Los meses pasaron, el verano se acabó. El día de mi cumple (el 6 de Julio) lo había pasado con Nairobi, Denver y Río. Nos habíamos pasado la tarde en el jardín riendo. Fué un día realmente divertido.
Quedaban 2 semanas para el atraco, y todos lo sabíamos. En la casa se respiraba un aire tenso, de nerviosismo. Me hice más amiga de Río, y pasé las tardes con Nairobi y, a veces, con Tokio. No le dije los nombres del Profesor ni de Berlín a nadie. Ni a ellos mismos.
Una tarde estábamos Nairobi y yo en mi cama estiradas, hablando. Empezamos a hablar sobre el atraco que venía.
Pues yo estoy nerviosa. - Me dijo Nairobi.
Pues yo también. - Le contesté. - Pero también estoy muy emocionada. Seremos héroes.
Ya, bueno. - Me dijo. - Pero por un precio muy alto: puede que nuestras vidas.
Eso no va a pasar. - Le contesté. - No dejaré que pase.
Roma, - dijo - me tienes que prometer algo.
Depende. - Le contesté, sonriendo.
Que pase lo que pase, no te dejarás matar. - Me dijo.
Eso no te lo puedo prometer. - Le contesté. - Porqué no voy a dejar que te pase nada Nairobi, y eso no es compatible con tu promesa.
No me hagas esto, no te quiero ver sufrir. - Me dijo.
Yo tampoco te quiero ver sufrir. - La interrumpí. - Si pasa algo, y tengo que salir a disparar sin chaleco antibalas porque te ha pasado algo a tí, saldré.
Me miró, y se le llenaron los ojos de lágrimas.
Se sinceró conmigo y me contó que tenía un hijo llamado Axel al cual no lo había visto en 3 años o más. Quería coger el dinero del atraco y cuidarlo.
Gracias por contármelo. - Le dije, al final de su explicación. - Realmente valoro tu sinceridad.
Ya que ella me había contado su secreto, yo decidí contarle el mío también.
Yo también te tengo que contar algo. - Dije.
Le conté que el Profesor era mi padre, que me había adoptado.
¿Enserio? - Me preguntó, sorprendida.
Sí, bueno. - Le contesté. - Lo hizo para que yo pudiera venir aquí.
Se me pasó por la cabeza decirle que Berlín era mi tío, pero no quise, ya que estaría desvelando un secreto de otra persona.
Nos quedamos en silencio, yo pensando acerca de lo que podría pensar, y ella supongo que en su hijo.
Las 2 semanas pasaron, yo estaba muy nerviosa. Pero no por lo que me podría pasar a mí, si no por lo que le podría pasar a mis seres queridos. La noche antes del atraco cenamos, reímos, hablamos. Como siempre, no había nada de especial.
Me fuí a mi cuarto, para descansar. Pero no pude dormir. Estaba muy nerviosa. Recordé lo que me había dicho el Profesor: "Habitación número 8, por si necesitas algo." En ese momento sí que necesitaba algo, necesitaba hablar con él. Así que me levanté, y me dirigí a la planta de arriba.
Piqué a la puerta que tenía un número 8 muy mal dibujado.
¿Quién es? - Preguntó la voz del Profesor.
Soy Roma. - Le contesté.
Ah, entra. - Me dijo.
Entré y cerré la puerta. Su habitación era muy parecida a la mía, solo que tenía una especie de armario lleno de pájaros hechos con papel. Él estaba estirado en la cama, leyendo. Habían dos camas, una estaba totalmente vacía.
¿Qué necesitas? - Me preguntó.
No puedo dormir. - Le contesté. - Estoy muy nerviosa por lo que pasará mañana.
Tranquila, - me dijo - a tí no te pasará nada. Si te pillan te iré a buscar, si te hacen daño Helsinki te ayudará, no te pasará nada.
Me tienes que prometer una cosa. - Le dije.
¿El qué? - Me preguntó.
Que si pasa algo, te escaparás. No te quedarás a protegernos. - Le contesté.
Eso ya se lo he tenido que prometer a alguien. - Me dijo.
¿A quién? - Le pregunté.
Pensé que diría a Berlín, ya que eran hermanos.
A Berlín. - Me contestó. - Somos muy amigos.
Sé que sois hermanos. - Le dije.
Quería que supiera la verdad.
¿A sí? - Me preguntó.
Lo escuché un día, por casualidad. - Le contesté. - También sé vuestros nombres.
Se quedó paralizado. Dejó el libro encima de su mesita.
¿Cómo...? - Empezó a preguntar.
No quería que supiera que le había estado espiando.
Sergio Marquina y Andrés de Fonollosa. - Le dije, del tirón.
¿Sabes alguno más? - Me preguntó.
No. - Le contesté.
Prometeme que no se lo dirás a nadie. - Me dijo.
Te lo prometo. - Le contesté. - Pero tú prometeme que si pasa algo huirás, que no te dejarás coger.
Se quedó en silencio.
Yo tampoco quiero que te pase nada. - Me dijo.
Prométemelo. - Insistí.
No quería que la primera família que había tenido en años muriera o que le pasara algo.
Supongo que me vió muy decidida, porque accedió.
Te lo prometo. -Me dijo, al final de un silencio incómodo. - ¿Has venido aquí por eso?
Noté que su voz había cambiado a una de preocupación.
No, es que no puedo dormir. - Le contesté.
¿Quieres quedarte aquí? - Me propuso. - Hay sitio de sobras.
Pensé que sería mejor pasar esa noche en compañía. Así que acepté.
Me metí en la cama vacía, y me quedé dormida en seguida.
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Roma ~ La Casa de Papel
FanfictionQuién diría que de ser una chica a la que le gusta disfrazarse, pasaría a formar parte del atraco más grande de la historia. El Profesor había puesto 3 normas, pero las normas están para romperse, ¿verdad? ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~...
