Capítulo 20

3.5K 380 24
                                        

La noche avanzaba de maravilla, Alex se comportaba como todo un caballero pendiente a mis necesidades. Tal como prometió, la velada era algo íntimo entre los dos y, para mi sorpresa, el propio Alex había preparado la comida, jamás hubiese podido imaginar esta faceta hogareña suya. Se notaba que todo fue planeado hasta el último detalle: las luces de la casa estaban programadas para que alumbrasen poco, esto combinado con pequeñas velas encendidas a lo largo de las habitaciones y pétalos de rosas esparcidos por el suelo creaban un ambiente místico e inigualable.

La música de fondo era variada, sin embargo, nada estrepitosa. Las horas transcurren mientras charlamos, reímos y bebemos alguna que otra botella de champagne, más de una vez vuelvo a considerar mencionarle a Alex mi encuentro con Teresa, pero siempre me decanto por no hacerlo, siento que estropearía la linda noche y no estoy dispuesta a ello. Alex se dirige al equipo de música para cambiar el CD y al instante, por las grandes bocinas, comienza a sonar uno de los nuevos temas de Ricardo Arjona: Batichica.
Alex mi tiende su mano para bailar y gustosamente la acepto. La música no es muy rápida por lo que bailamos lento, nuestros cuerpos pegados uno contra otro, una de sus manos agarrando firmemente mi cintura a la par que le rodeo el cuello con la mía. No decimos nada, solo bailamos, estamos tan cerca el uno del otro que puedo sentir su cálido aliento en mi rostro. Un escalofrío recorre toda mi espalda, no pienso solo actúo. Levanto la cabeza y posa suavemente mis labios sobre los suyos.

Alex responde sin demora mi beso y cuando la intensidad comienzo a aumentar se retira.

—Abby, no sabes cuánto te deseo, pero quiero que estés segura de lo que haces, una vez que comience no creo poder detenerme—suspira antes de continuar—No quiero que te arrepientas.

Ni siquiera me detengo a pensarlo, no hay nada que considerar, pasé mucho tiempo negándome este placer y estoy no dispuesta a echarme atrás. Puede que sea el champagne quien esté hablando por mí, pero no me importa.

—No quiero que te detengas—sentencio antes de volver a besarle.

Acaricia mi lengua con la suya, su sabor es dulce y cálido, lo más apetecible que he probado nunca. Tan solo con un beso ya siento mi sangre arder. La mano que permanecía posada sobre mi cintura asciende hasta rozar mi pezón por encima de la ropa, lo que provoca que un gemido escape de mis labios. Al tenerlo tan cerca de mí, siento crecer la erección entre sus piernas provocando que se humedezca el centro de mi deseo. Sus labios abandonan mi boca para comenzar a descender hasta mi cuello dejando un reguero de besos en el camino.

—Vamos arriba—propone, yo solo asiento y le sigo.

Llegamos a su habitación y comienza a desvestirme hasta dejarme solamente con las bragas, para luego desvestirse él, no obstante, pongo mis manos sobre las suyas para detenerle.

—Déjame a mí.

Alex suelta una sonrisa.

—Soy todo tuyo.

Desabotono su camisa con dedos un poco temblorosos, mentiría si dijese que no estoy un poco nerviosa, no obstante, mi deseo es mayor que todo lo demás.

Arrojo su camisa al suelo y le desabotono los pantalones, permito que Alex se quite los zapatos antes de arrojarlo boca arriba sobre la cama. Ahora, al igual que yo, solo se encuentra en ropa interior. Subo a horcajadas sobre él y le beso nuevamente sus labios. Con una sensualidad que no sabía que tenía hasta el momento, comienzo a descender de manera lenta hacia su pecho sin perder detalle de los gestos en el rostro de Alex, le gustaba la manera en que le besaba y tocaba, lo cual me motivo a seguir saboreando. Me detengo al llegar a sus bóxer y comienzo a retirárselos dejando completamente expuesto su gran miembro.

Cierro la palma de mi mano en torno a él y comienzo a masajear cuidadosamente, siento como la respiración de Alex se entrecorta. Bajo mi boca hasta su húmeda punta para pasar mi lengua por ella. Alex tapa su cara con sus manos, se está conteniendo.

— ¡Por Dios Abby, vas a matarme!

No respondo, solo sonrío y continúo. Paso mi lengua una y otra vez a todo lo largo hasta que finalmente introduzco todo su miembro en mi boca. Con ayuda de mi mano subo y bajo repetidas veces sin dejar de mover mi lengua al mismo ritmo, repito el proceso de manera lenta, siento como su pene se calienta en mi boca y bajo mis manos, me deleito en su calidez y sabor. Siento las manos de Alex levantarme hacia donde está el para colocarme de espaldas a la cama.

—Haz jugado con fuego, ahora me toca a mí.

Alex comienza a besar todo mi cuerpo deteniéndose justo es mis pechos, chupando y mordiendo cada pezón hasta que se encuentran completamente erguidos, mientas que coloca su mano en la humedad entre mis piernas, me excita, juega conmigo y me tortura. Introduce primero un dedo y hurga en mi interior antes de colocar un segundo dedo. Me prepara cuidadosamente para lo que vendrá a continuación. Sin embargo, sus capaces dedos no se comparan en lo más mínimo a su grande e hinchado miembro. Retira su mano de mi entrepierna y en su lugar se coloca el.

— ¿Estás lista?

—Si—es lo único que soy capaz de decir.

Con una certera pero rápida embestida se introduce en mi interior.

—Por Dios Abby, estas tan estrecha y húmeda, no creo poder ir suave.

—No lo hagas.

Mis palabras parecen ser la clave final para culminar con su autocontrol, envuelvo mis manos alrededor de sus hombros mientras entra y sale de mí aumentando el ritmo cada vez más. Levanto la cabeza hacia él solo para saborear sus labios, jamás he necesitado sentir tanto a un hombre como a Alex en este momento, me llena completamente. Siento el cosquilleo en mi bajo vientre anunciándome que llego al clímax y lo recibo gustosa, me corro con fuerzas y segundos después Alex suelta su caliente líquido en mi interior.

Ambos caemos agitados y sudados sobre el colchón, luego que recupera el aire siento como Alex se levanta y entra al cuarto de baño que hay en la habitación, escucho el agua de la pila caer. Minutos después sale y me carga entre sus brazos para regresar al baño.

—Puedo caminar, ¿sabes? —le digo, aunque yo no estoy muy segura de ello, aun puedo sentir mis piernas temblar.

—Déjame consentirte un poco.

Entramos al baño y encuentro la bañera llena de agua caliente hasta el tope, me deja lentamente dentro de la bañera para luego entrar él. Me coloca de manera que mi espalda queda contra su desnudo pecho y comienza a masajear mis hombros logrando que me relaje completamente. Pasamos unos cuantos minutos en silencio cuando de repente suelta.

—Sé que soy egoísta con lo que te diré, pero necesito que lo sepas, necesito ser tu fuente de apoyo, necesito que me necesites—hace una pausa como quien mide el peligro en sus palabras— Deseo que me ames.

No conteste, solo recuesto la cabeza sobre su pecho, no podía decirle que era muy tarde para eso, ya lo amaba, desde hace mucho tiempo.

Perfecto Canalla Donde viven las historias. Descúbrelo ahora