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La lluvia se desató y él no quería volver a su casa

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La lluvia se desató y él no quería volver a su casa. Por el momento se protegía con el techo de una tienda, pero se tendría que marchar luego y no tenía idea a dónde parar.

Su teléfono vibró en el bolsillo y él miró ambos lados de las vereda antes de sacarlo.

'Hey how about?' [hey ¿Que tal?]

Sonrió ante el mensaje de Canadá ¿quien más que él aparecia para interrumpir su soledad auto infligida?

'¿Podemos vernos? Si es tu casa mejor, me estoy mojando hasta la ropa interior'

'Of course, come' [por supuesto, vén]

Y sin más salió de camino hasta la gran casa de Canadá, obviando el echo de que tomó un taxi, pues realmente se estaba empapando por completo.

Con rapidez golpeó la puerta con su nudillos, apegándose tanto como podía para evitar los chorro de agua que caían del tejado.
La puerta se abrió y él entró con apuro, pidiendo permiso, sin embargo él ya era un desastre.

—You look terrible [te ves terrible] —murmuro el más alto, secando con una toalla la cara de Argentina, quien lo observó molesto por el comentario.

—gracias, vos te ves peor — devolvió con fastidió, al ver los ojos hinchados de Canadá. Posiblemente había llorado hacía un rato.

Ambos se quedaron momentáneamente quietos, observando el rostro del otro y sin querer decir nada. Tal vez si ese día fuese otro ya hubieran acabado en su cama, pero hoy era diferente y solo se querían quedar ahí con él otro esperando distraerse de sus problemas con los ajenos.

—¿Me… me prestas ropa? Así me cambio, porque voy a ensuciar todo así — algo aturdido interrumpió sus miradas, queriendo sacar su maldita ropa mojada y fría que insistía en adherirse a su piel.

—Oh yes... yes, I'll bring some clothes, go to the bathroom in the meantime! You can take a shower [ah sí… ¡Si, traeré ropa, ve al baño mientras! Puedes tomarte una ducha]— con pasos rápidos subió las escaleras, sin darle tiempo siquiera a responder al albiceleste en la entrada.

Argentina camino hasta el baño, aún viendo de reojo el final de la escalera, hasta que cerró la puerta. Ahora frente al espejo, tenía que admitir que Canadá tenía razón, parecía una rata mojada.
Refunfuñando groserías se empezó a desvestir luego de abrir la ducha y mientras esperaba, movió sus ojos al espejo donde veía al perfil de su cuerpo ¿Realmente había algo dentro de él? Instintivamente movió su mano a la parte baja de su abdomen plano.

Recibió un susto cuando escuchó abrir la puerta tras el, obviamente era Canadá y él había visto bastante su cuerpo, pero por alguna razón se sintió avergonzado y se cubrió como pudo con una toalla que estaba colgada ahí.

— Here's the clothes, I think you'll have something big left - are you ok? [aquí está la ropa, creo que te quedará algo grande- ¿Estás bien?] — preocupado miró como Argentina se ponía rojo, algo que sobresalía en él. Miró como se cubría tratando de ocultar el cuerpo que había visto tantas veces, hasta incluso podía recordar los tres lunares de su muslo interior a la perfección.
Salió de ahí en cuanto lo vió asentir repetidas veces.

Hoy se comportaba extraño, pero él tampoco se salvaba. Se reprendía por su estupidez en la entrada, agradecía que no se notara cuando se sonroja pues tendría que agregarlo a sus estupideces junto con su escape para nada disimulado.

Quería saber que demonios le estaba sucediendo ante esas actitudes, pero luego de perderse en su mar de pensamientos, Argentina salió del baño con su cabello húmedo, pero el poca atención le prestó a su cabeza.
La ropa que le dió era suya y no era nada especial, un shorts y una camiseta, pero ¿por qué él lo hacía parecer tan malditamente lindo? Genial, ahora hacía quedar corta la palabra hermoso.

— ¿Que? ¿Me queda muy mal? —se río mostrando parte de su espalda, esa ropa le quedaba gigante, pero era muy cómoda. Agradecía que el shorts traía cordones para ajustar si no ahora estarían en el piso caídos.

— What? No no, you look great [¿Que? No no, te queda genial] — sonrió con gracia ante lo dicho, el estaba más que genial, tenía que considerar seriamente darle su ropa luego de quitársela.

— oye ¿tienes chocolate? — caminó hacia la cocina siendo seguido por el pelirrojo quién le indico en dónde estaba el chocolate. Abrió la heladera y saco la leche, para ponerla junto al chocolate y unas tazas.

Había visitado constantemente por tres meses esa casa, ya la conocía bastante como para saber dónde estaba lo básico. Mientras tarareaba una canción, vertió la leche en una olla para calentarla y puso curioso a Canadá.

—What are you doing? [¿Que haces?] — con la curiosidad escrita en todos su rostro, asomó su cabeza por detrás de él y escuchó la risilla por debajo de el albiceleste.

— te vi algo deprimido, así que ¿Que mejor para el bajón que algo dulce? — con una sonrisa, giró su rostro para verlo tras él. Canadá lo observaba fijó, con una expresión extraña difícil de discernir.

Talvez por instinto ambos se besaron, la verdad ni siquiera ellos lo sabían, pero ambos estaban seguros que lo querían y que a diferencia de sus anteriores besos en dónde se devoraban sobre el placer, este era una especie de muestra reconfortante de afecto.

Un afectuoso compañerismo mutuo, de entregarse todo tipo de cariño para sentirse bien con ellos mismos.




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