Capítulo 8 - Parte II

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*Narra Arturo*

Cuando despierto estoy en una cama de hospital con unos candados de seguridad que me impiden levantarme. ¿Cómo llegué aquí? No lo recuerdo pero Sadie no puede estar muy lejos; lo último que recuerdo es entrar a su habitación y a ella llena de temor estaba recargada en un espejo, después de eso, no recuerdo nada.

Un médico entra a la habitación y afuera puedo ver a dos policías de pie resguardando como si creyeran que podré quitarme los candados y salir huyendo; el médico no me dice nada relevante y cuando pregunto por Sadie -dónde y cómo esta- me ignora pero los gritos que provienen del pasillo me responden las preguntas que el médico ignora.

-¿Dónde está ese cabrón?- Grita Ingrid. -¿Cómo se atrevió a ponerle una mano encima?-.

Su voz me llega hasta el lugar más escondido de mi ser y por primera vez en mi vida, siento un verdadero miedo.

*Narra Sadie*

Casi no puedo hablar cuando el médico me dice que llame a las personas que crea conveniente que sepan mi estado. Yo solo quiero llorar. Soy libre de una prisión de la que nadie sabia, seguro mi madre no me busco porque supuso que estaba muy feliz con Christopher y por eso no la llamaba, no quiero ni imaginar que pasará cuando le cuente el infierno que pase.

Cuando me dejan sola para hacer las llamadas, de manera mecánica marco el numero de mis emergencias personales: Ingrid.

-¿Hola?- Pregunta la voz que me ha seguido durante mis peores años y que no se ha ido jamás.

-Ingrid- Consigo decir con la voz entrecortada.

-¿Sadie? ¿Estas bien?

-No... Estoy en el hospital... Podrías venir por favor

-Estuviste fuera por mucho tiempo ¿Qué paso?

-Me secuestro... Necesito...

Las lágrimas ya están empapando mi rostro.

-¿Tu madre?

-Sí

Ella hace preguntas cortas que no necesitan una respuesta larga y aburrida. Le digo a grandes rasgos donde estoy gracias a unos folletos -de violencia familiar y terapias psicológicas para superar el trauma de un secuestro- que estan en la mesilla. Al colgar, llamo a mi madre, necesito que me escuche aunque solo sean sollozos y palabras sin sentido.

-Mami- digo cuando descuelga el teléfono.

-Mi niña- dice con la voz que más he extrañado. -¿Por qué no habías llamado?-.

Nuevamente estoy llorando, pero escucharla es lo más tranquilizador que me ha pasado en los últimos meses así que le cuento que las vacaciones se volvieron un infierno y que el demonio vivía bajo el mismo techo. Le cuento que estoy en el hospital con las mejillas llenas de heridas y moretones en distintas tonalidades de azul, verde y morado; obviamente ella no se queda callada y exige saber quien fue él que me hizo todo esto, pero no puedo hablar de él, mis ojos se inundan de lágrimas ante el recuerdo.

-Necesito a tu abogado una vez más- digo evadiendo el tema del nombre de mi secuestrador.

-Siempre que quieras mi niña- me dice de manera tranquila. -Salgo en este momento para allá-.

-Habla con Ingrid, ella también lo sabe

-Christopher se va a arrepentir.

-Él no sabe nada, él me dejo mamá...

Mi madre se queda callada y me dice que todo estará bien. Yo se que no es así pero le doy la razón para que no se preocupe por mi y dicho eso, cuelga.

*Narra Ingrid*

La llamada de Mirza me desconcierta, estaba pensando en llamarla cuando Sadie colgó el teléfono pero ahora es ella quien me busca y quien me pregunta si sé algo de quien ataco a Sadie. Niego todo. Por algo ella no se lo contó. Quedamos en que pasaré a recogerla en 30 minutos mientras recojo algunas de mis cosas para dárselas a Sadie, no se si pueda rescatar algo de lo que se llevo, pero si esta en un hospital dudo que tenga una maleta con sus cosas.

Cuando paso a recoger a Mirza ella lleva un portafolio y viene acompañada de un hombre que trae otro portafolio, lo conozco es su abogado. Tomamos el camino más rápido hacía el aeropuerto, en auto son casi 15 horas de viaje así que decidimos ir en avión para llegar en el menor tiempo posible. Cuando estuvimos ahí, debido a ser un periodo no vacacional pasamos rápido y en lo que fue más o menos una hora, estábamos viajando hacía la costa con Sadie.

Hemos llegado. Salimos del aeropuerto y tomamos un taxi con destino al hospital. Mirza hablaba de términos jurídicos -que yo no entendería jamás- mientras yo jugaba con la pulsera morada de mi mano derecha, recorro uno a uno los dijes que la acompañan: un big ben, una torre Eiffel, una pequeña catedral, una barra de chocolate, una góndola, una torre de pisa entre muchas cosas más. Una promesa entre Sadie y yo, viajar a Europa y visitar los países que conformaban la pulsera.

Una vez en el hospital entramos a preguntar a recepción por Sadie, nos dijeron el número de habitación y caminamos hasta ahí. Nos desviaron varias veces porque en el hospital había policías que tenían acordonada una habitación. Comencé a enojarme porque quería ver a mi amiga, así que me separé de Mirza y su abogado y camine por mi cuenta. Cuando llegué al final de un pasillo escuche su nombre, dos policías que custodiaban la habitación hablaban de la golpiza que le había dado un chico a una chica.

-Su identificación dice que se llama Arturo- Dijo uno de ellos.

Arturo.

Golpiza.

Un chico.

Una chica.

-¿Dónde está ese cabrón?- Grito en dirección a los policías. -¿Cómo se atrevió a ponerle una mano encima?-

Los policías me miran sin entender porque gritaba.

-¿Dónde esta ese hijo de puta?- Grito nuevamente avanzando hacía la habitación intentando abrir la puerta cuando los policías me detienen. -Voy a matar a ese maldito. Él tenía secuestrado a mi mejor amiga-.

Un policía carga como si fuera una niña de 5 años y me aleja de la puerta. Yo pateo todo lo que hay en mi camino, incluso al policía y cuando por fin me deja en el suelo nuevamente lo miro a los ojos. Tiene unos 25 años y unos ojos cafés que me miran de arriba a abajo. Es lindo.

-Quiero ver a la persona que esta en esa habitación-Le digo ignorando que mi rostro está ardiendo y no sé si por pena o por enojo, pero lo miro a los ojos intentando que entienda que más que una orden es una suplica.

-Me temo que eso no es posible señorita...- Me dije alargando la ultima palabra buscando como nombrarme.

-Ingrid

-Señorita Ingrid, me es imposible dejarle pasar a ver a la persona de esa habitación

-Mira... perdón, mire, ese cabrón tenía a mi amiga secuestrada, así que no puedo estar tranquila. Así que me va a disculpar pero necesito verlo a la cara.

Él me mira y no puedo descifrar si se esta burlando de mi o esta tratando de descifrar mi nivel de enojo.

-¿Sí te invito un café podrías dejar de gritar?

Desconcertada me doy la vuelta consciente de que mi rostro es color escarlata cuando siento que me toman la mano y colocan algo en ella.

Cuando me giro, él ya esta de regreso a su puesto en la puerta de la habitación; dentro de mi mano hay una tarjeta de datos doblada de la peor forma posible, cuando consigo desdoblarla, puedo leer:

Santiago Brito

33-5403-9987

Niego con la cabeza mientras camino hacía la habitación de Sadie mientras sonrió. ¿Por qué sonrió si el muy cabrón no me dejo pasar? No puedo quitarme su mirada de encima, es imposible, tenía unos tan lindos que...

-Creo que lo llamaré- Acepto en voz alta.

730 días [Terminada].Donde viven las historias. Descúbrelo ahora