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Pasaron dos días desde que Sakura llegó a la madriguera. Ahora lo único que le preocupaba era que no podría ayudar a Harry si en verdad lo necesitaba, se miró la muñeca, el listón rojo con dorado que compartía con él, sabia que se encontraba bien, pero cada tanto tenia esos chasquidos de chakra que le informaban que Harry estaba teniendo algún problema.

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Después de dos noches de poco sueño, los sentidos de Harry parecían más alerta de lo normal. Su escapada
del Valle de Godric había sido por tan poco que Voldemort parecía de algún modo más cercano que antes, más amenazador. Cuando la oscuridad cayó otra vez Harry rehusó el ofrecimiento de Hermione de quedarse vigilando y le dijo que se fuera a la cama. Harry llevó un viejo cojín a la entrada de la tienda y se sentó, llevaba puestos todos los jerseys que poseía e incluso así todavía temblaba. La oscuridad se acentuó con el paso de las horas hasta que resultó virtualmente impenetrable.

Cada diminuto movimiento parecía magnificado por la inmensidad del bosque. Harry sabía que debía de haber criaturas vivas, pero deseaba que todas permanecieran inmóviles y en silencio para poder separar sus inocentes roces y murmullos de los ruido que podrían proclamar otros movimientos siniestros.

La noche alcanzó tal profundidad de aterciopelada negrura que podría haber estado suspendido en el limbo entre la Desaparición y la Aparición. Acababa de levantar una mano ante su cara para ver si podía distinguir sus dedos cuando ocurrió.
Una brillante luz plateada justo delante de él, moviéndose entre los árboles.

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Esa noche Sakura estaba acostada con George apesar de que había podido conseguir dormir las dos noches seguidas, esa tercera noche no pudo, se sentía inquieta, se levantó despacio sin despertar al gemelo, y caminó hasta la ventana, el paisaje oscuro con blanco le traía paz.

Parece que alguien no puede dormir...

— Honey... duerme, mañana tienes que trabajar

Solo si mi prometida, viene y me da  un beso y trata de volver a dormir — Sakura sonrio, nuevamente miro por la ventana, casi era luna llena... su mente viajo rápidamente a Lupin. Se acercó a Fred y lo besó

Descansa Honey

— Tu igual, cariño

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Y entonces la fuente de luz salió de detrás de un roble. Una cierva plateada, brillante a la luz de la luna y deslumbrante, abriéndose paso por el terreno, todavía silenciosa y sin dejar pisadas en la fina nieve en polvo.
Se acercó a él, su hermosa cabeza de ojos grandes y largos se mantenía en alto.

Harry miraba fijamente a la criatura, lleno de maravilla, no por su extrañeza, sino porque sentía una inexplicable familiaridad. Se sentía como si hubiera estado esperando su llegada, pero había olvidado, hasta ese momento, que tenían una cita. Su impulso de llamar a Hermione, que había parecido tan fuerte momentos antes, había desaparecido. Sabía, se habría jugado la vida, que ella había venido por él, y sólo por él. Se miraron el uno al otro durante largos momentos y entonces la cierva se giró y se alejó.

Durante un tembloroso segundo
vaciló. La cautela le murmurba que podía ser un truco, un cebo, una trampa. Pero el instinto, el abrumador instinto, le decía que esto no era Magia Oscura.

Comenzó la persecución.

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Aún era de noche y Sakura no lograba conciliar el sueño, se levantó nuevamente y buscó entre sus cosas que habían vuelto una vez más a la habitación que compartía con los gemelos.

Magic School2☆Donde viven las historias. Descúbrelo ahora