Capítulo 13: Noche Buena

3.4K 347 203
                                        

Día once.

-A las once en el departamento, no se te olvide por favor- le dije a Elaine mientras ella caminaba a la puerta para ir donde su familia.

-Lo sé, Joaco-. dijo, tomó su bolso y salió.

A Eduardo no lo había visto hoy, puesto que se fue desde bastante temprano a casa de sus padres.

Mis nervios aumentaron cuando el reloj indicó las 7:12 PM, Emilio estaría aquí en 18 minutos.

Me mire al espejo y suspiré, mis chinos estaban despeinados igual que siempre, con un poco de crema para mantenerlos cedosos, mis jeans entallados oscuros con una camisa blanca con negro y mis botas negras.

Me puse perfume y acomodé todas las cosas cerca de la puerta para cuando Emilio llegará.

Pase una pequeña lista en mi cabeza comprobando que llevaba todo.

Teléfono celular.

Pastel de manzana y canela.

Chaqueta.

Dinero.

La puerta crujió bajo los dedos del que me imagino que sería Emilio, abrí y efectivamente era el.

-Oh Dios del cielo, yo trato de controlar mis impulsos y tu me pones en frente a un ángel-. Emilio dijo mirando al techo.

-Supongo que es un cumplido.

-Supones bien-. él movió las cejas y yo rodé los ojos.

Me gire para tomar mis cosas y me sobresalté por el gritó de Emilio.

-¡Mierda!, ¡Tu maldito trasero!, ¡¿Llevas tanga?!

- ¡Por supuesto que no, idiota!- grité y lo golpeé.

-Jesús Joaco, tu culo se ve tan bien en ese pantalón que podría tocartelo corriendo el riesgo de que me cortes las bolas.

-Te detesto, cerdo asqueroso- puse la caja del pastel en sus manos con fuerza haciéndolo tambalear.

Tomé mis cosas y salí dando un portazo.

No espere a Emilio ni un minuto, caminé a paso rápido hacia su camioneta, agradecí a Dios del Cielo que estuviera abierta, abrí la puerta de golpe y sobre el asiento 11 rosas en un pequeño ramillete.

Suspiré y las tomé antes de sentarme.

Cerré la puerta y esperé a Emilio mientras guardaba la torta en la parte trasera del auto.

-Bonito...- suplicó.

-No me hables- le corté de inmediato.

-Pero Joaco.

-Nada, no me hables-. miré por la ventana y él suspiró.

El recorrido a casa de Antonella fue bastante rápido, el tránsito era ligero y Emilio conduce bastante rápido.

Bajé del auto y tomé entre mis manos la tarta.

Caminé hasta la puerta de la casa y esperé a Emilio.

-Chulo-. su brazo buscó rodear mi cintura pero no se lo permití.

Él bufó e introdujo las llaves en la cerradura.

El olor a pavo recién cocinado se coló por mis fosas nasales, aspiré deleitandome, Emilio se puso por detrás de mi ayudándome a salir de mi chaqueta.

Tomé la caja y espere que él me guiara.

-Bonito, yo lo sien...

-No me hables, sólo vamos-. No lo miré y él bufó.

Treinta. |EMILIACO|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora