11.- Dímelo

6.7K 533 368
                                        

Luka [α]

El omega que estaba frente a mí era una jodida tentación, y lo peor de todo es que ni siquiera me estaba seduciendo solo estaba siendo el mismo.

Oh, Dios, era tan lindo.

Se veía tan adorable usando mi suéter de cuando aún era un preadolescente que llegaba a apegarse un poco a sus caderas y más que esa ropa interior apegada a su cuerpo no ayudaba mucho. Si lo hubiera visto así antes creo que sería en un sueño húmedo pero era completamente real.

Adrien se encontraba tranquilamente recostado en mi cama dándome un buena vista, pero debía ignorarlo o sino mis instintos irían en mi contra y terminaría asustándolo, y esta vez terminaríamos con un cachorro en nuestros brazos.

—Esto, Adrien.— tartamudeé llamando su atención.—Podrías cambiar tu posición, por favor.

Volteó su precioso rostro para mirarme, sus profundos ojos esmeralda analizaron mi rostro el rubio rió divertido y asintió, inclinó un poco su trasero dejándome apreciar más la vista para luego obedecer.

Estaba jugando tranquilamente con su celular.

—Si termino con el rostro golpeado por el celular será tu culpa.—bromeó animado.—¿Puedes traerme un zumo de naranja, por favor?

Asentí algo sonrojado cuando esté se estiró en el colchón permitiendo que mirara su esculpido y pálido abdomen, me preguntó si su piel seguía siendo tan suave que la última vez.

Joder, ¿acaso este niño está seduciéndome?

Porque de ser así de sexy debería ser un pecado, y yo como todo un idiota estaba cayendo ante esa belleza.

Si yo llegaba a conocer a mi omega destinado, estaba seguro de que mientras Adrien estuviera a mi lado no le haría caso.

A pesar de que el rubio no fuera mi destinado no podía evitar tener una gran atracción hacia él, su carácter firme, su ternura disfrazada de enojo y su perfecta presencia hacía que enloqueciera.

Me sentía como un jodido lobo preso de sus instintos en marcar a su presa, su aroma era adictivo, es como si me llamara.

Quería ponerle caliente y gimiendo mi nombre.

Mierda, no Luka, tienes que calmarte, actúas como todo un idiota. Que Agreste me calentara más que el sol de verano no significaba que voy a estar pensando en cómo hacerlo mío a cada rato, él había venido con el fin de sentirse seguro en mi departamento.

Después de contarme sus inseguridades y con la carita más tierna de un cachorro perdido que lo cuidara no podía pensar en hacerle el delicioso.

Llegué a la cocina entre pensamientos sucios buscando en la refrigeradora un jugo para el rubio, pero al parecer había pasado mucho tiempo allí que él apareció por la puerta buscándome con la mirada.

—¿Luka, qué pasa con esa cara abatida?.—cuestionó inocentemente.—Si te sientes cansado yo puedo ayudarte, no quiero ser una molestia para ti.

Adoraba su actitud dominante pero me prendía cuando se volvía alguien dulce, me recordaba a esos tiernos conejos que mi hermana veía en las redes sociales. Lo veía tan follable.

¡Por los dioses, Luka Couffaine, ten autocontrol!

—Hey Couffaine si no quieres que te dé una buena patada en el culo, te pediría que no tuvieras esos sucios pensamientos sobre mí.—sonrió de forma aterradora.—Y menos hables sobre tu fetiche a esas criaturas tan tiernas, por favor.

¿Acaso podía leerme la mente? Mi precioso bebé tenía poderes y yo no lo sabía.

—¿Cómo sabías?.—tartamudeé nervioso con el rostro sonrojado.

The Wolf [Lukadrien] +18Donde viven las historias. Descúbrelo ahora