Samanta Smith tiene una vida peculiar, vive sola acompañada de su único gato Felix, quien también parece odiarla.
Tiene amigas y un buen trabajo, pero...
Samanta Smith jamás a recibido rosas.
Tampoco chocolates.
Y así mismo jamás a tenido citas.
Sa...
La ceremonia se lleva a cabo en la misma casa del futuro esposo de una de mis mejores amigas, Eliza luce emocionada y mientras Asher esperaba en el patio junto a los invitados, las chicas y yo fuimos a ver a nuestra amiga.
—¿Cómo me veo?. —Pregunta Eliza, se ventila con ambas manos como si de esa forma evitara que las lágrimas salieran, aunque está funcionando.
—Radiante.
—Preciosa.
—Impactante.
Los ojos de Eliza se llenan de lágrimas, corre hacia nosotras y nos rodea con un abrazo.
—No puedo creer que vaya a casarme, chicas.
—Sí, la primera en aplicar suicidacion. —Pronuncia Britget.
Ivy y yo reímos, Eliza rompe el abrazo.
—Ya deja de llorar que mancharas el vestido. —Le suelta Ivy.
Eliza sonríe y pasa la mirada a cada una de nosotras, luego me mira a mí y extiende su mano, la tomo.
—Gracias por estar aquí, aunque sigas molesta.
—Yo creo que ya no esta molesta. —Suelta Britget.
—Es verdad, hasta trajiste al gigoló a la fiesta. —Me recuerda Ivy. —¿Escogimos uno muy bueno, no?
El calor sube a mis mejillas.
—Nosotros no.
—¿No qué?
Mordisqueo mi labio inferior.
—¿Aun no se acuestan?
Los tres pares de ojos ponen su atención en mí.
—¿Es en serio, Samanta?
—Nuestro trato es diferente.
—Explícate. —Me exige Britget.
No respondo.
—¿Acaso no es suficiente?. —Pregunta Ivy. —Mira que entre todos nuestros ahorros nos salió carito.
¿Y cuánto se supone que han pagado?
—Creo que necesitamos una devolución o un cambio de gigoló.
—No.
Las tres me miran sorprendidas.
—Digo... me agrada.
Me observan con los ojos abiertos.
—¿Te gusta?
Trago saliva. —Sí, me gusta.
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