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5. La trampa.

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11a.m.

Despierto sintiéndome mucho mejor. Por fin parece que recuperé todas las horas de sueño que tenía pendientes. Mi cuerpo aún está algo pesado, pero de esa forma agradable que solo dan un buen descanso y una cama cómoda. Me estiro sobre el colchón y suelto un suspiro. Entonces noto que sigo con la ropa de ayer. Me la quito sin pensarlo y me envuelvo en una toalla, ajustándola bien sobre mi pecho.

Recojo mi cabello en un moño desordenado, tomo mis cosas de aseo y salgo descalza al pasillo en busca del baño. El aire fresco de la mañana acaricia mi piel y, por un instante, todo parece tranquilo. Casi normal. Como si esta casa estuviera aislada del mundo y de todos los problemas que me persiguen. No veo a Connor por ninguna parte. Tal vez salió o está trabajando en algún lugar de la casa.

Al llegar al baño, estoy por abrir la puerta cuando el cepillo de dientes se me resbala de las manos y cae al suelo.

—Genial... — murmuro. Me agacho para recogerlo, pero entonces escucho el sonido del agua. Me quedo inmóvil por un segundo. Cuando vuelvo a levantarme, noto que la puerta está entreabierta y una nube de vapor se escapa hacia el pasillo.

Sin querer, miro por la rendija. Connor está bajo la ducha, de espaldas. Completamente desnudo. 

Mi mente se queda en blanco durante unos segundos. El vapor apenas alcanza a ocultarlo. El agua recorre sus hombros anchos, desciende por su espalda y desaparece más abajo. Levanta una mano para apartarse el cabello mojado del rostro, completamente ajeno a que estoy allí.

Debería apartar la vista. Debería. Pero no lo hago. Hay algo que me deja completamente quieta. Quizá porque es la primera vez que lo veo así. Quizás porque es la primera vez que veo a un hombre desnudo tan cerca de mí. Uno del que no me quiera alejar. 

¿Qué estás haciendo, Melanie? Es un agente. Solo está haciendo su trabajo. Esto es una misión, no una historia romántica. Deja de mirarlo.

Pero mi cuerpo parece ignorar cada orden que le doy. Al final cierro los ojos, doy media vuelta y regreso casi a toda prisa a mi habitación, sujetando la toalla con fuerza contra mi pecho mientras siento el corazón latiéndome demasiado rápido.

No fue nada. Solo fue un accidente. Él dejó la puerta abierta. Eso es todo.

Me paso una mano por la frente, intentando recuperar la calma. Cualquiera se habría quedado en shock después de ver algo así. ¿Verdad? Porque eso fue todo. Solo era un hombre. Nada más. Uno ridículamente atractivo, por desgracia.

—Dios, Melanie... —murmuro, dejando caer la cabeza entre las manos.

Cierro los ojos y respiro hondo varias veces. Necesito calmarme. Me obligo a pensar en cualquier otra cosa. Tomo la ropa limpia sobre la cama y espero unos minutos, convencida de que ya habrá terminado.

Abro la puerta de mi habitación con cuidado. Justo en ese momento, la puerta del baño también se abre. Connor sale secándose el cabello con una toalla pequeña. Lleva otra anudada a la cintura. El pecho aún está húmedo y pequeñas gotas de agua resbalan por su piel mientras avanza por el pasillo.

Mi corazón da un vuelco.

No. Otra vez no.

Bajo la mirada tan rápido que casi me mareo.

—Lo siento... — balbuceo sin saber por qué me estoy disculpando.

Intento pasar de largo, pero los nervios me juegan una mala pasada. Mi pie se enreda con el borde de la alfombra y termino chocando de frente contra él. Connor reacciona enseguida. Me sujeta por los brazos antes de que pueda caer.

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