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— 12 semanas de gestación — comentó el doctor mientras observaba, con una leve mueca alegre, la pantalla de la máquina que manejaba

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— 12 semanas de gestación — comentó el doctor mientras observaba, con una leve mueca alegre, la pantalla de la máquina que manejaba. Argentina miraba embelesado juntó con él, añorando poder ver correctamente aquella pequeña vida dentro de él. Cuando la ecografía terminó, limpió su vientre para sentarse en la camilla dónde se encontraba, admitía que esto era deprimente, solo en su primera ecografía sin nadie con quien compartir su felicidad, porque sí, esto era su felicidad y a la vez su temor.

— debería de bajar las probabilidades de aborto espontáneo en esta etapa, sin embargo no debes dejar de venir todos los meses a controlarte. Recetare unos suplementos para tí —se sentó en su escritorio mientras aún hablaba y arrancaba una hoja del pequeño blog de notas a su lado, escribiendo en una ilegible letra su receta. Aunque Argentina aún parecía no poder llegar a poner los pies en la tierra, tomó la receta y observó las imágenes en su mano. Sintiendo una emoción, en su interior, mezclada entre miedo y entusiasmo.

Despidiéndose del doctor, salió de ese lugar hacía un lugar que el desconocía, solo moviendo su piernas sin saber que deparaba esa caminata a ciegas. Consternado, esperaba que no llegara el inminente momento de decirle a Canadá, porque no había que ser un genio para saber que era su hijo, incluso el tiempo coincidía.

Paró sus pasos, para observar su alrededor, sintiéndose algo familiarizado con el entorno de esos edificios. Tal vez, por la bonita cafetería frente a él, dónde paso parte de sus años estudiando y posterior. Con la nostalgia a flor de piel, entró y se sentó en la misma mesa que siempre había elegido, en el fondo a la izquierda. El lugar donde se podía observar todo y no ser visto.

Una mesera vino a tomar su orden, para luego de unos minutos traerselo y dejarlo en la mesa.
Como una obra del destino o la trama cliché de una escritora adolecente, en la mesa a su derecha se encontraba él, alguien a quien no había visto hace bastante tiempo y que deseaba que siguiera así. Luciendo su mismo aspecto dominante y elegante, los años le sumaban a su aspecto poderoso que muchas veces había admirado y quién sabe, también exitado.

Ambos estaban igual que la primera vez que se conocieron y se vieron de casualidad al igual que antes, pero está vez no era igual que antes, porqué ahora Argentina no era joven e ingenuo como antes. Ya no creía en las dulces palabras que salían de sus finos labios.

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— What are you doing here, again? [¿Que haces aquí, otra vez?] — cuestionó cansado, Canadá, viendo a Ucrania en el umbral de su puerta pidiendo para entrar, cosa que no quería porque sábia como terminaría eso.

— Давайте поговоримо про Канаду, я дуже хочу з вами полагодити ситуацію [hablemos Canadá, realmente quiero arreglar las cosas contigo] — suplicaba, llevando su manos a brazos ajeno, dejando sutiles caricias que distraían y bajaban la guardia de Canadá.

Molesto consigo mismo, observó como la figura de su ex, ingresaba a su casa después de que el se haya movido para dejarle entrar. Está vez hablarían correctamente, si por supuesto.

Por supuesto que no.

— Ах ~ Канада, о-так! [¡Ah!~ Canadá, oh- ¡Si!] — balbuceaba entre gemidos, mareado de placer y exitanción. Con sus piernas se aferraba a la cintura de Canadá, mientras el sostenía sus glúteos con fuerza y lo embestía contra la fria pared de su habitación.

Incapaz de soltar nada más que roncos gemidos gluturales, Canadá se irritaba ante los rasguños en su espalda y los exagerados gemidos ¿Porque no podía ser algo más silencioso? E inevitablemente pensó en los gemido reprimidos de soltaba Argentina y el como enterraba los dedos entre sus ondulados cabello, dándole suaves caricias a su cabeza.

Ellos podían parecerse en el cabello, en el color de sus ojos, e incluso en la forma de vestir, pero su cabello era más claro que el de Ucrania, sus ojos no eran tan fuertes como los de Ucrania eran de un verde claro y algo que no compartían era el lunar que adornaba el labio inferior de Argentina, un lugar donde estaba constantemente tentado a dejar besos.

Y sin saberlo acabó, pensando en Argentina y se preguntaba ¿Acaso siempre pensaría en otro?




Sin saber que no pensaba en otro, hacía tiempo que su mente y cuerpo está lleno de solo Argentina.

Collegato [ CanArg ]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora