2 - Adaptación

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InuYasha sintió como si un youkai enorme le hubiese dado un puñetazo en el pecho. No dijo nada, no hizo nada, solo se quedó totalmente inmóvil con la mirada perdida y el corazón realmente hundido, mientras en su mente resonaban las palabras "sí lo hubo... sí lo hubo... sí lo hubo..."

Kagome nerviosa y asustada, esperaba que el hanyou se alterara y le gritara reclamándole, pero esta reacción la descolocó.

- InuYasha? - llamó angustiada- Estás bien?

Ante esas palabras el hanyou pareció reaccionar. Enfocó su vista en la chica y sin más se puso de pie dispuesto a marcharse.

- Adónde vas?- exclamó Kagome deteniéndolo de la manga del haori.

InuYasha se zafó con un limpio movimiento y siguió caminando hacia la salida.

- Te vas? Así como si nada?- gritó desesperada y con sus ojos amenazando con unas lagrimas- claro! Pero cuando tú te involucrabas con Kikyo estaba bien, cierto?

- Es muy distinto!- rugió InuYasha enfurecido. Se giró con rapidez enfrentándola- Tú sabías la situación! Además entre nosotros no había nada! Yo no tenía nada, ni con KiKyo ni contigo!

InuYasha sintió como la ira se hacía dueña de su cuerpo, con esfuerzo logró mantener el control, pero sentía que estaba al límite. Kagome lo había traicionado y no podía sacarse de la cabeza que mientras él la esperaba durante 3 años hundido en su añoranza pensando cada minuto del día en ella, rogando por su presencia, ella se divertía con un idiota.

- Tienes razón es muy distinto- respondió Kagome intentando calmarse- pero si me dejaras explicarte...

- Arrg, no quiero escucharte!- gruñó InuYasha cruzándose de brazos. Debía irse, se sentía traicionado y no alivió su orgullo herido el sentir que le picaban los ojos.

- Pues me escucharás igual!- gritó Kagome enfurecida. Se puso de pie con brusquedad y pasó junto a InuYasha cerrando con fuerza la puerta.- Te quedarás y punto. No dejaré que te vayas con una mala idea.

- Mala idea? - repitió irónico y alzando un poco más la voz - meterte con otro idiota no te pareció mala idea, no?

- ABAJO!- rugió Kagome.

El cuerpo del hanyou se estrelló contra el piso con fuerza. El dolor conocido lo dejó silenciado por unos momentos.

- Pasé días encerrada en mi habitación- dijo Kagome antes que al chico se le ocurriese interrumpirla. Se sentó sobre sus talones frente a él que seguía inmovilizado por el hechizo, pero continuó sabiendo que la estaba escuchando al ver que sus orejitas se movieron en su dirección- A la semana llegaron los monjes y lograron convencerme de entrenar con ellos y de pasó me recomendaron que volviera a la escuela. Así que eso hice. Entrené y fui a la escuela, pero a la semana me di cuenta que estaba tan ausente en la escuela que preferí quedarme en casa y dedicarme solo a entrenar...- suspiró algo cansada. No quería recordar esos momentos- No dejé el entrenamiento porque, a pesar de que NADA me motivaba para continuar viviendo en esa época, el estar convirtiéndome en sacerdotisa me hacía sentir cerca tuyo- sacó con delicadeza un mechón de cabello que había caído sobre los ojos de InuYasha- Pero mi familia estaba demasiado preocupada y en un momento de lucidez te imaginé furioso conmigo por no estar viviendo mi vida... así que decidí continuar.

 CONTINUANDO (INUYASHA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora