Día once.
-A las once en el departamento, no se te olvide por favor- le dije a Elaine mientras ella caminaba a la puerta para ir donde su familia.
-Lo sé, Joaco-. dijo, tomó su bolso y salió.
A Eduardo no lo había visto hoy, puesto que se fue desde bastante temprano a casa de sus padres.
Mis nervios aumentaron cuando el reloj indicó las 7:12 PM, Emilio estaría aquí en 18 minutos.
Me mire al espejo y suspiré, mis chinos estaban despeinados igual que siempre, con un poco de crema para mantenerlos cedosos, mis jeans entallados oscuros con una camisa blanca con negro y mis botas negras.
Me puse perfume y acomodé todas las cosas cerca de la puerta para cuando Emilio llegará.
Pase una pequeña lista en mi cabeza comprobando que llevaba todo.
Teléfono celular.
Pastel de manzana y canela.
Chaqueta.
Dinero.
La puerta crujió bajo los dedos del que me imagino que sería Emilio, abrí y efectivamente era el.
-Oh Dios del cielo, yo trato de controlar mis impulsos y tu me pones en frente a un ángel-. Emilio dijo mirando al techo.
-Supongo que es un cumplido.
-Supones bien-. él movió las cejas y yo rodé los ojos.
Me gire para tomar mis cosas y me sobresalté por el gritó de Emilio.
-¡Mierda!, ¡Tu maldito trasero!, ¡¿Llevas tanga?!
- ¡Por supuesto que no, idiota!- grité y lo golpeé.
-Jesús Joaco, tu culo se ve tan bien en ese pantalón que podría tocartelo corriendo el riesgo de que me cortes las bolas.
-Te detesto, cerdo asqueroso- puse la caja del pastel en sus manos con fuerza haciéndolo tambalear.
Tomé mis cosas y salí dando un portazo.
No espere a Emilio ni un minuto, caminé a paso rápido hacia su camioneta, agradecí a Dios del Cielo que estuviera abierta, abrí la puerta de golpe y sobre el asiento 11 rosas en un pequeño ramillete.
Suspiré y las tomé antes de sentarme.
Cerré la puerta y esperé a Emilio mientras guardaba la torta en la parte trasera del auto.
-Bonito...- suplicó.
-No me hables- le corté de inmediato.
-Pero Joaco.
-Nada, no me hables-. miré por la ventana y él suspiró.
El recorrido a casa de Antonella fue bastante rápido, el tránsito era ligero y Emilio conduce bastante rápido.
Bajé del auto y tomé entre mis manos la tarta.
Caminé hasta la puerta de la casa y esperé a Emilio.
-Chulo-. su brazo buscó rodear mi cintura pero no se lo permití.
Él bufó e introdujo las llaves en la cerradura.
El olor a pavo recién cocinado se coló por mis fosas nasales, aspiré deleitandome, Emilio se puso por detrás de mi ayudándome a salir de mi chaqueta.
Tomé la caja y espere que él me guiara.
-Bonito, yo lo sien...
-No me hables, sólo vamos-. No lo miré y él bufó.
ESTÁS LEYENDO
Treinta. |EMILIACO|
FanfictionTreinta, sólo dame treinta días y lo conseguiré. Adaptación.
