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Samanta:

Voy a su departamento y estamos solos o eso espero, no deseo llevarme otra sorpresita más y mis ojos aún no se han recuperado, aunque con venir aquí ya me estoy exponiendo para esperar lo peor y mucho.

—¿Quieres algo de tomar o comer?

A ti.

Parpadeo.—No, estoy bien.

Paso las manos por mis brazos.

—¿Tienes frio?

—Un poco.

Creo que es el momento exacto para entrar en calor.

—¿Toby no está?

—No, de haber estado hubiéramos ido a tu casa.

Muerdo mi labio y me acerco a el, Asher si tiene sed, pues se ha servido un vaso de agua.

—¿Y es cierto?

Vaya manera de empezar, Samanta.

—Que estás enamorado de mí.

Sus ojos se abren, deja el vaso y me observa con sorpresa.

Poco a poco me muestra una sonrisa.—Lo estoy.

Mi pecho se infla de emoción.

—¿Y qué hay de ti?.—Me pregunta esperanzado por oír una misma respuesta.—¿Me quieres, Samanta?

Sin ninguna duda, Asher.

—Te quiero.—Confieso y su rostro tras mi declaración lo es todo.

Se acerca a mi.

—Te he echado de menos.

Subo las manos por su pecho y le cojo la mejilla, nuestros labios se tocan despacio y él es quien termina estampando con fiereza su boca contra la mía.

Nos besamos hasta jadear sobre nuestras bocas y Asher no se detiene hasta sentir mis manos pervertidas bajando por su torso y acariciando su miembro por encima de la tela de la ropa.

—Samanta...

—Quiero hacerlo.—Pronuncio y sus ojos me observan, espero que los míos luzcan muy decididos, porque yo estoy muy decidida.

El busca algún rastro de duda, pero se da cuenta que no hay ninguna, lo sé cuándo me toma de la cintura levantándome y me lleva directo a su habitación.

Mis pies tocan el suelo y ambos nos miramos a los ojos, estoy sonrojada y él es quien da el primer paso, quitándose la camiseta, sus pectorales quedan ante mi vista, pero no llego a tocarlos, Asher se agacha y desajusta el seguro de mis zapatos, me sostengo de sus hombros y el me quita uno por uno hasta quedar descalza sobre su frio suelo.

Sus manos están caliente cuando tocan mi piel y enciende todos mis deseos en cuanto suben por mis piernas, adentrándose en mi vestido, su mirada se encuentra con la mía a la vez que sus dedos han jalado de la tira de mis bragas para meter la mano , me acaricia el trasero y baja hasta mi humedad.

Me estremezco.—Asher.

Su pulgar da suaves toques rozando, me acaricia la vagina, más no me penetra con los dedos, entonces esos mismos dedos viajan hasta dar con mi clítoris, toda su palma lo presiona dándome un salto.

—¡Ah..!

—Aun no he empezado, Samanta.

—¿Y que estas esperando?

Él se ríe.

Con esa petición, me baja las bragas y las deja a su costado, Asher me sube el vestido dejando libre mis nalgas y me pide que sostenga la falda contra mi cadera, hago lo que me pide e igual que antes, continúa.

Rosas para una Mujer DesesperadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora