Quizás, esta jugando contigo

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Librarse de Sam, había sido mucho más difícil de lo que había imaginado, usualmente, pasaban un rato tiradas en el parque, para luego ir por un café y finalmente cada uno se iba a sus respectivas casas, pero cuando recibió la llamaba, lo único que había querido Britta, era que la tierra la tragara, al ser amigas desde pequeñas, se contaban todo, todo. Si era cierto que ahora de grande, sentía que la relación con su amiga, ya no era lo mismo, no podía negar que toda la vida había confiado en ella y se conocían todo de la otra, claramente Sam sabía quién llamaba y quien no llamaba a Britta.

Cuando Sam le pregunto quién era Robert, ella le dijo lo mismo que había respondido, es un número equivocado Sam, nadie que conozca. Sin creerle mucho, se levantó del pasto y le dijo que fueran por un café antes de volver a casa, pero no se sentía con mucho ánimo para ir a tomar café a pesar de que lo amaba con locura y pasión. Y si había algo que Sam no entendía era que Britta, la adicta al café, rechazara su gran amor, algo que le pareció bastante extraño.

– ¿Quién es, Britta? – mirándola de forma curiosa y a la vez, un poco enojada por no querer hacerla parte de ese secreto – le pregunto.

Sin saber muy bien que responder, tomo ambas mochilas en señal de que le siguiera.

– Te cuento en el café – fue todo lo que le dijo.

Cerca de donde vivían tenían locales comerciales, algo así como un mini centro comercial, ahí estaba ubicada su cafetería favorita, a la que iban, cuando no andaban en auto o cuando se aburrían de Starbucks. Caminaron un par de minutos y llegaron, Britta, le dijo a Sam que buscará mientras ella iba por sus cafés. Así le daba tiempo para pensar como le iba a contar lo que había vivido donde Cristina, porque era algo que ni ella podía creer.

Pidió dos ''cold brew'' y espero hasta que se los entregarán.

Por fin, desde que había recibido su llamaba, miro su celular, no sabía que pensar. La había llamado, ella no le había dado su número, como lo había conseguido se preguntaba, quizás se lo pidió a Cristina, pero con qué clase de justificación.

Cristina, me puedes dar el número de teléfono de tu nieta, por favor – diría Robert.

A lo que Cristina, hubiera dicho, por su puesto acá está el número de mi nieta, quien es trece años menor que tú y de la cual, acepto que la cortejes, por supuesto que eso jamás paso.

No se había dado cuenta que tenía un mensaje de un número desconocido, su corazón, comenzó a palpitar rápidamente una vez más, por dios, estaba segura que era.

De verdad quería saber de ella, de verdad, algo había provocado ella en él. No sabía qué hacer, estaba tan concentrada en su celular, que el barista que ya la conocía le toco su hombro para que reaccionará.

– Britta – dijo el chico – tus cafés

Estaba tan concentrada en sus pensamientos, que cuando Vincent tocó su hombro, se asustó.

– por dios, Vincent, lo siento – lo miró para disculparse – ya sabes que a veces, soy bastante tonta.

Se conocían hace bastante tiempo, un año más o menos, desde que habían conocido la cafetería y desde que la habían conocido, él ya trabajaba allí.

– Britta, no te digas tonta, estabas muy concentrada, eso es todo – le pasaba los cafés y unas galletas de regalo – bueno, sus cafés señorita y su amiga, se terminará la cajetilla entera si no se apura – le dijo.

No había alcanzado a leer el mensaje, por dios, necesitaba un cigarrillo.

Le paso el café a Sam, quien había elegido su mesa preferida que daba a un rincón donde nadie podía tomarlas por sorpresa y quedaban bastante protegidas de algún imprevisto.

Aquí conmigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora