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24. Una nueva misión.

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Jack Connor.

El despertador vibra sobre la mesa de noche, pero ya llevo varios minutos despierto, sentado al borde de la cama de Melanie. Tengo el chaleco antibalas puesto y el arma asegurada a un costado. Todo está listo. Excepto yo. Miro hacia la cama. Ella sigue dormida, con el cabello desordenado sobre la almohada y la sábana enredada alrededor de su cuerpo. La luz de la mañana entra por las cortinas y por un segundo me dan ganas de olvidarme del mundo, quitarme todo y volver a acostarme a su lado. Pero hoy no puedo.

Me inclino y aparto un mechón de su rostro. Melanie se mueve un poco y abre los ojos despacio.

—Buenos días — murmura.

—Buenos días, baby.

La palabra se me escapa sin pensarlo. Me inclino y beso sus labios.

—¿Por qué estás vestido así?

Su voz todavía tiene sueño, aunque la preocupación ya está ahí.

—Tenemos una operación.

Melanie se sienta y se cubre con la sábana.

—¿Es por lo del ataque?

—En parte.

No quiero darle más información. Mientras menos sepa, mejor. 

—¿Es peligroso?

—Todo puede ser peligroso si sale mal.

—Eso no me tranquiliza.

Me mira en silencio mientras ajusto el chaleco. Puedo sentir las preguntas acumulándose en su cabeza.

—¿Quién va contigo?

La forma en que lo pregunta parece casual, pero no lo es.

—Adams.

Su expresión cambia apenas. Es un gesto pequeño, pero la conozco.

—Ah —dice, bajando la mirada— Entiendo.

No entiende nada. Adams le molesta y está haciendo un pésimo trabajo escondiéndolo.

—Melanie.

—¿Qué?

Levanta los ojos.

—No pasa nada.

Cruza los brazos sobre el pecho. La esquina de mi boca se levanta apenas. No debería gustarme verla así, pero una parte de mí no puede evitarlo. Aun así, no quiero que se haga ideas que no existen.

Me siento frente a ella.

—Laura y yo tenemos un pasado complicado.

—¿Complicado cómo?

La observo unos segundos. Sé que no va a soltarlo con facilidad.

—Hace años, Adams utilizó cosas que pasaron entre nosotros para conseguir el puesto que tiene ahora.

Melanie frunce el ceño.

—¿Te utilizó?

—Sí.

—¿Y tú permitiste que lo hiciera?

—Cometí errores.

—¿Qué clase de errores?

Bajo la mirada un momento y después vuelvo a ella.

—La herí. Le mentí. 

Su expresión cambia otra vez. Ya no son solo celos, ahora también hay curiosidad y algo de desconfianza.

Different People ✔Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora