22. Nene.

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Me levanto de mi cama, mientras la radio de mi reloj despertador suena. Una canción pegadiza suena, haciéndome sonreír y bailar mientras camino hacia el baño.

Son exactamente las ocho de la mañana, el sol se cuela por la pequeña ventana del baño dándome luminosidad. Me miro en el espejo, recién levantada lusco horrible, el cabello enredado, mis ojos hinchados y la cara marcada por la almohada.

Me lavo la cara y los dientes, cepillo mi cabello atandolo en un moño alto. Salgo del baño y busco en mi armario la ropa que uso para hacer ejercicio. Tres días después de que me instalé en casa de mis tíos, comencé a hacer ejercicio. Si quiero ser modelo, debo tener una buena figura. O al menos lo que para esa gente es una buena figura.

Unos leggins negros y un top del mismo color. Tomo el reloj que cuenta los pasos y lo pongo en mi muñeca. Apago la radio, tomo mi celular junto con los audífonos y salgo de mi habitación.

Han pasado ya dos meses desde que vivo con mis tíos y aún no me puedo acostumbrar. ¡La casa es enorme! Tienen una habitación para cada cosa, una enorme lavandería, una enorme biblioteca, un enorme gimnasio con diferentes aparatos para ejercitarse, una enorme sala de videojuegos y películas, una enorme cocina y un enorme comedor. Y esos son solo los lugares donde he estado. Ya que no me atrevo aún a explorar lo demás. Pero por lo que me había comentado Rasmus, sé que hay una "sala" de hidromasaje.

Bajo los escalones, que me parecen eternos, verificando que el reloj cuente los pasos que estoy dando y me dirijo a la cocina. Rasmus está aquí preparándose un licuado de quién sabe qué, como todos los días. Para mantener su figura esbelta pero musculosa, el bebe algo que combina con unos polvos raros. Vienen en una lata que parece leche para bebé o chocolate en polvo.

No he querido saber más sobre ese extraño polvo ya que en realidad no me interesa.

- Buenos días.- saluda el, como todos los días, con una sonrisa tensa.

- Hola.- avanzo hasta la alacena, que es enorme por cierto, donde Nidia guarda un montón de paquetes de botellas con un litro de agua. Yo suelo acabar el agua de las botellas y luego rellenarlas con agua del fregadero, pero a escondidas, ya que a Nidia no le agrada beber de ahí. Tomo una botella, la abro y le doy un sorbo. El agua es mi mejor amigo... o al menos eso dice la dieta.

- ¿Como te va en la escuela?.- pregunta mi primo, mientras sirve su... ¿malteada? En un termo.

Levanto los hombros, gesto que le robé a Daryl.
- Bien supongo... son los primeros días.

- ¿Ya hiciste amigos?

Aprieto los labios y asiento. Quiero ver su reacción si menciono a Holly...
- Si... unos cuantos, pero sigo pasando el rato con Holly.- su rostro enrojeció, pero no se movió.- ella también se inscribió en Fannin County.

El asiente, dejando la licuadora junto al fregadero. Lo miro pero ya no frunzo el ceño, ya que antes me parecía extraño que no lave la licuadora después de usarla. Pero ahora sé qué tipo de chico es y no podría esperar más que eso.

- Qué bueno, me... alegro que conserven su amistad.

Asiento, la incomodidad me asfixia asi que comienzo a caminar hacia la salida.
- Nos vemos al rato...

- Si...

Me puse un audífono y subí las escaleras, yendo ahora hacia el gimnasio. Entro y visualizo la caminadora que suelo usar. La enciendo y después de poner buena música, comienzo a trotar.

Sé que Rasmus ha entrado a la habitación. Siento sus ojos sobre mi. Mi cuerpo se tensa pero lo ignoro. Sé que quiere hablarme más, contarme sus cosas y convivir como hacíamos antes. Pero para nosotros no habrá más que esto, después de lo que le hizo a Holly, no creo poder tratarlo de otra forma.

Circles. |Daryl Dixon|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora