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18. El vigilante.

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El despertador suena a las seis y media de la mañana, aunque llevo despierta desde mucho antes. Estoy de vuelta en mi apartamento. Anoche le pedí a Jack que me trajera y no puso ninguna objeción. 

Mientras el agua tibia de la ducha cae sobre mi cuerpo, intento despejar mi mente. Pero es imposible. Todavía siento el recuerdo de la noche anterior en mi piel, en mis labios, en cada rincón de mi cuerpo. Cierro los ojos un instante y dejo escapar un suspiro. 

Cuando salgo, me observo frente al espejo. Hoy tengo clases. Hoy tengo un examen. Hoy debo volver a ser Melanie Cross, la estudiante de diseño de moda que está a pocos meses de graduarse. No la mujer que pasó la noche entre los brazos de un hombre capaz de poner su mundo de cabeza.

Me visto con un conjunto sencillo, pero elegante: un pantalón de lino beige, una blusa blanca de cuello asimétrico y mi abrigo favorito, ese que siempre me hace sentir protegida. Me recojo el cabello en una cola baja, aplico un poco de maquillaje y salgo.

 Me recojo el cabello en una cola baja, aplico un poco de maquillaje y salgo

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La universidad está más agitada de lo normal. Hay estudiantes corriendo de un lado a otro con carpetas llenas de bocetos, otros cargan rollos de tela, maniquíes o muestras de color. Todos parecen tener la misma expresión: nervios mezclados con emoción. Y no es para menos. Estamos entrando en la recta final. Si todo sale bien, en menos de tres meses tendremos nuestro título.

Entro al salón abrazando mi carpeta negra contra el pecho. El ambiente está extrañamente silencioso. El profesor ya nos espera y sobre cada mesa hay una hoja con el logo de la facultad junto a una carpeta sellada.

—Tomen asiento. Hoy comenzamos la evaluación práctica. No será solo un examen, será el primer paso hacia el cierre de su carrera. Este proyecto representa el cuarenta por ciento de su calificación final. Si hacen un buen trabajo, defenderán su colección en el desfile de graduación. Si no... ya conocen las consecuencias.

Un nudo se forma en mi estómago. Respiro hondo y tomo asiento. Abro la carpeta despacio. La tarea es clara: diseñar una colección de cinco atuendos completos que tenga una misma identidad, una historia que contar y una propuesta diferente. En dos semanas deberemos entregar el portafolio técnico y si somos aprobados, confeccionar al menos dos de esas piezas para la presentación final.

Me quedo mirando la hoja durante unos segundos. Abro mi cuaderno de bocetos y comienzo a escribir ideas. Quiero crear una colección que hable de volver a empezar. De salir de la oscuridad para encontrar la luz. De cómo incluso las heridas pueden convertirse en algo hermoso.

"Cicatrices".

Escribo el nombre en la parte superior de la página y sonrío. Por primera vez en mucho tiempo siento que hay algo que depende únicamente de mí.

Las horas pasan entre telas, combinaciones de colores, referencias, moodboards y dibujos. Cuando finalmente termina la jornada, estoy agotada pero satisfecha. Salgo con una idea sólida y eso ya es un gran avance.

Different People ✔Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora