como hubiera querido. Recuerdo la última noche que pasé a su lado y lo recuerdo todo muy bien como si tan solo hubiera sucedido ayer. Esa noche estaba muy feliz y sin embargo, arranqué mil páginas de mi diario porque el llanto las empapaba constantemente; pasé la madrugada entera escribiendo para él aunque jamás lo leería, dejé de llorarlo a las 4:00 a.m. pero esa misma madrugada me dormí a las 6:00 a.m., porque los recuerdos no me dejaban conciliar mi sueño.

Mas tarde en la mañana desperté sintiéndome vacía, seguía estando lejos de mi así que tomé el primer camino que me alejará del infierno del dolor de no tenerlo cerca mío. Cuando llegué a mi casa abracé a mi madre, a mi padre y a Arturo antes de encerrarme en mi recamara, llegando a la conclusión de que soy masoquista hasta limites que ni yo había sospechado. Creo que ni siquiera tenía idea de la culpa con la que va a cargar toda su vida, nadie es culpable como él mismo y sin embargo, navegaba con bandera de víctima como si todo esto fuera una conspiración en su contra...

Me encerré en mi recamara y sin cartas ni despedida alguna, tomé mi navaja de bajo mi almohada, tanto dolor hizo que quisiera morir y de eso trataba esta escena. Corté tan profundamente que sentí que estaba tocando mis huesos pero no me importaba, igual me quería morir.

Juraba que no iba a abrir los ojos nuevamente hasta que Dios me diera la mano pero cuando abrí los ojos estaba viendo a Arturo y maldije a todos; cerré los ojos para volver a abrirlos frente a Sadie quien se veía agotada, con los ojos rojos y llenos de lágrimas.

-Sadie- Dije tomando su mano. -Prométeme algo-.

No quería perder más tiempo, aquí sería más fácil acabar en definitiva con mi vida.

-¿Qué quieres que te prometa?- Preguntó Sadie.

-Haz feliz a Arturo, hazlo feliz como nadie nunca lo hará- Dije.

-No hables como si te estuvieras despidiendo de mi

-Nunca sabes lo que puede pasar Sadie y yo ya no quiero vivir, ya no quiero estar encerrada en clínicas donde me tratan como una loca. Soy una carga para mis padres, incluso para Arturo, déjame ir por favor

-Eres mi amiga y yo no te dejaré ir

-Mi madre tampoco me dejará ir y quiero que en eso me ayudes

-No, ya no hables. Los sedantes te están confundiendo demasiado, duerme, más tarde nos vemos.

Sadie se levantó y salió de la habitación y entonces entró mi madre y yo solo estoy pensando que me muero y me muero como sólo pueden morir los que aman, por todo y sin nada y solo entonces me doy cuenta de que realmente no vale la pena morir por amor porque nadie lo valorá, nadie lo entiende, sólo eres juzgado y muerto no puedes defenderte.

Con lágrimas en los ojos veo a mi madre y tocó la cama para que se siente a mi lado.

-Mira lo que me hicieron mami- Digo mirando a los ojos de mi madre que se han envejecido en unos días y que están hinchados de tanto llorar. -Me han destruido-.

-¿Quienes te lastimaron bebé?- pregunta ella frotando mis manos como si intentara regresar el calor a mi cuerpo. -Dímelo y pagaran cada segundo de tu sufrimiento-.

-Mis sentimientos- Respondo mientras cierro los ojos.

Amar hiere.

Amar mata.

Cierro los ojos para deshacerme del dolor pero solo consigo prolongarlo.

Finjo dormir y cuando mi madre sale de mi habitación, me levanto como puedo de la cama y le pongo el seguro a la puerta, me encomiendo a Dios y sabiendo que no hay lugar para una suicida en el Paraíso, me arrancó la vida, arranco las agujas que me perforan los brazos, que me mantienen con los pies fijos en el mundo y cierro los ojos para esperar a la muerte; mientras espero veo los rostros de las personas a las que he amado, a las que he odiado, las personas que me amaron y que me han odiado... Antes de mi último suspiro veo el rostro de la persona que me orillo a esto y no quiero odiarlo, al contrario, quiero agradecerle que me haya librado de este dolor...

Pensé en despedirme y decirle adiós para siempre, pensé en eliminar todo rastro de él de mi mente pero entonces comprendo que decirle adiós no me hará más fuerte, mucho menos ahora que abandono mi cuerpo y se liberá mi alma.

730 días [Terminada].Donde viven las historias. Descúbrelo ahora