Capítulo 14

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Los rayos del sol que comienzan a entrar por las ventanas de la habitación impactan directo en mis pestañas provocando que despierte. Hundo la cara en la suave almohada y respiro el suave aroma de un perfume que no conozco, abro los ojos y rápidamente me incorporo sobre mis manos, miro mí alrededor solo para recordarme a mí misma que no estoy en mi habitación. Los recuerdos de la noche anterior comienzan a hacerse presentes en mi mente: los besos, las caricias, la noche interminable. No puedo evitar sonrojarme al pensar en lo sucedido.

Busco a Alex a mi lado en la cama, pero no lo encuentro, debió haberse levantado más temprano, acepte su propuesta de relación sin compromisos y era momento de afrontarlo.

Envuelvo la gran sabana alrededor de mi cuerpo y entro a un baño al costado de la habitación, me aseo y ato mi cabello en una alta coleta. Vuelvo a la habitación y me coloco mis bragas y una camisa de mangas largas de Alex que encuentro sobre un sillón, salgo del cuarto y bajo a la planta inferior. Con la luz de la mañana se podía observar en todo su esplendor la grandilocuencia del pent-house, las paredes pintadas en tonos blancos provocaban la sensación de un mayor espacio interior en conjunto con la gran ventana de cristales, las paredes decoradas con marcos de cuadros de fotografías de bellos paisajes urbanos y marítimos adornaban cada centímetro de los gruesos muros, en sí el lugar presentaba un toque rústico que le agregaba encanto natural, no pude evitar pensar en la semejanza de la casa con el dueño en ese punto. Aún estoy impresionada que todo el edificio perteneciese a Alex, quien lo diría.

—Buenos días dormilona.

Doy un sobresalto de la impresión que me causa la voz de Alex a mis espaldas, no me había percatado de su presencia. Giro para encontrarle tras la meseta de la cocina preparando un humeante café caliente, camino en su dirección y me siento en una de las sillas al lado contrario de la meseta quedando frente a él, no me aparta la vista de encima con una mirada devoradora y eso hace que me sea difícil observarle a la cara sin sentir lo mismo que él.

—Buenos días—contesto.

— ¿Quieres un poco de café? —pregunta y tras mi asentimiento me pasa una taza con el oscuro líquido—Recuérdame que te regale una camisa así por tu cumpleaños, te hace ver exquisita, sería un crimen no mirarte.

Sonrío ante su picardía, ya no puedo evitarlo y aun así la tensión sexual que nos rodeaba en todo momento parece no haberse desvanecido del todo, la lujuria seguía brillando en los ojos de ambos.

— ¿He dormido mucho? —pregunto para cambiar de tema mientras doy un pequeño sorbo al café.

—En realidad no, aunque creo que deberías revisar tu móvil, no ha parado de sonar en toda la mañana.

Me levanto preocupada de mi asiento y voy en busca de mi bolso, inmediatamente que lo tengo en la mano reviso el teléfono celular. Mierda, habían más de diez llamadas perdidas de Mario y un mensaje de texto. Olvidé por completo llamarle anoche para que no se preocupase. Abro el mensaje y leo:

Mario: ¿Dónde diablos estás? Si no me llamas antes de las diez de la mañana llamaré a la policía.

Miro la hora, las nueve y media debo de apurarme en llamar. Marco el número y no pasan ni dos timbres cuando siento la voz preocupada de mi amigo al otro lado de la línea.

— ¿Se puede saber dónde estás? Llego a casa anoche y encuentro las luces apagadas, pensé que estarías durmiendo y olvidaste llamar, pero no te encuentro esta mañana al despertar y ni siquiera contestas tu teléfono ¿Qué ocurre?

Perfecto Canalla Donde viven las historias. Descúbrelo ahora